•  |
  •  |

Se supone que todos los seres humanos sin distingos de género, ocupación y creencias somos iguales ante la ley, según dictan la Constitución de la República y la Declaración Universal de Derechos Humanos, sin embargo, seguimos marcando diferencias, y uno de los oficios más antiguos, pero más despreciados por motivos morales o religiosos, es el trabajo sexual, que incluso muchos no aceptan que se le denomine como tal.

Más allá de las consideraciones culturales, sociales, religiosas y morales, de las estigmatizaciones y del reproche, nos encontramos con María Elena Dávila Ocampo, representante de la Asociación de Mujeres Trabajadoras Sexuales “Girasoles Nicaragua”, con quien dialogamos sobre su organización y sobre qué es lo que pretenden.

Para ella, “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, y el alquiler de sus cuerpos no es más que otro oficio, por lo tanto, no se preocupa en ocultar su rostro, principalmente, por ser una de las líderes de su gremio, y nos recuerda que el Código Penal no sanciona el trabajo sexual.

Agrega que los delitos son el proxenetismo, la pornografía infantil y la esclavitud sexual, lo cual rechazan, y aseguran que están en la disposición de denunciar este tipo de actos criminales.

¿De dónde proviene usted y que la llevó a ejercer su oficio?
Soy esteliana. Primero, somos orgullosamente mujeres, y el trabajo que ejercemos es el sexual. Igual que otras personas necesitamos sobrevivir, tenemos hijos y necesitamos un salario. También somos mujeres, madres luchadoras de la vida, tratando de sacar a nuestros hijos adelante.

Si pudiera cambiar su oficio, ¿lo haría?
Nosotras ejercemos un trabajo. No tenemos por qué cambiar de trabajo. Ahora le regreso la pregunta: usted es periodista, pero ¿le gustaría cambiar de trabajo porque a la gente no le parece? Tengo un hijo que es ingeniero agroindustrial y otro que está en cuarto año de secundaria. Yo he hablado con mis hijos sobre mi profesión y ellos comprenden. Aparecer en los medios de comunicación no me preocupa, pues mis hijos saben todo sobre mí. Con el esfuerzo que he hecho hemos salido adelante. Considero que ejerzo un trabajo que no está fuera de la ley, por lo tanto, si quiero cambiarlo, esa decisión tendrá que ser mía, no porque una institución o alguien me lo diga.

¿De qué manera llegó a ser líder y cómo surgió la organización?
Siempre tiene que haber un motivo para entrar a liderar una organización. En 2006, la Red de Trabajadoras Sexuales a nivel latinoamericano me contactó y fui captada, entonces me di cuenta de que teníamos derechos como cualquier otro ciudadano y comencé a impulsar esto en otras compañeras. Al inicio éramos poquitas. Nos organizamos en 2007, y desde entonces hemos ido creciendo. En la actualidad conocemos nuestros derechos ciudadanos, nos capacitamos constantemente y demandamos esos derechos. Además, con el primer convenio con la Procuraduría de Derechos Humanos, se nos abrieron las puertas para que nosotras nos diéramos a conocer, y fuimos reconocidas por otras organizaciones.

¿Qué tipo de reconocimiento han obtenido?
A pesar de que no teníamos recursos logramos salir adelante. Nos encontramos con varias organizaciones que nos apoyaron, entre nacionales y de cooperación internacional, entre ellas la Procuraduría de Derechos Humanos, Pasmo, Usaid y Onusida, brindándonos capacitaciones y talleres de empoderamiento. Actualmente existen dos libros publicados por la Red, uno que hicimos para dar capacitación, y el otro para consejería para prevenir el VIH. Tenemos nuestro propio material.

Con el Minsa tenemos una atención integral y hemos firmado planes de trabajo con ellos en cada municipio. Sin embargo, no siempre fue así. Antes, cuando llegabas al centro de salud y les decías que eras trabajadora sexual, te subían a la camilla e ibas directo al ginecólogo, porque creían que solo de ahí estabas enferma. Pero ahora nos atienden y hacen un chequeo médico completo. Ya sea que tengamos un dolor de cabeza o de oído. El personal médico llega, te escucha, y te brinda una atención con calidez por parte del personal de salud. Algo que es importante para la vida de nosotras y nuestra actividad.

¿Cuáles son los avances de la organización?
Con la organización sabíamos que podíamos lograr muchas cosas para el gremio. El primer convenio que firmamos para nosotras fue un gran avance. Ahora tenemos un camino recorrido. Ha sido lento, pero hemos logrado respeto como personas, que nos tomen en cuenta. Muchos ya no nos etiquetan y nos reconocen como trabajadoras sexuales. No en todo el país, pero hay un progreso, incluso en los medios de comunicación escritos y televisivos. También a través de la Procuraduría de los Derechos Humanos, con la procuradora Samira Montiel, tenemos apoyo para que se nos respeten nuestros derechos humanos cuando denunciamos algún atropello ante la Policía. Lo clásico era que nos rechazaran, que se burlaran y nos discriminaran, aunque las víctimas fuéramos nosotras.

Por eso algunos creían que podían hacer con nosotras lo que ellos quisieran.

¿Qué objetivo persiguen? ¿Incentivan el trabajo sexual?
De ninguna forma incentivamos el trabajo sexual ni el delito. Nuestro objetivo es luchar para que nos traten como personas, como mujeres que ejercemos una labor remunerada, también que nos atiendan en las instituciones como a cualquier otra persona y que no nos discriminen. En la Asociación de Mujeres Trabajadoras Sexuales “Girasoles Nicaragua” solo tenemos miembras de 18 años a más. Si nos damos cuenta de que alguna niña está en los locales o sucede algo con ella, lo denunciamos y hacemos coordinaciones con las autoridades. Repito que nosotras no estamos promocionando el trabajo sexual.

¿Qué consideraciones tienen sobre el proxenetismo?
Sabemos que en la mayoría de los negocios existe un dueño, es algo que no va a dejar de existir. Lógicamente, que el propietario del local es quien pone las reglas donde trabajan las compañeras. Antes se daban bastantes problemas, pero ahora, a través de nuestra asociación, hemos ido dialogado con los dueños de los negocios y logrado entendernos.

Aparte está que las compañeras ya tienen conocimientos de sus derechos, si ellas se sienten mal por el trato, se van del local.

¿De cuántas mujeres organizadas estamos hablando? Se calcula que a nivel nacional unas 6 mil mujeres ejercen el trabajo sexual…
Al inicio sólo éramos 25 y comenzamos a ser las líderes. Después de tres años  cada una tiene 15 compañeras a su cargo. Solo en Chinandega hay 126 capacitadas, y en Managua son 70. A nivel nacional hay 468 trabajadoras sexuales organizadas en 15 municipios del país. Integrarse a la organización es voluntario y no hay requisitos, solo que sea trabajadora sexual. No tenemos una identificación de la organización, porque no vemos importante que nos sigan etiquetando. Ya fue suficiente lo que hemos vivido anteriormente. Para captar a quienes deseen organizarse nosotras visitamos los lugares donde las compañeras trabajan, ya sea los bares, casas de citas y night club o en las esquinas. Les llevamos material educativo, platicamos con ellas sobre el VIH, de cómo las están tratando y vemos sus problemas. Les hablamos de la organización. Depende de cada una si quiere pertenecer.