•   Guatemala, ACAN-EFE  |
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El Juzgado Quinto de Primera Instancia Penal de Guatemala fijó ayer las fechas del 9 y 13 de septiembre para que den su declaración dos testigos del asesinato del trovador argentino Facundo Cabral, perpetrado en este país el pasado 9 de julio.

El titular de ese Juzgado, Marco Antonio Villeda, dijo a periodistas que el próximo día 9 dará su declaración el empresario y promotor nicaragüense Henry Fariñas.

Por medidas de seguridad, la declaración de Fariñas, quien trasladaba en su vehículo a Cabral hacia el aeropuerto cuando sufrió el ataque a tiros, será por medio de videoconferencia, explicó.

El empresario nicaragüense, contra quien iba dirigido el atentado, según las autoridades guatemaltecas, resultó gravemente herido en el hecho en el que falleció el trovador argentino.

Villeda agregó que para el próximo 13 de septiembre se ha programado la declaración de un testigo protegido, al que no identificó por razones de seguridad, también por videoconferencia y a puerta cerrada, para evitar fuga de información.

Chofer testigo
El testigo sería el chofer de Elkin Hernández Vargas, quien según las investigaciones, fue el que contrató a los sicarios para atentar contra Fariñas.

Las primeras declaraciones dadas por ese testigo, quien conducía uno de los vehículos al momento del ataque, permitió la captura de Hernández, Wilfred Allan Stokes Arnold y Juan Hernández Sánchez, todos guatemaltecos.

Villeda comentó que el chofer de Hernández, que se presentó de forma voluntaria dos días después del asesinato de Cabral a la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH), que lo entregó a la Fiscalía, se ha convertido en un colaborador de las autoridades, y que por ello no habrá ninguna persecución penal en su contra.

El supuesto autor intelectual del homicidio del cantautor argentino ha sido identificado como el costarricense Alejandro Jiménez, alias “El Palidejo”, quien se dedica al lavado de dinero del narcotráfico en su país, según fuentes oficiales de Costa Rica.

Jiménez, quien no ha sido capturado, habría ordenado el asesinato de Fariñas como una venganza por una supuesta disputa interna en el grupo criminal, integrado por al menos unas 20 personas.