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Primera entrega

“Rosita”, la niña violada que abortó a los nueve años y que provocó un escándalo en Nicaragua y Costa Rica, ha sido abusada por su padrastro. EL NUEVO DIARIO revela hoy que sus agresor siempre estuvo en casa y supuestamente su madre lo consintió, al extremo que la víctima ahora vive oculta en un albergue, junto a su hija, una niña que su padrastro le engendró y que tiene 19 meses de edad.
La verdadera vida de “Rosita” era hasta hoy el secreto mejor guardado de la Red de Mujeres Contra la Violencia, y fue la misma niña, quien ahora tiene 14 años, la que se encargó de desencadenar una serie de acontecimientos que llevaron a END a descubrir lo que le está pasando. En estos momentos, el paradero de “Rosita” y de su hija es información privilegiada de la organización feminista.

La Red de Mujeres afirma que los exámenes sicológicos practicados en la niña durante el primer abuso denunciado hace cuatro años, descartaron que haya sido su padrastro. “Ahora pudo haber engaño, antes no y eso lo podemos garantizar”, responde Jamileth Mejía, vocera del organismo, pero no es una versión muy convincente.
La “Rosita” que el mundo conoció
“Rosita” dejó el anonimato a comienzos de 2003, cuando se convirtió en una de las pocas niñas que en el planeta quedan embarazadas a los nueve años de edad. La versión de la época cuenta que el embarazo era producto de supuestos abusos cometidos por un vecino, y la búsqueda de un castigo ejemplar para el pedófilo hasta llegó a ser un asunto de Estado entre Nicaragua y Costa Rica.
A nivel local, la historia de la niña se convirtió en bandera de los sectores que apoyan la existencia legal del aborto terapéutico, derogado en septiembre pasado en medio de un proceso electoral, y levantando una ola de indignación entre las mujeres organizadas.
“Rosita” incluso trascendió las fronteras. Países europeos dedicaron sendos murales para exponer la lucha contra el abuso sexual a menores, se hicieron documentales, se escribieron libros y ensayos, y en todos, alrededor del mundo, aparecieron sus padres apoyados por los organismos feministas pidiendo justicia para la menor a la que un desalmado extranjero le robó la niñez. La historia culminó con un aborto practicado en febrero de 2003. Se dijo un mes después, que la niña había vuelto a sus muñecas y que era feliz de nuevo.
“Lo que está pasando ahora es trágico, es una historia con un final que nadie esperaba y que pocos creemos”, dice Marta María Blandón, también de la Red de Mujeres, y quien acompañó a la familia de “Rosita” en la búsqueda del aborto terapéutico que según las activistas le salvó la vida.
Un caso, detrás, un escándalo
La verdadera historia de “Rosita” es manejada con reservas y ha sido investigada por la Comisaría de la Mujer del departamento de Masaya, bajo el total control de organismo filial de la Red de Mujeres en esa ciudad. “Sólo cumplimos lo que la ley nos exige, como ocurre en estos casos en que hay menores involucradas”, dice la subcomisionada Paola Vázquez, vocera de la Policía de Masaya, justificando la poca información que su dependencia puede hacer pública.
Los detalles del caso se encuentran recogidos en el expediente 26-03 de la Comisaría de la Mujer de Masaya, y según conocimos fue puesto a la orden de la Fiscalía departamental el 1 de agosto pasado. La Fiscalía, sin embargo, no logró elevar el caso a un judicial porque la acusación que presentó contenía defectos de forma, lo que, según dijeron, corregirían en uno o dos días más.
Del expediente se desprende que una madre denuncia “a su compañero de vida porque ha descubierto que abusa a su hija menor de 14 años desde hace no menos tres años”. Agrega que está segura, “que una niña de 19 meses, es producto del abuso, y que bajo su techo se ha cometido el incesto”. En Masaya, donde historias como éstas saturan cada día los archivadores de la Comisaría de la Mujer, la denuncia sería una más, de no ser por sus protagonistas.
Aunque las autoridades a cargo de la investigación dicen desconocerlo, admiten que miembros del organismo feminista han pedido manejar el caso con cautela. La razón es ésta: son los mismos del caso “Rosita” de hace tres años, con matices que al final de nuestra investigación dejan un sabor amargo.
¿“Rosita” ya no más para su madre?
La historia continuaría “soterrada” en una humilde vivienda de Las Flores, Masaya, donde la familia habita desde hace dos años, de no ser porque hace dos semanas y media, la madre de “Rosita” la desconoció y miró en ella a una mujer que competía con ella por la relación con su compañero de vida, Francisco Leonardo Fletes Sánchez.
Los vecinos dijeron escuchar por esos mismos días gritos entre la madre y la hija. Aquella fue la última vez que las vieron y oyeron en la vivienda. La primera en desaparecer fue “Rosita” con la niña, y un día después, la madre. “Es la fecha y el muchacho no explica dónde están”, dicen los que se atreven a comentar el tema.
La versión de que allá vivía una menor que dio a luz a un bebé engendrado por su propio “padre”, es un secreto a voces en el caserío, confirmamos durante las varias visitas que hicimos a la vivienda en esta semana.
