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Para el vicepresidente Jaime Morales Carazo, los cuestionamientos públicos a la versión oficial sobre las circunstancias y móvil del asesinato del sacerdote Marlon Pupiro García, podrían esconder intereses bajos y alejados de la necesidad de aplicación de la justicia.

“Unos quisieran ver manos pachonas, otros quisieran ver mano negra, otros quisieran ver sicariato… en fin, hay una enorme cantidad de matices rojos y dramáticos que pudieran esconderse detrás de cualquier crimen de esta naturaleza, con propósitos no necesariamente para dilucidar la verdad y que se haga justicia, sino que para empañar los entornos”, opinó Morales Carazo.

En tanto, organismos de derechos humanos consideraron imperativo que las autoridades oficialmente aclaren y dejen fuera de toda duda las razones del asesinato del sacerdote, dado que las inconsistencias han creado incertidumbre, incluso divergencias en los círculos de la Iglesia Católica.

Gonzalo Carrión, Director del Área Jurídica del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Cenidh, estableció que no se trata de satisfacer la morbosidad de nadie, sino de esclarecer cómo murió Pupiro, hacer públicos los hechos y la verdad, sea cual fuere.

Morales Carazo coincidió con Carrión, en declaraciones separadas, que será mejor esperar a que las averiguaciones concluyan y esclarezcan los hechos. No obstante, en el seno de la misma Iglesia Católica son públicas las contradicciones entre quienes ven turbias las versiones dadas hasta ahora por las autoridades. Para Morales, todo lo surgido son meras especulaciones.

 

Lagunas y dudas
“Es cierto que algunas explicaciones no son totalmente lo deseable, dejan algunas lagunas, algunas interpretaciones dudosas”, valoró Morales Carazo, reiterando que se debe esperar porque no todos los elementos pueden ser hechos públicos por las autoridades, ya que entorpecería el proceso.

El vicepresidente remarcó que esas que calificó como “lagunas”, en la versión oficial de cómo ocurrió el crimen del sacerdote del municipio La Concepción, han sido vistas como oportunidad para aquellos que “quisieran atribuirle ya móviles específicos, malintencionados, para llevar agua a sus molinos”.

Manifestó su deseo de  que la investigación sea clara, precisa y transparente, y que arroje la verdad, sea lo que fuere, porque “a veces la verdad hiere”, precisó.
El vicemandatario descartó, además, la posibilidad de que el manejo de la información pública del caso responda a alguna conveniencia de la Iglesia porque esa institución de fe “es hija de la verdad”.

Carrión señaló muchas contradicciones entre los informes oficiales presentados, pues “a la historia le faltan elementos de lógica”. Aunque dijo que la Policía dio un buen golpe de imagen en cuanto a la rapidez con que actuó, la falta de claridad dejó en duda si la exposición de los hechos fue realmente así.

Para Carrión, las declaraciones de monseñor Bismark Carballo, párroco de la Iglesia Espíritu Santo, quien en los años 80 fue víctima de confabulaciones, ahora está por no contradecir a las autoridades.

Marcos Carmona, Director de la Comisión Permanente de Derechos Humanos, CPDH, dijo que no pretende hacer más especulaciones, y recomienda a las autoridades policiales ser más  congruentes.

“Esperamos que no haya nada detrás de este caso y que se haga justicia”, exigió Carmona, mencionando que es lamentable que en la Iglesia no haya unidad al respecto.