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El fuerte terremoto que azotó Perú deja más de 500 muertos hasta el momento, pero las autoridades temen que esta cifra pueda aumentar debido a los enormes daños registrados en ciudades del sur del país, donde rescatistas trabajan en busca de sobrevivientes bajo los escombros.

Las ciudades de Ica, Pisco y Chincha fueron las más afectadas por el sismo de 7.9 grados en la escala de Richter y de 8 grados USGS, según la medición del Instituto de Geofísica estadounidense. No se descarta la existencia de víctimas en otras regiones.

Duelo nacional
El Gobierno declaró duelo nacional por tres días por el terremoto que meció el miércoles Perú, con un saldo provisorio de más de 500 muertos y miles de heridos y damnificados, informó este jueves la Secretaría de Prensa de la Presidencia de la República. El Decreto Supremo señala que el duelo nacional abarcará los días 16, 17 y 18 de agosto, y que los mismos serán laborales.

Roberto Ocño, comandante general de Bomberos, dijo a la AFP que según los reportes que recibe de la región afectada por el sismo hay entre 500 y 510 muertos. “La cifra se elevó a entre 500 y 510 muertos y los heridos suman más de 1,600”, dijo el responsable del Cuerpo de Bomberos. “Los muertos son de casas caídas encima de la gente. En las calles hay muchos fallecidos”, acotó el comandante.

En una tragedia que por ahora las autoridades peruanas no logran cuantificar plenamente, el testimonio más dramático fue el del alcalde de la ciudad costera de Pisco, Juan Mendoza. La ciudad, de 130,000 habitantes, “está destruida en un 70%”, dijo Mendoza en medio del llanto. “Tenemos cientos de muertos regados por las calles, heridos en los hospitales; esto es totalmente indescriptible. El pueblo ha sido devastado en un 70%”, añadió.

Periodistas comprobaron cómo unos 50 cadáveres fueron alineados en la calle cerca de la Plaza de Armas en Pisco, y cómo algunos de los familiares se los llevaban, incluso en vehículos particulares. El hecho más grave en esa ciudad se produjo en la iglesia de San Clemente, donde la cúpula se desplomó sobre los fieles que asistían a una misa de difuntos poco antes de las 7 de la noche, cuando se desató el sismo de dos minutos de duración.

Rescates en los escombros
Este jueves los socorristas sacaron con vida a seis personas de debajo de los escombros. Mientras tanto, la televisión local mostraba imágenes de Ica donde se veía la destrucción de viviendas y vehículos sepultados por escombros. El gobierno inició desde muy temprano este jueves un puente aéreo, dado que estas ciudades --que habitualmente son de fácil acceso a través de la Carretera Panamericana-- se encuentran incomunicadas porque la ruta se fracturó en varios lugares.

Un convoy con médicos y enfermeras partió la medianoche del miércoles al jueves a esa región, mientras que la ayuda y la solidaridad internacional se multiplican. Defensa Civil confirmó el jueves que ha enviado a las zonas del siniestro dos toneladas de ayuda humanitaria, entre carpas, colchones y medicinas, que se agregan a 50 toneladas que fueron enviadas por el gobierno.

Sin embargo, las autoridades sanitarias regionales señalan que están desbordadas y que requieren más recursos. Igualmente, piden el apoyo de helicópteros para trasladar a Lima a por lo menos 40 heridos graves que necesitan atención especializada. Pisco queda a 10 km de Paracas, uno de los sitios turísticos más populares del Perú, que por el momento se encuentra incomunicado.

Hasta el momento se han registrado más de cien réplicas del terremoto en Ica, una de ellas de 6.5 en la escala de Richter a la medianoche del miércoles, y otra de 5 en la madrugada de este jueves. Hugo Perfettini, sismólogo del IRD (Instituto de Investigación y Desarrollo, por sus siglas en francés) declaró en Lima a la AFP que se podían temer “réplicas de 5 a 6 grados en la escala de Richter, aunque cada vez menos”, señalando que para él “lo peor ya pasó”.

“La tierra temblaba como caballo loco”
Al alba del jueves en Perú, la población sufrió un mazazo, que se sumaba al impacto de la noche anterior. “Mi casa quedó milagrosamente a salvo entre viviendas derruidas. Las de una calle perpendicular a la mía, la de Bolívar, desaparecieron casi todas, y la paralela, Lima, no se reconoce”, sentenció sin haber dormido durante toda la noche, Lucía Lavado, odontóloga de Ica, contemplando el inmueble de tres plantas donde vive con su familia en la calle Camaná.

A pocos metros, una enorme viga se había cebado con la última planta del hotel Sol de Ica, cuyos turistas resultaron ilesos, pero no dudaron en abandonar el establecimiento a toda prisa. Pocos muros se mantenían en pie; los carteles luminosos que habían permanecido en el aire amenazaban con caerse en cualquier momento.

