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“Tengo una hija desaparecida desde el 9 de noviembre de 2003. Salió de su casa a eso de las 6:30 de la tarde y nunca más supe de ella”, nos expresa con tristeza María Eugenia Barrera Rocha, a quien las autoridades le aseguraron que fue víctima de trata de personas, y que si quería encontrarla debía buscarla en El Salvador.

Originaria de Chinandega, doña María Eugenia, madre de seis hijos mayores, no la pensó dos veces. Vendió su casa para enrumbarse a El Salvador, a Guatemala y a México.

Por milagro aún está viva, y poco le faltó para ser víctima y parte de la lista de personas desaparecidas en el exterior, durante una búsqueda que, según el padre José Luis González, responsable del área psicosocial y de acompañamiento sociopastoral del Servicio Jesuita para Migrantes de Nicaragua, no es la única, y hay más casos de los que uno podría imaginar.

La búsqueda

Uno de estos casos es el de Clementina Lagos Barrera, de 17 años, quien vivía con su mamá, María Eugenia. Ella nos dijo que el último día que miró a su hija, alguien la llamó por teléfono, y como no le dio permiso de salir se disgustó y se fue a su cuarto. Cuando la llamó, nadie respondió.

A partir de entonces comenzó la búsqueda. Hospitales, amistades y el novio fueron los primero lugares adonde recurrió sin resultado. Aunque sospechaba de alguien que a su hija le ofreció ir a Potosí, para hacer un negocio que nunca le especificó.

“Lo denuncié en la Policía, pero prácticamente me dejaron el trabajo a mí. Que fuera a Managua a Criminalística, luego se comunicaron conmigo y me aseguraron que era asunto de trata de personas, y que tenía que ir a buscarla fuera del país.

Sin saber qué hacer y a dónde recurrir, pasé muchos atropellos en su búsqueda”, dijo, recordando que tuvo hasta que vender su casa.

Viajó a El Salvador y recurrió a la Policía. Ahí alguien le dijo que miró a su hija en el night club El 2 de Oro. Un local en Santa Rosa de Lima.

“Por dos días fui al lugar y vi cosas feas, como la situación de una muchacha hondureña de 16 años que estaba ahí, y me dijo que no me acercara mucho, pues no le permitían hablar. También había nicas, pero decían que estaban por su gusto y que no conocían a mi hija”, expresó doña María Eugenia.

A punto de morir

Al día siguiente regresó, pero tampoco tuvo suerte. A los 15 días la dueña del lugar la mandó a seguir haciéndole preguntas e inquiriendo qué había llegado a hacer.

Algo de lo que doña María Eugenia no se había enterado en ese momento, era que a la mamá de la propietaria la habían detenido, y creían que doña María Eugenia tenía algo que ver. Luego, con ayuda de la Policía, estuvo en San Miguel. Le pusieron una patrulla y orden judicial para catear diferentes lugares donde era probable que estuviera Clementina, pero tampoco la encontró. Eso no la detuvo, y solitaria siguió poniendo afiches por todos lados.

“En la calle me siguió un vehículo, salieron unos hombres, me pusieron un arma, y a la fuerza tres sujetos me hicieron subir. Me llevaron a la carretera a San Miguel. Ahí, en un lugar solitario, me golpearon y me dijeron que iban a matarme. Me pusieron la pistola en la cabeza, y en ese momento salieron varios trabajadores de una huerta. Uno de mis agresores le dijo al otro que me dejara. Subieron al vehículo y abandonaron el lugar. Después estuve en Guatemala, pero sólo donde se mantienen las muchachas, en las calles o en los puentes. Ahí había bastante jóvenes nicaragüenses, pero no logré ver a mi hija, y así igual ocurrió en México”, narra María Eugenia, que, sin dinero, se vio obligada a regresar a Nicaragua.

Ya aquí alguien le dijo haberla visto en México. “Por eso fui a la Policía para ver si me ayudaban a través de Interpol, pero en la oficina de Trata de Personas me dijeron que no se podía hacer nada, ya que a estas alturas mi hija era mayor de edad”, comentó.

Más casos
Otro caso es el de Johnson David Ríos Ortiz, de 32 años, originario de Chinandega. Se fue a México en busca de mejor vida, pero desde julio de 2008 no se conoce su paradero. Martha Ortiz, familiar del joven, tiene como último recuerdo una llamada telefónica que hizo desde México, cuando dijo que pronto cruzaría la frontera.

