•  |
  •  |

A Jonathan Josué, de nueve años, el cura Marlon Pupiro lo bautizó a pedido de su madre, quien le tenía gran cariño. A Senelia Bendaña la aconsejó cuando tuvo problemas. Para Catalina Pérez, de 80 años, el sacerdote fue “como un padre”.

Jonathan, Senelia, Catalina y unas 120 personas más marcharon ayer en Sabana Grande para exigir justicia y el esclarecimiento en la muerte del padre Marlon Pupiro García, quien fue asesinado hace 11 días.

La marcha fue convocada por la iglesia y por los feligreses organizados para solicitar que se disipen las dudas que rodean la muerte del cura. “Están dando a entender que el padre vivió con el mesero, que era bebedor, que fumaba, pero jamás agarró lo que era un cigarro, nunca lo vimos tomando”, expresó una joven miembro del Grupo San José Obrero, que fundó Pupiro cuando fue párroco de esa comunidad.

Según el testimonio del imputado por la muerte del padre, Yazker Blandón Tórrez, el cura llegó al centro recreativo La Borgoña a las 3:00 am del 20 de agosto. Solicitó cervezas, y Blandón Tórrez, quien era mesero del restaurante, le echó somníferos a la bebida, luego lo golpeó en la cabeza con una llave de acero para después estrangularlo y robar sus pertenencias.

Pupiro llegó a Sabana Grande cuando era diácono. Estuvo durante siete años al frente de esa parroquia, y tras múltiples rifas y actividades, consiguió los fondos para construir la iglesia. El costo total fue de casi 1 millón 300 mil córdobas.

Ramón Avilés, un cercano al cura, y quien almorzó con él un día antes de que fuese asesinado, aseguró que están organizándose para construir una estatua de Pupiro en las afueras de la iglesia y para terminar el campanario, como era el sueño del sacerdote.