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El día para Genoveva Ruiz inició a las siete de la mañana con el timbre de tres teléfonos sonando al mismo tiempo. Un hombre preguntaba la hora. Otro le dijo una obscenidad, el siguiente hizo sonidos extraños. Diez minutos después: ¿Aló? ¿Cruz Roja? ¡Emergencia! Un niño atropellado por el “Gancho de Caminos” en el Mercado Oriental.

El oficio de Genoveva parece ser un poco ingrato. En sus turnos de 24 horas le acompañan seis teléfonos, un radio y un televisor antiguo, muchas llamadas de gente desocupada y avisos de emergencias que no siempre son reales.

La Cruz Roja recibe a diario más de 200 llamadas. Casi la mitad son falsas emergencias y de esa mitad, más del 80% son de personas que llaman para decir vulgaridades.

Erving Chévez, Director de Operaciones de esta institución, acaba de entrar a la oficina de Genoveva. “Contéstele a ese”, le indica ella. “Dale pues, pasátela metiendo”, responde él con desdén al que acaba de llamar.

La planta de teléfono no ha dejado de sonar durante 15 minutos. Quien llama es el mismo hombre vulgar, así que Genoveva deja que el teléfono repique.

Según Chévez, la Cruz Roja, la Policía Nacional y los Bomberos entregaron un listado de números a Telcor para que se le llamara la atención a esa gente que obstruye el buen desempeño de estas instituciones de socorro, y aunque se ha avanzado, el problema no está del todo resuelto.

 

Sobre la 19

“¡Un niño atropellado!”. Para viajar como turista en una ambulancia solo es necesario haberse subido alguna vez en un interlocal. Hay que dejar los nervios en la casa y acostumbrarse a ese sonido de la sirena que Antonio Martínez, 51 años, quien tiene 20 años como conductor en la Cruz Roja, cambia cada cierto tiempo.

Hay tres tipos de sonidos y deben ser intercalados para que ninguno se funda.
Yáder Salazar, 35 años, es el técnico en emergencias médicas que acompaña a Martínez. La ambulancia se acerca al “Gancho de Caminos”, pero nada parece haber perturbado el trajín diario del mercado. No hay gente en la calle rodeando a ningún niño atropellado. Yader pregunta por la supuesta emergencia y el único accidentado hace 15 minutos fue un carretonero descamisado que fue golpeado por un bus. No tiene nada grave, solo unos rasponcitos que rápidamente son curados.

La ambulancia regresa al puesto de mando sin hacer tanta bulla. Por cada kilómetro recorrido gastó 5 dólares, según los cálculos de las autoridades de esta institución. Este costo incluye la depreciación del vehículo, combustible, salarios, mantenimiento de los equipos y material de reposición.

El Benemérito Cuerpo de Bomberos de Managua también calcula en 5 dólares el kilómetro recorrido, mientras que la Dirección General de Bomberos hace este cálculo por hora y según estos, cuesta 22 dólares.

El servicio gratuito de estas tres instituciones contrasta con los servicios en los hospitales privados. El Hospital Cruz Azul cobra 25 dólares por el servicio de ambulancia, cuando el traslado es en el perímetro de Managua. El hospital Central Managua, 33 dólares y si el paciente vive en Tipitapa o Ciudad Sandino, la cifra se eleva a 60 dólares.

El costo del hospital Monte España es de 40 dólares, el del Vivian Pellas 55 dólares y el del Hospital Militar 497 córdobas, pero este último no ofrece el servicio de ir a traer al enfermo, solo de trasladarlo del hospital hacia su casa.

 

¡Otra emergencia!
Una llovizna necia cae sobre Managua. Hay un accidente de los Semáforos de Enel 200 metros al norte. Un Yaris azul se desbarató tras impactar contra una Galloper. No hay lesionados de gravedad. El conductor del Yaris puede tener una fractura en su brazo derecho y el conductor de la camioneta solo parece nervioso.

Yader le toma la presión y le explica que puede tener una lesión en el cuello, algo denominado “Síndrome del Latigazo”, que está  hipertenso y que debe ir al hospital, pues también es diabético. Ninguno de los dos acepta trasladarse al hospital en la ambulancia, así que el vehículo regresa sin sirena, con la música del radio y con la plática de estos dos hombres.

Entre las peores cosas que  han visto está el accidente en la Suburbana donde murieron cinco miembros de una sola familia. Yader dice que le ha impactado ver a niños quemados. ¿Les ha tocado atender a familiares? A Yader sí, a un cuñado.

Son las 3:00 pm y es hora de comer. A los trabajadores de la Cruz Roja les deducen de su salario aproximadamente 25 córdobas al mes por el almuerzo. Una rodaja de aguacate, un huevo cocido, arroz, frijoles y un trozo de plátano verde es el menú de hoy, pero hay que interrumpirlo porque ocurrió una emergencia en la Suburbana.

La ambulancia Land Cruiser sale de Belmonte, dobla hacia el 7 Sur, agarra la Suburbana, vira hacia la derecha, rumbo a la rotonda Rigoberto López Pérez. El velocímetro marca 120 Km/h. El turista en la ambulancia siente que se van a estrellar. Pocos metros antes de llegar a la rotonda, tres policías sudados y preocupados están de pie junto a una moto caída. Uno de ellos patinó, cayó y no logra enderezar su pierna.

El policía es un chavalo de 22 años que lleva cinco en esa institución. No tiene gran pericia en la moto y se queja por su pie, pero no tiene nada grave. “¿Me van a poner una inyección?”, pregunta, y Yader asiente. Le tiene fobia a las inyecciones, pero ya es tarde para retroceder. La ambulancia está entrando al hospital de la Policía.  El día estuvo suave. No es día de pago ni hay mucho que festejar.