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El cuento no es solo cosa de niños. Ese libro de textos cortos, coloridas imágenes, que narran una aventura y que generalmente transmiten una moraleja,  es el aliado por excelencia para potenciar el desarrollo intelectual del menor, así lo afirman expertos en pedagogía.

Ellos sostienen que si los adultos invertimos tiempo en cantarle y leerle a los niños, estamos “abonando” su cerebro para que germine la semilla del conocimiento. Inconscientemente los chiquitos irán asociando los libros a la diversión y, además, afianzando el vínculo con quienes se sumergen en su mundo y se aventuran en acompañar y compartir sus fantasías.   

Así que si su hijo está en la escuela y presenta dificultades de aprendizaje pregúntese, antes de reprocharle, qué hizo usted desde su nacimiento para que él estuviera preparado para su iniciación en el estudio.

 

Según Vanesa Castro del Centro de Investigación y Acción Educativa Social, Ciases, el 80% de los problemas de aprendizaje en los niños están más relacionados a sus condiciones de vida en familia que a dificultades de la escuela.
“Es en la familia donde se crean las condiciones para que el niño sea educable”, asegura.

Doris María Acuña de la Fundación Libros para Niños, también considera que la familia “es un contexto conductor básico para generar procesos lectores eficientes”.
Es por eso que al cuento se le atribuyen propiedades estimulantes para despertar y motivar la lectura. Como activa su imaginación el pequeño le va tomando gusto a los libros y eso hace que tenga avidez por aprender, dice Castro.

Para Rosario González, pedagoga del Foro de Educación y Desarrollo Humano, el cuento es una estrategia pedagógica por excelencia porque contribuye al enriquecimiento del lenguaje en el menor.  

Sonidos, imágenes y escritura

Los cuentos no deben llegar a las manos de sus hijos hasta que éstos sean capaces de descodificar la escritura. Léaselos y estará cultivándole el gusto por leer. Las especialistas coinciden que es en la más tierna infancia mediante el sonido, los gestos y el estímulo visual que ellos debutan en el aprendizaje.

Si le lee con frecuencia el niño comprenderá que todo lo que antes le llegaba como puro sonido tiene formas y códigos; y eso lo llevará a la etapa logo gráfica que consiste en su capacidad de asociar imágenes o símbolos a cosas específicas.

“Cuando a los dos años el individuo empieza a querer saber el porqué de las cosas es el momento oportuno para que incentivemos su relación con los libros”, sugiere Castro.

Listo para leer
Científicamente un niño a los 5 años está listo para conocer que el sonido de la “a” la “e” o la “u” tienen un código y que son llamadas letras. Luego aprenderán que si las unimos a otras forman palabras y reconocerán en ellas a sus aliadas para plasmar todas sus ideas. Se espera que a los 7 años, si es estimulado oportunamente, el niño lea fluida y comprensivamente.

“Se aprende a leer en los primeros grados y se lee para aprender el resto de la vida” es la lección que Castro llama a que no perdamos de vista, reconociendo en el lenguaje escrito “la puerta para la cultura”.

Por su parte, González, recuerda que el niño no necesita educación temprana, ni precoz sino oportuna y pertinente, eso significa que es estimular el aprendizaje a su ritmo y de acuerdo a sus particularidades, darle lo que necesita recibir en cada momento.

“Si los adultos responsables de la formación tienen claridad del valor de la lectura por placer y qué condiciones se deben dar para facilitar el desarrollo de los niños y niñas, pueden de acuerdo a estas posibilidades, dar una mejor oportunidad y educación”, apunta la representante de Libros para Niños.

Problemas lectores motivan deserción escolar

Según datos de Ciases un niño con dificultades lectoras, se frustra y corre alto riesgo de  abandono escolar.  

Anualmente entre 60 y 70 mil niños dejan las aulas en los tres primeros grados de Primaria, Castro explica que eso ocurre porque es cuando el niño desarrolla gusto o aversión por el aprendizaje.

Al respecto González añade que “muchos estudiantes fracasan porque no son capaces de comprender una directriz, eso significa que no comprendieron y leer es comprender”.

Aunque está probado que la pobreza determina  matrícula, progreso escolar, rendimiento y desarrollo de habilidades, Castro considera importante enfocarse en reducir el abandono, pues está comprobado que si un niño se queda en la escuela aprende.

El énfasis que ponen en el Primer Grado  responde a que en ese nivel un problema de aprendizaje se supera en 10 minutos pero en Quinto te cuesta media hora.

Una limitante de las poblaciones infantiles que viven en mayor pobreza, es la falta de literatura de calidad y las deficientes oportunidades de formación educativa, apunta Acuña pues han determinado que en la red de bibliotecas públicas prevalece una situación de precariedad material y no cuentan con fondos variados y diversos de literatura infantil.

Critica además que la mayoría funcionan “bajo esquemas excesivamente formales: horarios de oficina; no prestan libros a domicilio y cumplen casi que únicamente la función de facilitar información a estudiantes para las tareas escolares”.

Educar con afecto
Rosario González, pedagoga del Foro de Educación y Desarrollo Humano, valora el acto de leerle un cuento a un niño como una profunda manifestación de afecto que ayuda a transmitirle seguridad.

Además lo reconoce como una herramienta en la que familia y escuela pueden apoyarse para la formación en valores. Con una historia háblele de honestidad, amor al prójimo, el no mentir, el respeto por medio ambiente y  cualquier otro tema, sugiere.

Recomienda desechar de la relación adulto-niño frases frustrantes que los desestimulen cuando cometen un error.

“Ya pasó, sé que no lo querías hacer”, es una frese que podemos emplear el pequeño se equivocan. Sume otras como “vos podés”, “sos capaz”, “yo te apoyo” y estará cultivamos su autoestima y dándoles mucha seguridad.

“La seguridad la va dar el afecto, la relación de respeto de cariño de reconocimiento de las capacidades de ese niño… le va crear las condiciones y las bases para que se enfrente a su nueva vida y si fracasa decirle ‘mañana lo vas a lograr’”, sugiere González.