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Después de 16 días de exilio forzado, Silvia González, periodista de EL NUEVO DIARIO, afirma sentirse “impotente y frustrada” lejos de su familia, de su tierra y de no poder ejercer libremente su labor fiscalizadora en Jinotega, por intolerancia de algunos funcionarios corruptos.

 

“Es como empezar de cero. Es como quedarte sin vida, porque dejás atrás todo lo que amás, tus hijos, tu marido, tu trabajo, tus clases”, afirma con voz entrecortada.
Silvia salió de Nicaragua el pasado 8 de septiembre, después de recibir múltiples amenazas de muerte y aunque interpuso la denuncia ante las autoridades policiales de  su localidad, no obtuvo respuesta a su demanda de protección.

Sin fecha de retorno
La periodista expresó que encontrarse en un país que no es el suyo, donde tendrá que aprender el idioma para poder comunicarse, es como estar “escondida”, como si tal hubiese hecho algo malo en su país; mientras los verdaderos corruptos que ha denunciado a través de sus escritos, y que sí han causado daños a Nicaragua, andan campante en las calles de su pueblo como si nada.

“Me siento escondida porque aquí ni siquiera puedo trabajar. Es difícil porque ahora dependo de mi hija y es incómodo”, dijo González.

Por el momento, Silvia está clara de no poder regresar al país y aunque en su departamento algunas personas afines al Gobierno comentan que ya es una “asilada política por conveniencia”, aclara que no tiene esa condición en el país que está, pero si es necesario recurrirá a las autoridades pertinentes para hacerlo.

Periodistas en indefensión
Silvia comenta que en los 17 años que tiene de ejercer la profesión, nunca se había encontrado en un contexto político tan radical, donde “las personas creen que si no pensás como ellas sos su enemiga, pero lo peor es que te agreden, ponés la denuncia y las autoridades minimizan el caso”.

“Cuando publicás una noticia está claro que nunca vas a quedar bien con todo mundo, pero lo peor es que arremetan contra tu vida y la de tu familia”, agregó la periodista.

González consideró que los comunicadores están en la indefensión y ponen en riesgo su vida por ejercer de forma objetiva y constructiva su noble labor. “Nos están mandando a callar de diferentes formas, porque la agresión física, sicológica que hacen en tu contra queda impune porque tenemos una Policía y un Poder Judicial controlados por el Gobierno”.

También agregó que la manera en que los funcionarios públicos se expresan de los periodistas, porque no les gustó una publicación, es otra forma de exponerte al peligro porque corrés el riesgo de que un fanático, cabeza calienta, te agreda sin razón.

“No hay tolerancia, se ha perdido el respeto al derecho ajeno”, reiteró Silvia.

Agradecida
Silvia manifestó sentirse conmovida por todo el apoyo que ha recibido de sus colegas y demás organizaciones defensoras de la democracia y la libertad de expresión.

“Quiero manifestarles mi agradecimiento infinito a todos los corresponsales y demás colegas por el apoyo que me han dado, realmente no lo esperaba, gracias de todo corazón”, expresó conmovida.

La periodista agregó que con el apoyo sincero de muchas personas del medio y fuera de este, ya no se siente sola, porque cuenta con ellos y con el apoyo de Dios que le ha dado mucha fortaleza para sobrellevar esta situación.

“Estoy agradecida porque somos muchas personas las que estamos defendiendo la democracia y la libertad de expresión. Dios ha de querer que no tenga necesidad de pedir asilo político y pueda regresar a mi tierra pronto”, concluyó la reportera.

Persecución
El calvario de Silvia inició en febrero de este año después de publicar notas sobre la muerte del exguerrillero de la Resistencia Nicaragüense, José Gabriel Garmendia Gutiérrez, conocido como Yajob, y continuó en julio después de publicar notas sobre corrupción en la alcaldía de Jinotega y en la delegación de Gobernación.

El 20 de agosto tuvo que cerrar su programa radial “Tras la noticia”, pues repentinamente la radio subió el costo del espacio de 500 córdobas a 200 dólares. Las amenazas fueron verbales a través de sus hijas, por mensaje de chat y por cartas con letras recortadas de revistas.