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El coronel José Dolores Estrada pudo haber necesitado solamente de diez minutos para vencer a los filibusteros aquella mañana del 14 de septiembre de 1956.  Esa es la teoría que Pat Werner, estadounidense miembro correspondiente de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua y aficionado a las armas, plantea en el libro “La Historia, la Arqueología y la Batalla de San Jacinto” (2011).

La hipótesis de Werner está basada en un estudio balístico y otros análisis realizados en la Hacienda San Jacinto, y sobre la táctica militar de Estrada. Los impactos de bala encontrados en las paredes de adobe, según el historiador, definen lo que pasó durante la determinante batalla que cada año Nicaragua celebra como gesto de nacionalismo en el marco de las Fiestas Patrias.

Tras la búsqueda de proyectiles en las paredes con la ayuda de un detector de metales, Werner y el arqueólogo Edgard Espinoza encontraron 68 balas incrustadas en la vetusta casa-hacienda.

Los reportes separados del jefe de los filibusteros,  William Walker, y del líder de las tropas que defendían la casa-símbolo, coronel José Dolores Estrada, indican que los filibusteros salieron de Tipitapa en la mañana, y al llegar a la Hacienda se dividieron en tres grupos para asaltar la vivienda.

Las tropas de William Walker tenían el revólver más poderoso y peligroso de la época: Colt, modelo primero de tipo Walker “Whitneywille” (Cumpston, Fadala, 1847, calibre 0.44). Esta arma pesaba casi cinco libras con tambores vacíos y medía casi 18 pulgadas de largo. Era de calibre 45 aunque lo llamaban calibre 44, con un diámetro de bala de 0.451 pulgadas.

Los filibusteros al mando del teniente coronel Byron Cole tenían la orden de atacar simultáneamente desde los tres puntos, de tal manera que el fuego de los revólveres Colt bastaría para vencer a las tropas de Estrada, desprovistas del armamento de los aventureros gringos, pero bien atrincheradas en zanjas y corrales de piedras.

“Con las paredes gruesas, la gente dentro de la hacienda estaba protegida de todas las balas de los filibusteros. Si se supone que todos los filibusteros tenían revólveres Colt, serían un total de 63 revólveres de seis tiros, o 378 tiros disponibles en segundos. Los defensores en los corrales tenían 50 tiros disponibles, y después necesitaban al menos 30 segundos o más para recargar los fusiles en tiempo de estrés, con sus enemigos tratando de ventilarlos con balas Colt muy cercanas”, escribe Werner.

El escritor añade que si los filibusteros recargaron sus tambores una sola vez tendrían 756 tiros disponibles en uno o dos minutos. “Esa cantidad de tiros u ola de fuego es probablemente a la que se refirió Estrada (en su parte militar). Probablemente los filibusteros tuvieron éxito en matar o herir a la gran parte de aliados en los corrales y afuera en la hacienda, y por eso en pocos minutos perdieron a 50 hombres”.

Werner basó su análisis y su teoría en el parte militar de Estrada y en las memorias de Walker sobre la batalla. Luego de la “ola de fuego” que describió Estrada, este dio la orden de no tirar hasta que los filibusteros estuvieran “a tiro de fusil”.

“El reporte de Walker habla que los filibusteros llegaron a pocos metros, probablemente menos de 30 metros de la hacienda. Estrada ordenó a un grupo salir detrás y atacar a la izquierda. Murieron tan rápido los filibusteros, porque Estrada mandó a sus tropas a disparar en tiros unidos a una distancia probablemente de 30 metros”.

A criterio de Werner, es importante resaltar que los líderes de los tres grupos filibusteros fueron muertos o heridos frente a sus tropas.

“Si se compara el número de bajas de Estrada, 55 de 160 y 27 de 63 de Walker, usando armas identificadas, se ve una batalla de pocos minutos”, concluye Werner.

Según el historiador, sin cañones para derribar las paredes de la hacienda, los filibusteros podían matar a la gente afuera, pero no podían hacer nada con la gente dentro, sobre todo porque las paredes de adobe de más de dos pies de grueso, protegían a las tropas de Estrada.

