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El sol quemaba la piel. Varias casitas humildemente construidas de concreto y sin pintar se levantan a la orilla de las aguas de la bocana en Tipitapa. En el corredor de una de ellas, una pareja conversa, mientras su pequeña niña de unos 10 años nada como pececito.

Debido a los problemas generados por las inundaciones en Tipitapa, cuando el lago Xolotlán aumenta de nivel, reclamando su espacio en estas épocas de invierno, muchas familias fueron beneficiadas con casas ubicadas en el mismo sector, pero más retiradas de las corrientes. Sin embargo, unas 19 familias ven que su situación no ha cambiado mucho, pues continúan habitando a la orilla del peligro. En las últimas semanas se han registrado “subidas” de las aguas, según Juan Manuel Silva, poblador del lugar.

Francisca Hernández, que abandonó su antiguo hogar por haber sido beneficiada con una casa que no mide más de 25 metros cuadrados, vive con su pequeña familia de cuatro miembros. Cuenta que en el lugar hay muchas enfermedades a causa de zancudos e insectos que afectan principalmente a niños.

El Ministerio de Salud (Minsa) no ha llegado ni una sola vez con su brigada médica. Autoridades de Defensa Civil y la Alcaldía tampoco los han visitado para ver las condiciones en que están las familias. “Desde que nos dejaron aquí no han venido. Estamos olvidados por todos”, comentó tristemente Hernández.

En el sector hay unas 280 viviendas, construidas con Plycem, de suelo de tierra y sin divisiones en el interior. Los habitantes tienen que ampliarlas un poco más y lo hacen con zinc o plástico. El espacio, al final, siempre resulta pequeño.

Sin agua potable ni luz eléctrica…
Otra casita del sector abriga a tres familias con un total de diez personas, entre ellos niños de dos a cuatro años, y hasta recién nacidos. Yahoska Gutiérrez Mendoza, una de las habitantes, dijo que no cuentan con el servicio de luz eléctrica ni de agua potable. De hecho, ninguna casa cuenta con servicios básicos.

“Cada tres días pasan en una pipa regando agua. Dejan un barril por familia. Pero no nos ajusta, más ahora que hasta vacíos los dejan”, expresó Gutiérrez. Esta joven madre de un niño, manifestó que tienen que lavar la ropa de los menores en el río. En ocasiones esto les causa alergia e infecciones en la piel.

Otro problema latente es el peligro al salir del sector donde están las viviendas. Para llegar a la carretera hay que recorrer dos o tres kilómetros que no están poblados, y sí están rodeados de monte. La calle es estrecha y fácilmente se daña con las lluvias.

Gutiérrez contó que los buses que hacen recorridos dejan de hacerlo a las cinco de la tarde. Según ella, hace días violaron a una muchacha que se arriesgó a irse caminando.

Es común ver a las personas bañándose y lavando ropa en el lago. Al caminar por las calles de las casas nuevas se notan transeúntes empapados que recién van llegando de bañarse. Así que la niña que emocionada nadaba con una enorme sonrisa en los labios, no es la única que disfruta de las amenazantes aguas.

(*) Estudiante