Despavoridos y con ojos hacia el cielo
Todo lo que colgaba de algún sitio constituía un serio peligro y la gente caminaba despavorida con los ojos en el cielo. Las mototaxis, medio de transporte más usual en la ciudad de Ica, no cesaban de pitar demandando clientela ante la avalancha de gente en la calle, pero los supervivientes no tenían intenciones de ir a ninguna parte, sólo pensaban en cómo localizar a sus parientes vivos o muertos.

Todos pasaron la noche en vela. Desde que a las 18.41 del miércoles, que no fue una tarde más, tembló la tierra de Ica, una región habitada por más de 300,000 personas, nadie pegó ojo. “Parecía un caballo loco que no paraba de saltar. La casa se estremeció. Algunas cosas volaron, los vidrios estallaron y las puertas repicaban”, contaba aún sobrecogida ante su vivienda Emilia Verde, natural de Villa Rica, a unos 600 kilómetros de su actual domicilio, al que se mudó junto al resto de su familia hace 16 años.

Tenía en brazos a su nieta Ariana, de tres años, a la que cubrió con su cuerpo sobre el sofá cuando parecía que el mundo se le caía encima. Su hija Lisset, sostenía a su sobrino, Leonardo, y cuando intentó abandonar la casa, la puerta se le cerró, “por suerte, de lo contrario habríamos muerto o sufrido heridas porque enseguida llovieron casquetes del edificio de al lado”.

Sismo duró un minuto y diez segundos
El seísmo duró 70 segundos y tuvo múltiples réplicas posteriormente, incluso en el momento de redactar esta crónica. El Instituto Geofísico de Perú informó que “parecían dos terremotos, pero en realidad era uno sólo, atípico”. Comenzó con virulencia, se atenuó después y, de inmediato, se reactivó con fuerza simulando un segundo temblor.

¿Qué es un movimiento telúrico? No se sabe hasta que no se vive. En nuestro caso, viajábamos en taxi, de regreso de Huacachina (una hermosa laguna legendaria flanqueada por dunas que invitan a los turistas a deslizarse en tablas) hacia Ica capital, y un resplandor violáceo en el cielo precedió a un apagón general; el taxista perdió enseguida el control del coche, que avanzaba haciendo zig zag, hasta que nos apeamos entre escenas de desesperación de ancianos que se arrodillaban en medio de la calzada y adolescentes que lloraban sin saber qué hacer.

El resto fue una larga noche fría del invierno peruano más oscura que de costumbre, durante la cual iba muriendo gente en viviendas de adobe y otras sufrían graves traumatismos. Uno de los fallecidos sufrió una parada cardíaca del susto, según testigos.

Pisco en el suelo

Pisco era una ciudad portuaria de pescadores, donde se encuentra la reserva marina de Paracas. Tras este terremoto, se daba prácticamente por desaparecida. Nadie acertaba a creer lo que había pasado. El 70% de las viviendas habían sido derribadas por el mismo barreno descomunal.

Ayer, en la plaza de Armas, se procedía a identificar a los cadáveres. La gente se quedó sin casa y en muchos casos sin familiares. Una treintena del total de muertos se registró en esta ciudad que da nombre a un famoso aguardiente de uva oriundo de Perú, que históricamente era exportado a España desde este puerto.

Atrapados entre escombros permanecían cuerpos “que no son de personas con vida, sino, seguramente, ya de cadáveres”, indicaba con voz entrecortada Fernando Barrios, presidente de Salud del hospital colapsado.

El puente que unía esta localidad con Ica se vino abajo, y ambas ciudades quedaron incomunicadas. Una de las secuencias más dramáticas se produjo en la iglesia de San Clemente (Pisco), donde decenas de feligreses asistían a misa cuando el templo se derrumbó y quedaron sepultados.

En Cañete (Lima) también afectó el seísmo, pero el grueso del temblor se lo apropió para sí Ica en casi toda su extensión, si exceptuamos las provincias de Palpa y Nazca, apenas dañadas. Nazca ya recibió su parte en el tristemente célebre terremoto de noviembre de 1996, que no quiso repetir.

El terremoto del miércoles, el más grave del último medio siglo de este país, ya de por sí sísmico, dejó en Chincha, otra provincia de Ica, que fue el epicentro, sin apenas señas de identidad, sin luz, agua ni telefonía fija ni móvil, como casi toda la región en las primeras horas. Alan García anunció una investigación para determinar por qué las compañías telefónicas no habían contemplado esta contingencia.

La prioridad de las autoridades era prestar la ayuda médica y alimentaria, así como restablecer el servicio eléctrico y de agua potable, ante la eventualidad de una crisis sanitaria en los próximos días.