No obstante, miembros de la Red de Mujeres consultadas ayer en su sede de la capital, niegan que todo se haya originado de esa forma. Según dijeron fue la misma “Rosita” quien confesó a su madre el abuso. En la versión de ellos no hubo tales “choques”.
“Fue una confesión voluntaria, imaginamos que aquello era insoportable, pero nunca hubo maltrato de parte de la mamá”, dice Jamileth Mejía, vocera del organismo.
Otro niño en la historia
END comprobó que “Rosita” buscó refugio en el albergue “Acción Ya”, de Masaya, entre el 28 y el 29 de julio pasado. Para justificar su ingreso, acusó a su madre de maltrato. Los sicólogos del centro detectaron que además, la menor era víctima de abuso sexual, y que la niña con la que huía era producto de una relación incestuosa. Importante es aclarar aquí que para efectos de la investigación, las autoridades asumen que aunque Fletes no es su padre biológico, “Rosita” sí es su hija legal.
“Acción Ya” remitió entonces el caso a la Comisaría de la Mujer, sin contar conque madre e hija se encontrarían de nuevo en las páginas del expediente 26-03, redactado el día 31 de julio. Ese día, doña María de los Santos Esquivel Reyes denunció ante esa oficina a las 10:15 de la mañana, que su marido abusaba a “Rosita”. “El abuso es viejo, pero es hasta hace poco que me doy cuenta, porque ella misma me lo confiesa en una discusión y me habla de que la niña es de él”, dice una parte de la denuncia a la que tuvimos acceso.
El perito que la recibió cuestionó la demora de la denuncia, pues la víctima hasta madre es ya de una bebé. Doña María le respondió que antes “Rosita” se la acuñó a “otros muchachos, incluso de su misma edad”, de entre 13 y 14 años. Aunque nunca, sin certeza, se creyó que un compañero de clases llamado “Oscar” fue el responsable del embarazo. Miembros de la Red de Mujeres llegaron a admitir esa versión. “Es que no teníamos por qué desconfiar de ellos, eran sus padres”, dice Mejía.
Tres horas y 25 minutos más tarde de ese mismo día en que la madre puso la denuncia, Fletes Sánchez fue detenido y llevado a la delegación policial para rendir declaración sobre el caso. Por supuesto negó todo, y redujo el conflicto a rencillas personales entre su señora y su hijastra, a las que “él se encontraba ajeno”. Todavía ante END mantiene que sólo es la víctima de un conflicto entre “Rosita” y su madre. “Son celos de ellas, no tengo culpa en nada”, nos dijo.
Agresor intenta despistar
El 2 de agosto, Fletes Sánchez fue puesto en libertad por vencimiento de término, pues el juez de audiencias encontró fallas de forma en la acusación que presentó la Fiscalía Departamental. “Estamos corrigiéndolo, sólo es una cuestión de interpretación entre el juez y nosotros”, dijo el fiscal auxiliar Medardo Trejos, cuando le consultamos al respecto el pasado martes.
A Fletes Sánchez lo buscamos en su casa la tarde de ese mismo día. La única referencia que teníamos de él era su nombre y una fotografía de archivo en los tiempos en que se le vio acompañando el periplo de la niña embarazada. Primero negó que él fuera la persona buscada. Se identificó como un amigo de la familia, con Pedro como nombre, y que se encontraba cuidando la vivienda por encargo “de la señora de la casa”.
Fletes no es el mismo de hace cuatro años. Usa el pelo corto, va sin bigotes y tiene algunas libras de más. Se le ve un poco más joven y alejado del estilo rural con el que se le conoció públicamente. El poco tiempo que duró la primera charla en persona, fue suficiente para que nuestro reportero gráfico, Óscar Cantarero, comprobara que se trataba de la misma persona, con una gráfica de archivo tomada durante el primer acontecimiento.
“El señor no está ahora, pero puede decirme para qué lo busca y se lo hago saber cuando venga hoy a las 7:00 de la noche”, fue lo primero que dijo. Aunque se declaró como alguien de confianza en la casa, dijo desconocer el paradero de la madre, de “Rosita” y de su hija.
Desparece y llama: “Estoy absuelto”
El supuesto Pedro dijo también desconocer el nombre de las menores y dónde las podríamos encontrar, se negó incluso a que lo aguardáramos dentro de la vivienda. Varias respuestas vacilantes sobre su relación con las desaparecidas mujeres de la casa y su evidente nerviosismo, fueron suficientes para detectar que mintió todo el tiempo.
Tampoco se declaró informado de que sobre “su amigo” (Fletes Sánchez) pesaba una grave acusación. En una segunda visita, el hombre desapareció como por arte de magia.
No fue sino hasta pasadas las siete de la noche del martes, que el hombre llamó. Esta vez uso su nombre verdadero, y dijo que respondería nuestras preguntas.

 ¿Sabe que lo buscan por abuso contra una niña?

Salí de esa acusación el jueves pasado (02 de agosto). Me han absuelto, señor.

La acusación fue desestimada, pero volverán a introducirla. ¿Usted responderá a ella?

Pues estoy aquí, no he huido.

 Hablemos de la niña abusada, ¿es algo suyo, es su familiar?

Le dije que estoy absuelto, me absolvieron.

Esa niña fue famosa hace unos tres años, ¿Recuerda? La llamaron “Rosa”…

Podemos hablar de lo que quiera, pero yo pongo mis condiciones.

¿Cuáles son sus condiciones?

Sin gente, sin fotógrafos, sólo usted y yo.

Déme dirección y hora…

No, yo lo llamo. Punto.

Tras esa conversación de 82 palabras, Fletes colgó el auricular.