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Fernando Bernabé Agüero Rocha murió siendo una lejana referencia de popularidad política del Partido Conservador. A sus 94 años, su nombre estaba en los libros de historia y no en las encuestas de opinión pública, y su otrora personalidad arrolladora renació en la conversación tradicional que sobre los recién fallecidos hacen los que le conocieron en vida.

Para Fernando “El Diablo” Zelaya, veterano jurista y político nicaragüense, el doctor Agüero, como se le decía a este oftalmólogo de oratoria cautivadora, fue en Nicaragua una especie de sorpresa: “Llegó cuando nadie lo esperaba y atrapó al país de pronto”.

“Se convirtió en el líder popular más grande que en política ha tenido este país después del general Chamorro (Emiliano), y eso significó para el Partido Conservador un rejuvenecimiento allá por los años 60 y 70”, recordó ayer en su velorio.

“Fue una lástima que el país o el partido no pudieran aprovechar semejante entusiasmo popular por la presencia de ese líder”, dijo, aduciendo que “nunca hubo nadie como él, que pudiera seguir los pasos, que calara tan hondo en la sociedad; te lo digo yo que anduve tantos años con él en la lucha opositora. Su popularidad quedará para la historia”, dice.

Sobre la decisión que tomó con el general Somoza para negociar un acuerdo político, bautizado como el Pacto Kupia Kumi (un solo corazón, en miskito) y que le generó una loza que enterró su popularidad en momentos que más crecía, Zelaya lo disculpó diciendo que la política trata sobre eso: negociar.

“La política es a base de eso, de negociar, de discutir, de debatir, de concertar, si no, no es política, fuera guerra, pues”, dijo.

Indalecio Rodríguez lo conoció del otro lado ideológico, desde la acera liberal. “El doctor Agüero, pese a que pertenecíamos a dos instituciones ideológicas diferentes, considero que fue el último líder real de una agrupación política que conoció Nicaragua”

“Si se equivocó algunas veces, quizá, pero tuvo muchos aciertos y logró cautivar a una sociedad necesitada de liderazgos vitales. Fue controversial en algunas decisiones, creo que no valoró bien la magnitud que la toma de sus decisiones tendría en la historia, pero en lo personal debo reconocerle que pese a las diferencias doctrinarias, tuvimos una relación política de altura, y como buen político buscó alternativas pacíficas para Nicaragua, en momentos en que otros buscaban la guerra”, recordó este veterano miembro del Partido Liberal Independiente.  

Alguien que lo conoció de cerca, en las estructuras internas del Partido Conservador, fue Miriam Argüello, ahora diputada aliada del FSLN. “Yo lo recuerdo como aquel hombre activo y vigoroso que establecía con una facilidad y naturalidad asombrosas, un contacto directo con el campesinado de Nicaragua”, rememora.

 

Se sacrificó mucho

Para ella, Agüero sacrificó mucho para lograr ese apoyo popular: “Antepuso su bienestar, su status, su seguridad personal para enfrentar a un régimen que aplastaba a los opositores”.

“Yo recorrí junto a él Nicaragua entera, todos sus años. Aprendí mucho de esa calidad de persona, y creo que después del general Emiliano Chamorro, en el Partido Conservador no ha habido líder tan carismático en la política nicaragüense como Agüero”, asegura.

Sobre su pacto con Somoza, que a la luz de los años ha sido considerado por muchos políticos como un error político histórico, Argüello opina que aquella decisión siempre se vio como algo personal ante la opinión pública, sin tomar en cuenta la disciplina partidaria de Agüero, “que tomó en cuenta los consejos y criterios de una organización política que no apostaba a las armas como solución”.

“Sacrificó su prestigio, su vida política, con una decisión que no satisfizo a muchos, pero la suya fue una decisión institucional, apoyada por varios sectores, pero eso es algo que no lo han sabido analizar muchos nicaragüenses que no conocen aquellas realidades, no conocen la época, obvian cómo el capital nicaragüense y los Estados Unidos apoyaban a Somoza y presionaban por un acuerdo social en vez de una guerra civil”, alega Argüello. 

Danilo Aguirre Solís fue uno de quienes se cautivó con la personalidad de aquel hombre de discurso motivador y dueño de una voz de trueno que despertaba simpatías casi a niveles religiosos.

“Fue un fenómeno arrollador, una personalidad cautivadora, un carisma asombroso que elevó tanto su figura, que el peso de sus decisiones terminaron golpeando de manera dolorosa a quienes vieron en él a la verdadera oposición para derrocar a Somoza por la vía política”, expresa Aguirre Solís, quien junto a otros seguidores, se reunió con él en aquellos años para presentar lucha a la dinastía de los Somoza.

“Fue uno de los primeros confinados a Corn Island de los 29 que Somoza mandó en el año 44; era de una personalidad arrolladora, con una voz de trueno y con un discurso fuerte contra Somoza, que fue calando hasta que los Somoza reconocieron y temieron tanta popularidad, apoyado fundamentalmente al inicio por La Prensa de Pedro Joaquín Chamorro”, recuerda.

“Donde llegaba, se desbordaba de gente, eran mares humanos, sin llevar portátiles o gente acarreada, como suelen hacer los políticos para darse la ilusión de un apoyo que no tienen. Él capitalizó todo un descontento social que tenía su origen y razón en las ilegalidades del régimen, en la violencia atroz con que la Guardia aplastaba a los que se oponían al gobierno, a la corrupción y demás cosas que hacían los Somoza con el pueblo”, cuenta, mostrando respeto ante el funeral de Agüero a la hora de valorar las decisiones que acabaron con aquel liderazgo.

“Yo no voy a criticar ahora la decisión de un hombre que ya está en un féretro, la historia ahí quedará para que se escriba o se lea al criterio de cada quien; tuvo un fenómeno sorprendente de liderazgo político que se calculaba capaz de derrocar al somocismo, pero luego vino una serie de decisiones, y todo terminó cuando decidió negociar con Somoza una Junta de Gobierno que terminó afianzando el poder de Somoza, y a Agüero al poco tiempo lo sacó de juego, del partido, y con su liderazgo golpeado”, recuerda.

“Luego el país tomó otro rumbo. Lo que no se logró mediante la vía política se definió por las armas, y en ese lapso, la figura de Agüero desapareció y nunca más volvió a brillar”, dice Aguirre Solís de aquel hombre que inspiró a Jorge Isaac Carballo a componer la melodía más popular que político alguno haya gozado en Nicaragua: “Con Agüero muero”.