“Después no supimos nada más. Antes había intentado pasar la frontera, pero como la mamá estaba enferma y aquí tenía a su esposa, entonces se regresó a Nicaragua. Luego volvió a México con la intención de cruzar la frontera”, dijo la señora Ortiz.

En el caso de Xiomara Lagos Vargas, ella se fue a Costa Rica y luego dejó de llamar. A su familia alguien le dijo que se había ido a vivir a otro sitio, y desde entonces no se sabe nada de ella. Sus familiares indicaron que tiene dos hijas.

Igual, Marta Vargas busca a su hija, Francisca Rojas Vargas, de 22 años. “No sabemos qué pasó con ella. Quisiera que volviera, porque sus hijas la necesitan. Interpuse la denuncia en la Policía donde me dijeron que el caso estaba muy viejo. Son dos años de desaparecida, sin una llamada telefónica ni alguien que la haya visto”.

Problema en aumento
El padre José Luis González, del Servicio Jesuita para Migrantes de Nicaragua, expresó que durante el trabajo realizado en el departamento de Chinandega, en los talleres efectuados y en las comisiones de familiares de migrantes, han visto que la búsqueda de desaparecidos es una de las demandas.

Durante un encuentro con familiares de migrantes desaparecidos y representantes de organizaciones hondureñas con experiencia en el tema, y que promueven las denominadas Caravanas de Búsqueda, el padre González, explicó que no hay cifras de migrantes nicaragüenses desaparecidos, y solo de manera general se manejan datos de la Comisión de Derechos Humanos de México, que habla de varios miles de migrantes desaparecidos reportados en ese país. Destacó que la más reciente caravana que partió de Honduras a México llevaba un listado de unos 800 desaparecidos de la región.

“Los Zetas”, la trata de personas y las muertes
Explicó que las desapariciones de migrantes pueden ocurrir por diversas situaciones. En las peores circunstancias, algunas personas podrían haber muerto por diferentes motivos. Para el indocumentado, un gran peligro es la presencia de “Los Zetas” en México, los cuales, además del negocio de tráfico de personas, también trafican con drogas y con la trata de personas. La trata de personas afecta a una gran cantidad de migrantes, ya que los destinan a la explotación sexual o la explotación laboral. Quedan incomunicados, y los despojan de cualquier documento que los identifique.

Otros podrían estar en una cárcel detenidos por falta de documentos. Una fuerte probabilidad es que hayan formado otra familia, y no quieren ser encontrados. Incluso, pueden salir por los medios sin que haya resultado.

Erica Guerra, del equipo de reflexión, investigación y comunicación del Servicio Jesuita para las Migraciones en Honduras, señaló que en su país se registran anualmente 500 migrantes desaparecidos, y de estos sólo a 60 se ha logrado encontrar.

Ella es parte de las organizadoras de las Caravanas de Búsqueda, que se realizan con los familiares de migrantes desaparecidos de varios países, y salen de Honduras, principalmente a Guatemala y a México, pues el flujo migratorio es hacia el norte. Guerra estuvo en Nicaragua para la creación de un comité regional y realizando las alianzas necesarias.

Las trabas burocráticas

“Es un proceso difícil, comenzando por las trabas que te ponen para sacar una visa, luego los gastos de pasajes y estadía. Por eso nos asociamos con otras organizaciones, para tener presencia en esos lugares y hacer menos difícil la búsqueda”, expresó.

Maryouri Rodríguez, abogada del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Cenidh, miembro de la Red Nicaragüense para las Migraciones, comentó que la denuncia sobre una persona desaparecida se interpone después de 24 horas.

De la delegación local, se envía al familiar del desaparecido al área de delitos especiales en la Dirección de Auxilio Judicial, DAJ, dado que en algunos casos están vinculados con la trata de personas, principalmente, cuando la víctima es niño, niña o adolescente. Cuando la situación es fuera del país, Auxilio Judicial solicita información a Migración.


Dónde informarse

Lugares donde la población puede informarse sobre la Caravana de Búsqueda: En Managua, es en el servicio Jesuita para Migrantes. está en la Universidad Centroamericana edificio “D”. En Chinandega está la Casa de Atención al Migrante y sus Familiares, ubicada del Palí 4 cuadras al sur.