“Todo lo que Estrada tenía que hacer era esperar que los filibusteros se acercaran al portón principal… Aunque hasta hoy muchos han galardonado a Estrada por derrotar a los filibusteros después de una batalla de cuatro horas, es probable, basado en su voluntad y habilidad, que derrotara a los filibusteros en 10 minutos o menos”, plantea el historiador.

Y agrega: “Si se calcula que los 68 impactos (encontrados en las paredes de la hacienda) eran un cuarto de los disparos de los filibusteros, se habla de un total de 272 disparos, un poco menos de la capacidad de 63 filibusteros para disparar con sus revólveres Colt en menos de un minuto. El número de impactos no apoya el escenario de 200 filibusteros atacando por dos horas y disparando 6,000 tiros”.

La historia oficial
El libro “Historia Militar de Nicaragua antes del siglo XV al XXI”, del coronel en retiro del Ejército de Nicaragua, Francisco Barbosa Miranda, indica que “después de las primeras horas, los combates se hicieron cada vez más fuertes y sangrientos, imponiéndose la lucha cuerpo a cuerpo”.

Según Barbosa Miranda, “la lucha era tan violenta, y a falta de municiones, muchos siguieron el ejemplo de Andrés Castro, quien derribó a un filibustero de una certera pedrada. Pero la situación era crítica para los nacionales. Las columnas de filibusteros iniciaron un reagrupamiento para concentrar sus esfuerzos principales a las 10 de la mañana, cuando habían roto el cerco de defensa”.

Igual que todos los registros oficiales, Barbosa Miranda asegura, basado en el parte militar de Estrada, que el combate duró cuatro horas, al término del cual, se recuperaron no solo revólveres Colt, sino rifles de largo alcance. “Se les tomaron, además, veinte bestias, entre ellas algunas bien aperadas, y otras muertas que quedaron; veinticinco pistolas de cilindro, y hasta ahora se han recogido 32 rifles, 47 paradas, fuera de buenas chamarras de color, una buena capa, sombreros, gorras y varios papeles que se remiten”.

Para Werner, “lo importante es que Estrada mostró su habilidad, experiencia y conocimiento, porque él no necesitó cuatro horas para derrotar a las tropas, sino de 5 a 10 minutos y con armas inferiores, después de ver a la tercera parte de sus fuerzas caídas”.

Werner dice que usó su conocimiento en armas, leyó lo que escribieron los participantes de la batalla, y después fue a la zona. “Es decir, si se habla de una batalla debe haber balas, ¿dónde están las balas?”, cuestiona Werner 155 años después de aquel combate.

El parte oficial del combate, enviado a León el 22 de septiembre de 1856 por el coronel Estrada, habla de cuatro horas de fiero combate y más de 200 filibusteros, en una encarnizada batalla de ribetes épicos entre tropas extranjeras con armamento moderno y patriotas locales armados hasta con flechas y piedras.

“Antes de rayar el alba, se me presentó el enemigo, no ya como el 5 memorable (5 de septiembre de 1856), sino en número de más de doscientos hombres y con las prevenciones para darme esforzado y decisivo ataque”.

“En efecto, empeñaron todas sus fuerzas sobre nuestra ala izquierda, desplegando al mismo tiempo, guerrillas que atacaban nuestro frente, y logran, no a poca costa, ocupar un punto del corral que cubría nuestro flanco, merced a la muerte del heroico oficial don Ignacio Jarquín, que supo mantener su puesto con honor, hasta perder la vida, peleando pecho a pecho con el enemigo”.

“Esta pérdida nos produjo otras, porque nuestras fuerzas eran batidas ya muy en blanco, por la superioridad del terreno que ocupaba el enemigo, quien hacía sus esfuerzos en firme y sostenido; pero observando yo esto, y lo imposible que se hacía recobrar el punto perdido atacándolo de frente, porque no había guerrilla que pudiera penetrar en tal multitud de balas, ordené que el capitán graduado don Liberato Cisne, con el teniente José Siero, subteniente Juan Fonseca y sus escuadras, salieron a flanquearlos por la izquierda, quienes, como acostumbrados y valientes, les hicieron una carga formidable, haciendo desalojar al enemigo, que despavorido y en terror salió en carrera, después de cuatro horas de un fuego vivo y tan reñido, que ha de resaltar el valor y denuedo de nuestros oficiales y soldados, que nada han dejado de desear”.

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