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¿Qué hace un periodista parlamentario en medio del río tumultuoso de fieles, promesantes, picados, buscapleitos, vendedores, vaquitas, negritos, diablitos y solitarias inditas en la multitud plena?

Así, de repente, parecería una pregunta sin una contestación probable. Pero Ernesto Ugarte es una respuesta de carne y hueso. Un día le gritaron: ¿Estás listo para las fiestas de Santo Domingo? Él respondió: “Soy parte de las fiestas”.

El periodista parlamentario fue un promesante que salió de “Negrito” desde 1972 hasta 1991. Y aunque dejó de serlo, siguió acompañándolo como periodista que trasmitía las incidencias del populoso recorrido.

El nacimiento de su hija, en 1992, le tambaleó su papel de promesante. Los riesgos que entraña hacer todo el viaje desde Las Sierritas hasta la iglesia y luego su retorno, quizá lo hicieron reflexionar y pensar, de alguna forma, que su deuda con la imagen estaba saldada. El tumulto, las riñas, de que alguien “me pudiera fregar”, lo apartaron de su devoción extrema. La responsabilidad con su hija estaba de por medio.

Quizás…

Sin embargo, las ganas de volver a embadurnarse de pueblo fiestero no se le disiparon durante estos 16 años de retiro. Todavía la tarde que lo entrevistamos, la duda parecía adquirir ribetes filosóficos, a pocas horas del regreso de Santo Domingo: ser o no ser negrito.

De alguna forma, Ugarte logró en estos años hacer sus propios atajos a la promesa de aquel noviembre de 1971, mientras el profesor Rafael Castrillo, del “Ramírez Goyena”, daba lectura de los aprobados en un examen de reparación donde se presentaron 60 aplazados.

En un rapto de inspiración, el muchacho del IV Año se “agarró” del santo, y en el minuto que tardó de leer la lista de sólo seis aprobados, dijo que saldría disfrazado de algo, no sabía de qué. Cuando escuchó su nombre, el penúltimo, la decisión estaba tomada: bajar el santo, montarse en el barco y arribar hasta Managua, pues su último año de bachillerato estaba a la vuelta de la esquina.

Su “jubileo” lo logró sobrellevar con las trasmisiones radiales en varias emisoras, describiendo paso a paso el recorrido. “Aprovecho que conozco a la mayor parte de las personas, tanto promesantes como los de los diferentes comités, curas párrocos, mayordomos, además los puntos álgidos y sus respectivas historias de la iglesia de los escombros, La Mora, La Morita, los escritos del sacerdote Pineda”.

La última bajada

Cuando estrenó su papel de “negrito”, en agosto de 1972, paradójicamente era la última procesión de Santo Domingo, su despedida de la vieja Managua.

La desaparecida “Mamenic Line” proporcionó el barco con una proa donde sobresalía la enorme cabeza de un toro. Pasaron por el “Salazar”, luego cerca de la catedral. “Una gran experiencia”.

Procesión de la soledad

Otro episodio que recuerda fue la procesión más íngrima que santo alguno en Nicaragua haya sufrido, y precisamente le tocó a la imagen que más multitudes moviliza en todo el país. Llegó agosto de 1979, y ni siquiera doce días había cumplido la Revolución. Todavía se escuchaban algunos disparos y cierto temor prevalecía por los bolsones de elementos del antiguo régimen que podían provocar algún hecho lamentable.

“Nos encontramos en Las Sierritas, aquel primero de agosto, sólo 99 personas. Yo los conté. Éramos tan poquitos. Ahí estaban Lisímaco, el comité, no había agua ni energía eléctrica. La imagen se miraba sola en su peana. Algunos se fueron a buscar bombos y platillos a lo que fue la Academia Militar”.

Ugarte, que así nos ha revelado detalles de lo que contendrá un libro, el primero que escribirá un “negrito”, promesante y comunicador desde las entrañas de la misma fiesta, ahora cuestiona la forma en que se ha abandonado la tradición.

“Se contempla que los ‘negritos’ van en el barco”, dice. Y es que ahora, la nave viaja con todo el mundo y ya no se ajusta a una de las piezas que escribiera Víctor M. Leiva: “…los negros en el barco a Minguito llevarán”.

En los últimos años observamos, critica, que los miembros de los diferentes comités se suben con la imagen. Estamos de acuerdo que vaya el Mayordomo, quien preside las fiestas, pero muchos no ven con agrado que se monte ese montón de gente allí, mientras los pobres “negritos” van a pie, no importando si son chavalitos. Si lo vistoso y lo que manda la tradición es que ellos vayan en la proa del barco.

Aconseja que debe ir un número prudente de cargadores y no todos los comités y su gentío. “El ingeniero Dionisio Marenco debe tomar cartas en el asunto”, recomendó.

¿No será que no alcanzan los “negritos” porque ahora son muchos?
Al contrario, cada día hay menos. Es por el alto costo. Ahora sólo se pintan de negro, pero antes uno se ponía una faldita o calzón rojo, aretes, brazaletes, collares, sandalias.
¿El aceite negro no les daña?
La gente cree que usamos aceite negro. No, es una mezcla de polvo fino, negrumo, que lo venden en la ferretería, y lo combinamos con aceite de cocinar. Se hace la mescolanza, hasta que está en su punto para echarse. Claro, tapa los poros, la respiración, pero el cuerpo se acostumbra en cierto tiempo cuando lo asimila. Al principio uno se escapa de ahogar.
¿Como resiste luego el camino?
El cuerpo lo asimila, te sentís bien y comenzás a caminar, a sudar, y la euforia, la tradición y el trajinar hacen el resto.

Después es fácil quitárselo con un trapo cualquiera, humecido, pero cuando regresas a Las Sierritas ya casi uno llega limpio, porque lo van tocando, la espalda, los brazos...


¿Saldrás de “negrito” el 10?
No sé, estoy con dudas...

Y es que ser “negrito” en esta vida puede llevarnos también a una duda existencialista, entre la materia y el espíritu, la comida y la devoción: ¿Me echo el aceite encima o lo dejo para la paila del mediodía?

El libro

Ernesto Ugarte ha hecho apuntes desde hace más de 20 años para publicarlos en un libro: “Vivencias de un periodista en las Fiestas de Santo Domingo”.

“Combino el periodismo y lo que soy en esta festividad. Un día me preguntaron: ¿estás listo para la fiesta?: soy parte de la fiesta. Como periodista, aguanto empellones, gritos, críticas; bailo con uno, cuando veo, se metieron al ruedo otros a bailar; ahí uno se topa con La Vaquita y con otros personajes. Esto es una mezcla fuerte: no sé si estoy de periodista o de feligrés”.

“El libro será una crónica de lo que pasa en las noches, los sinsabores, alegrías, la diana, las dificultades del sacerdote, los llamados al orden, los que se echan los tragos, los personajes, los que se han ido y los que todavía nos acompañan, etc.”.

Si una mano amiga, como dice Ugarte, quiere apoyarle la edición del texto, pueden localizarlo en las radios Corporación y Magic.