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Mientras el Fiscal General de la República, Julio Centeno Gómez, no descartaba ayer solicitar una ampliación de las investigaciones del expediente de la muerte del sacerdote Marlon Ernesto Pupiro, el propietario del centro recreativo La Borgoña, Aníbal Ballesteros, afirmaba que la única explicación que encuentra a la actuación del mesero Yazker Blandón es que “se le metió el demonio”.

Ballesteros, quien no había dado la cara a la opinión pública desde que se conocieron los hechos, brindó declaraciones a EL NUEVO DIARIO y a otros medios, en las que confirmó que estuvo en la Dirección de Auxilio Judicial de la Policía, DAJ, pero en calidad de “colaborador”.

Centeno, en tanto, aseveró: “Nosotros, dentro de lo que nos pasó la Policía, encontramos elementos suficientes para acusar, y acusamos, pero han salido tantas inquietudes de la ciudadanía a través de ustedes, que es posible que se considere en un momento, después que se evalúe nuevamente por el Ministerio Público, si esas inquietudes tienen alguna base sólida para poder ordenar a la Policía una investigación”.

Centeno expresó desconocer la detención de Ballesteros, y dijo que la Policía no les ha dado a conocer nuevos elementos del crimen.

“La acusación ya fue bien calificada por el juez, y desde luego le dio curso es porque encontró mérito para acusar a la persona que aparece señalada, es decir, nosotros tenemos suficientes elementos probatorios para llevar al final la causa contra el presunto criminal”, dijo Centeno.

Pero el fiscal no detalló en qué consisten esas pruebas, mientras una fuente de dicha investigación indicó a EL NUEVO DIARIO que existen ciertas debilidades como: la no ocupación del arma homicida, la llave “crescent”.

En el caso existen varias interrogantes surgidas de las primeras indagaciones y versiones policiales, que contrastan enormemente unas con las otras, y a ellas se suma lo que la esposa de Yazker dijo a END: que su marido no pudo haber actuado solo, pues padece de una hernia en la columna, que le hubiese impedido levantar en peso al párroco asesinado.

Sin embargo, las fuentes policiales aseveraron que la fortaleza de la investigación se basa, precisamente, en los múltiples testigos que vieron al detenido conduciendo la camioneta, durante el periplo que realizó, según la acusación, con el único objetivo de robarle a Pupiro.

 Habla Ballesteros
El dueño de La Borgoña dijo a END y a otros medios de comunicación que estuvo “colaborando” con las autoridades policiales, por lo que en diversas ocasiones fue a la DAJ durante siete días, sin embargo, esto contradice lo que afirmó este miércoles su hijo, Frank Ballesteros, quien se quejó porque los uniformados habían detenido a su padre desde el pasado jueves 25 de agosto, y no daban una explicación de dicha acción.

Ballesteros asegura que no estuvo en calidad de sospechoso por el crimen, y que está de acuerdo con la información oficial que ha brindado la Policía, pero también aceptó que estuvo durmiendo varios días en las oficinas de la DAJ, lo cual no ocurre cotidianamente.

“Para mí que a ese hombre, Yazker, se le metió el demonio, y, desgraciadamente, contra un padre muy querido por todos nosotros”, aseveró Ballesteros.
Aseguró que el párroco Pupiro era su amigo, y que en ocasiones pasaba por La Borgoña y se tomaba algún refresco, por lo que no descarta que en algún momento Yazker tuvo que haberlo atendido.

“Al padre se le sirvió una cerveza, llegó como cualquier cliente, se sentó y pidió una cerveza en la madrugada. El padre llegó solo, que es la versión que tengo de los empleados… para mí que el móvil de este asesinato fue el robo, lo que el hombre quería era dinero, y, sencillamente, lo miró fácil allí con la camioneta del sacerdote”, consideró.

Relato de la estadía de Pupiro
END entrevistó a un trabajador de La Borgoña que estuvo el día del hecho, pero que solicitó el anonimato por razones obvias.

Relató que el padre llegó por su cuenta al lugar donde también llegaban otros reconocidos religiosos, de los cuales prefirió reservarse los nombres. Se sentó, tomó tres cervezas y pidió un paquete de cigarros. Fue atendido por Yazker, y fue el propio sacerdote quien salió, ya mareado, caminando hacia su camioneta a la que ingresó, y se quedó dormido.

“En el lugar estaban el mesero, el cajero y un cocinero, no había vigilante. Después de un rato observamos que no estaba Yazker y tampoco la camioneta del padre, pero de lo que estamos seguros es que el asesinato no ocurrió en La Borgoña. Siempre supe que Yazker tenía una afición a manejar vehículos, pero nunca lo vimos o supimos que haya robado a algún cliente”, dijo la fuente.      

Ballesteros confirmó lo anterior, ya que dijo que el sacerdote salió con vida de La Borgoña, pero que este sólo había tomado una cerveza. Agregó que observaban que Yazker se comportaba como una persona normal, y que incluso había clientes que preferían su atención como mesero.
El supuesto criminal no era tan normal, ya que según los resultados de un examen psicológico que le practicaron en el Instituto de Medicina Legal, este presenta problemas psicosociales y falta de adaptación, por lo que debe recibir atención especializada.   

Una fuente médica indicó que el cuerpo del sacerdote sin vida llegó a pesar 250 libras, por lo que resulta increíble creer que solo una persona lo haya cargado y trasladado a diversos lugares.