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Gilberto Artola Delgadillo fue ejecutado de dos disparos en la cabeza mientras estaba arrodillado con las manos atadas hacia atrás, según el relato ofrecido a EL NUEVO DIARIO por familiares de la víctima, sepultada ayer en el cementerio municipal de Muelle de los Bueyes. Mientras tanto, el subcomisionado Edgardo Coronado, jefe de la Policía en Nueva Guinea, continuó guardando silencio sobre el avance de las investigaciones del crimen.

“Sólo en Relaciones Públicas en Managua están autorizados para hablar sobre el tema”, afirmó Coronado, quien restó importancia a vecinos de las víctimas, que afirmaron que no tienen confianza alguna en que la Policía de Nueva Guinea encuentre a los asesinos de los esposos Artola Delgadillo.

Lo buscaban

La muerte de Artola Delgadillo ocurrió entre las 07:00 y las 7:30 a.m. del pasado lunes, cuando la víctima se encontraba en los corrales de la hacienda de su propiedad, “El Diamante”, en la comunidad Buena Vista, comarca “Jacinto Baca”.

Dos hombres armados con fusiles AK, vestidos con uniformes “pintos”, llegaron hasta donde estaba Artola Delgadillo en compañía de Gregorio Artola Artola, de 16 años; Bismarck Reyes, de 22, y un vecino que sólo fue identificado como Blas. Los sujetos inmediatamente los intimidaron y les dijeron que se trataba de un asalto y que a quien se moviera lo matarían.

“A todos nos dijeron que nos tiráramos al suelo boca abajo, pero uno de ellos se fue directo hasta él y lo registró”, relató Reyes, a quien uno de los armados le exigió que con el mecate que amarraba a la vaca, atara hacia atrás las manos de Artola Delgadillo.

“Me obligaron a que lo maniatara, yo no quería hacerlo y lo amarré flojo, pero me dijeron que lo socara fuerte o de lo contrario me mataban”, relató Reyes, trabajador de la hacienda “El Diamante”.

A Gregorio, nieto de Artola, lo obligaron a levantarlo del suelo, y luego a empujones lo hicieron que caminara hacia la casa-hacienda, donde se encontraban la hija y una nieta de la víctima. “Nos ordenaron que siguiéramos ordeñando, y que si íbamos a la “Jacinto Baca” a informar lo que estaba pasando nos mataban”, relató Reyes.

¿Robo para despistar?

A empujones, uno de los armados abrió la puerta de la casa-hacienda y obligaron a Artola a ingresar a la misma, mientras gritaban dirigiéndose a las dos mujeres para que dijeran dónde estaban el dinero y las joyas. “Yo les dije que no teníamos nada de dinero, pero ellos nos amenazaron”, relató una de las hijas de la víctima.

Mientras uno de los armados intimidaba con el fusil AK a las mujeres, el otro hombre golpeaba con la cacha del fusil a Artola Delgadillo. “Con la cacha del fusil rompieron un cofre donde estaba el dinero y una pistola y se la llevaron”, relató la hija menor de don Gilberto.

Pidió agua y lo ejecutaron

“Quiero agua, denme agua, por favor”, clamó la víctima, mientras pedía que no le hicieran nada a las mujeres, pero uno de los armados le gritó que no era necesario que tomara agua. “Para que querés agua, hijo de…, si ya te la vamos a dar afuera”, le gritó, exigiéndole que saliera al potrero.

Cuando habían recorrido unos 100 metros fuera de la casa, se escucharon cuatro disparos. “Ya lo mataron, me dije, me levanté y fui a ver, mi papa ya estaba muerto con dos balazos en la cabeza que entraron en el lado izquierdo.

“Cuando escuché los disparos, corrí hacia la casa, una hija de mi patrón gritó que lo habían matado, entonces le soltó las manos y yo lo cargué para meterlo a la casa”, relató Bismarck Reyes.

Una de las personas que se encontraba en la hacienda, contó que a don Gilberto lo mataron cuando estaba de rodillas. “Su cuerpo quedó de ladito, quedó doblado”, para el vecino, eso significa que los hombres primero lo obligaron a que se pusiera de rodillas y luego le hicieron los dos disparos en la cabeza.

Para confundir

Para Olga Artola Delgadillo, hija de la víctima, los que mataron a su papá querían dar la imagen de que se trataba de un robo, “pero la verdad es que lo buscaban para matarlo, si no fuera así, ¿por qué se ensañaron tanto en él?”, preguntó.

Pero, además, está segura que son los mismos que mataron a su mamá, Villanueva Delgadillo Obando, el 20 de marzo pasado cuando se disponía ir a Nueva Guinea al juicio que le harían a dos de sus hijos.

 “La persona que quiere robar se lleva las cosas y nada más, pero éstos lo matan sólo a él cuando en la casa había cinco personas”, explica Olga Artola.

Desconfianza

Denis Báez, delegado del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos en Juigalpa, asegura que lo más preocupante es que la población no quiere denunciar los hechos a la Policía porque ya le perdieron credibilidad. “No aclararon el crimen de doña Villanueva, levantaron la sanción a la policía Lidia Bermúdez, responsable de las torturas, y luego matan a don Gilberto…, ya no creen en la misma Policía que no resolvió los casos”, señaló.

El subcomisionado Edgardo Coronado, jefe de la Policía de Nueva Guinea, desestimó las declaraciones de Báez y de algunos vecinos de la comarca Buena Vista, “estamos trabajando, lo que pasa es que hay dificultades. Es una apreciación personal”, señaló.