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El sacerdote norteamericano José Wolf, quien fue declarado non grato y expulsado de Nicaragua en la década de 1980 por el gobierno sandinista, sufrió un derrame cerebral que lo tiene en estado delicado de salud.

El clérigo se enfermó después de oficiar misa un domingo en el Saint Lawrence Seminary, en Wisconsin, según nos relató el propio religioso vía telefónica. En nuestra conversación explicó que una vez celebrada la misa se fue a su curia como de costumbre, pero de un momento a otro perdió el control, y cuando abrió los ojos se encontraba en el hospital con la mitad de su cara derecha paralizada, al igual que su hombro derecho.

En una visita que hizo a Boston para participar en la izada de la bandera nicaragüense, el religioso relató los momentos difíciles que vivieron los miskitos nicaragüenses bajo el gobierno sandinista de la época.

El sacerdote aseguró en ese entonces, que los pueblos miskitos fueron sometidos a torturas y condenados a muerte, sencillamente porque no hablaban español y por no querer integrarse a los diferentes comités que el FSLN estaba formando.

Wolf expresó en esa visita a Boston que los miskitos de la Costa Atlántica solo pedían su autonomía. “Ese 23 de diciembre de 1982 fui testigo ocular del desaparecimiento de 23 personas, las mandaron a matar, y para no dejar huellas las fusilaron en el río Coco, el cual es fronterizo con Honduras; quisieron ocultar al pueblo esa verdad que está allí y nadie ha pagado por esa masacre”, explicó.

Preocupación por su salud
“Después de 24 horas los cuerpos empezaron a flotar en el río y los familiares a recuperar los cadáveres para darles cristiana sepultura”, añadió. También recordó que antes de la masacre de los miskitos, el  entonces ministro del Interior, Tomás Borge, lo acusó de estar con la contra. “Yo le dije que no, lo único que hacía era llevar la palabra de Dios y defender los derechos del pueblo”, recordó.

La comunidad nicaragüense radicada en Massachusetts se encuentra preocupada por la salud del religioso, y muchos han orado por su recuperación. El cura, a pesar de la condición en que se encuentra, aprovechó la ocasión para decirle al pueblo de Nicaragua que no pierda la fe y que pronto llegará ese día donde se haga justicia para vivir en paz.

“Estoy pasando una situación difícil en estos momentos, pero le digo al pueblo de Nicaragua que ofrezco todo mi sufrimiento por ellos, para que un día ellos puedan vivir en paz y en una verdadera unión de hermandad como Dios lo manda. Estoy seguro de que los malos hijos que tiene Nicaragua un día pagarán sus pecados que han y siguen cometiendo en contra de su propio pueblo”, finalizó diciendo el sacerdote de 74 años, con una voz débil y entrecortada, pero llena de esperanza.