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Aunque trató de aparentar serenidad, el temblor de los dedos de las manos, el constante parpadeo y la insistencia por declararse culpable, hacen ver a Alberto Leonel Conde Torres como un joven en elevado estado de ansiedad.

No es para menos, fue capturado por la Policía Nacional como el principal sospechoso de amenazar mediante mensajes de textos y llamadas telefónicas, al menos a cinco sacerdotes que elevaron las denuncias, en un caso que mantiene alterada la tranquilidad de la feligresía católica.

La entrevista se realiza en una oficina de la Dirección de Auxilio Judicial, DAJ, en presencia de un equipo de televisión de la Policía Nacional, del comisionado general Juan Ramón Grádiz, del comisionado Juan Alemán, segundo jefe de la DAJ, y del equipo periodístico de EL NUEVO DIARIO.

¿Usted puede reiterar su confesión sobre los mensajes enviados a los padres?
Claro, claro, yo lo hice, sí, claro, yo respondo sus preguntas.

¿Recuerda cuándo comenzó todo?
Bueno, en realidad la fecha no me acuerdo, pero sí enviaba cositas. Todo comenzó a raíz de la muerte del padre Pupiro, escuchaba muchas cosas malas de los sacerdotes, yo tengo un hermano que es sacerdote (el vicario de la Catedral de Managua, padre Bismarck Conde) entonces mucho hablaban.

¿De dónde mandaba los mensajes?
Un día me hallé un chip y comencé a enviar mensajes de las cosas que yo escuchaba, yo eso mandé, yo los conozco muy bien a ellos, entonces así se fueron dando las cosas, entonces yo les decía palabras de lo que escuchaba, yo tengo un hermano sacerdote y me dolían las cosas que se decían de la Iglesia Católica, pero no lo hice por maldad, sí no debí haber actuado de esa manera, ¿verdad? Pero sí, pues, fue eso. Nunca pensé que haría mal, me lo reservé, pero claro, yo andaba con esa cosita… (y se toca el corazón y baja la vista a la mesa)...

La cosa es que quería desahogarme, pero claro, nunca pensé que eso iba a llegar a más, y bueno, lo que necesitaba era confesarme o algo, dadas las circunstancias. Yo ayer iba saliendo de mi casa, y los muchachos (policías) me capturaron. Por un instante pensé: ¿Qué les pasa a estos?

Luego yo caí en la razón, y como le dije al comisionado (general Gradiz) yo le dije ayer a otras personas, incluyendo a mi hermano, que les pido disculpas. Creí que esto no iba llegar a más, no quise causar daños a terceros, no quise causarme mal a mí, mi persona está mal, he desprestigiado a mi familia, a mis amistades, a muchas personas, ¿verdad?

¿Alguien te indujo a enviar esos mensajes?
No, simplemente salió de mí, fue algo erróneo, infantil por parte mía…,

¿Cómo conseguiste los números telefónicos de las personas a las que enviaste mensajes?
A algunas personas yo las conocía… Al padre Edwin, de Nindirí… No sé si fue el demonio, las cosas salieron sin pensar ¿Me entiende? Yo no pensaba…

¿Qué esperabas que ocurriera con los mensajes que estabas enviando?
¿Yo qué esperaba? Que tal vez ellos, los padres, buscaran la forma de componerse.

¿Cuántos mensajes enviaste?
No sé, envié muchos, pero no fue a todos, sino a unos cuantos.

¿A quiénes?
A esos sacerdotes, de los que me acuerdo, y quiero pedirle disculpas al padre Edwin, de Nindirí, al padre Gerardo, al padre…, al padre Óscar, al padre Eddy, pero a nadie más, yo no ando en ningún tipo de crimen organizado ni nada.

¿En qué momentos los enviabas?
Por lo general los enviaba en la noche, simplemente, como le digo, es algo que nunca pensé que llegaría a más.

¿Alguien más sabía de esto, se lo habías comentado a alguien?
No, nunca a nadie, por temor, nadie sabía, de mi casa.

¿Y de los números que vos llamaste nadie te regresó llamada a reclamarte por los mensajes?
Fíjese que no, nadie me reclamó, bueno, el único que me reclamó fue el padre Gerardo, y ahí dije yo: ¡qué estoy haciendo! Cometí un error.

¿Y tras su captura, ha visto a su hermano?, ¿se ha reunido con el sacerdote?
Bueno, ayer (sábado) en la noche estuvo aquí, lo abracé, le pedí perdón y le dije que lo lamentaba.

El padre Conde dijo que no se había reunido con vos, pero vos decís que sí te reuniste con él.

Reunirse así, platicar con él, pues no, no he platicado, pero… ayer que avisaron, entonces él vino acá mismo, solo fue un encuentro.

¿Usted sostiene la versión policial?
Sí, así es. Yo con todo gusto me puedo confesar con ellos, pidiendo perdón, obviamente no debí hacer esto y la Policía me ha tratado bien, que no me quejo, de verdad.

¿Contrario a lo que dicen tu hermano y tu familia, de que al momento de tu detención te golpearon?
Bueno, tal vez sí… (Vuelve a ver a Grádiz), al momento de la detención me trataron como a un perro, me agarraron de acá (del cuello), me metieron al carro y yo decía qué pasó, por qué me detuvieron…

¿Dónde te detuvieron?
En Nindirí, iba a visitar a mi novia… Un policía local les dijo: “Ese es”. Ellos me agarraron y yo les dije: “Bueno, ¿qué les pasa?” Pero en mi mente jamás imaginé eso, se paró delante el carro, se bajaron, me dijeron: “Montate, que somos policías, callate chavalo tal por cual, entonces… solo fue eso.

¿Te sentís presionado por la Policía, porque los padres han dicho que esto es una cortina de humo para tapar las investigaciones sobre Pupiro?
Yo entiendo, los ánimos están agitados, lo entiendo perfectamente muy bien, pero realmente, hasta donde yo, eh, hasta donde me investigó la Policía, eso está claro, ¿verdad? Si hay más montajes, si hay más de otro, eso no me corresponde a mí, que investiguen ellos por su parte quiénes son los que realmente, si en verdad quisieron hacer eso, pero le repito, no sé cómo explicarle, que fue una decisión infantil.