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Lola Ocón cambió su vida desde que comprendió los orientales efectos de la sanación pránica. En pocos trazos, su biografía puede resumirse así: madre de cuatro hijos y abuela de una nieta, es una consultora de organismos internacionales que pertenece a la primera generación de feministas nacionales con posiciones teóricas, metida además a una revolución donde quiso realizar su fe cristiana, pero un día de tantos trató de conciliar su mente de matemática con los asuntos del espíritu.

Ahora, a nueve años de esta conversión, aunque no le gustan los términos que la remitan a la religión, ve a Dios a través de los ojos del raciocinio, de la prueba científica y con unos términos de marca exótica. De entrada pareciera que quiere dejar bien claro, por si acaso, que cree en Dios. Por eso la oí hablar del hígado humano con una admiración a quien lo diseñó: “Es una gran fábrica química incomparable. Si eso no es una manifestación de Dios, yo soy china”.

Los libros sobre el fundador de la sanación pránica, master Choa Kok Sui, están en su casa, en su mente, en la plática, en las imágenes de ángeles y cuadros con formas luminosas. Cuando habla, la verdad, se le advierte esa fuerza que sólo emana de quien está muy convencido de su opción de vida.

Ella es una sanadora pránica. Este término proviene del sánscrito “prana”, fuerza vital. Y se le considera el fundamento de toda vida. Los otros nombres con que se le conoce en el mundo y que ella menciona como un pelotero podría hablar del utilaje, son : “chi” (chino), “ki” (japonés), “rua” (hebreo), y pneuma (griego).

El prana, decía la primera vez que EL NUEVO DIARIO anunció el seminario inicial en 1998, tiene fuentes naturales como el sol, el aire, la tierra, el agua, la comida y los árboles. Lola Ocón se apoya con una laptop para hablar de su... ¿cómo se le podría llamar?

Es que sus practicantes evitan presentarse como movimiento o religión. De hecho, son personas con profesiones varias, incluido médicos, gente con altos cargos... Piensan que “Dios nos puso al servicio de la humanidad a través de diferentes maestros para ser cada día una manifestación de él. No lo seremos si abusamos de nuestro cuerpo: por ejemplo, la gente que bebe guaro, fuma, vive enojada...”.

¿El café no entra en esta lista infame?, le pregunto, y Lola responde con unas palabras que aunque abstractas dejan un sedimento real de que las tazas no deben faltar en esta vida: la bebida aromática “posee un prana naranja, pero no hay que tomar tanto, porque todo en exceso es malo”.

La mejor de las auras
Levanta las manos, gesticula y pronto se le ve averiguando el tamaño de mi aura, esa misma que reflejará los estados de ánimo del individuo y quién sabe si sus virtudes y vicios, pero sí, conocemos a través de ella, que la superior de todas las auras son las doradas: es la mejor energía que se aprecia en todos los santos, nos suelta y a la vez nos remite a la abundante iconografía católica.

Las religiones ancestrales, con sus maestros, que se fueron manifestando a través de la sanación de la humanidad, fueron los grandes sanadores por excelencia, llenos de sabiduría, me dice, introduciéndome en este desconocido mundo. Cristo, por ejemplo, fue el amor a los demás. La manifestación mayor que hay en la modernidad de lo que es la espiritualidad es el cristianismo: amarse unos a otros. Así dice.

La sanadora plantea que por eso estas expresiones de antiguas reminiscencias surgen por todos lados, como “los Nueva Era, esto y lo otro: es como la síntesis para la canalización de un mundo mejor porque cada día esto se ve peor”.

Al enfatizar sobre la composición del cuerpo humano que usted creía que sólo se trataba de carne y hueso, subraya que contamos con la estructura de un cuerpo físico visible, un cuerpo físico no visible, aura interna, rayos de la salud, aura externa y canales energéticos.

“Sanamos sin tocar el cuerpo físico. Sanamos en la otra parte, la energética del cuerpo”, refiere, colocando una distancia entre otro tipo de curadores.

Todo esto es interconectado y penetra nuestro cuerpo físico, señala en referencia a la energía. Los chakras tienen la función de absorber prana, distribuirla a través de sus canales y sacar la energía usada o enferma, sostiene.

Con la sanación pránica, explica, lo que hacemos con las puntitas de los dedos, de donde salen unos rayitos de luz, es barrer o limpiar el aura interna de la persona, porque esta aura es tu medida. (Es como que uno ande con un traje de luz, digo yo).

¿Cómo sabemos que la gente está enferma? Primero, dice, por el tamaño del aura interna, y después, cada centro energético está relacionado con un siste ma, con un órgano, con una función del cuerpo físico; en el cuerpo emocional con emociones y en el cuerpo espiritual con virtudes.

La divinidad, sostiene categórica, se manifiesta en el cuerpo de una persona.

El procedimiento para la atención a una persona es: “escanear” el aura interna, luego cada centro, cada chakra. Si tu medida está aquí --abre un espacio de un brazo desde la persona--, se halla afuera, hay demasiada energía, entonces hay una congestión. Y si está adentro --la distancia del brazo se achica-- es que hay debilidad energética.

¿Qué te motivó para interesarte en la sanación pránica?
Mi vicio es la lectura, soy académica, tengo otra biblioteca aparte de la que hay en la oficina. Soy matemática, estadística. En los 90 empecé un trabajo con diferente liderazgo y desarrollo personal.

Pasé por sicología budista, bionergética, musicoterapia. Hice meditación trascendental. Era una búsqueda de ser mejor persona para ayudar a otras, y poder entender los fenómenos de las mujeres maltratadas. Entender, si veo mucho dolor en alguien, cómo ayudarle a esa persona. La mujer adquiere conciencia, pero al retornar a su casa vuelve a lo mismo, entonces, ¿cómo provocar cambios mayores en los seres humanos?
También pasé una programación neurolinguística: yo dejé de decir malas palabras. Con Erika Thomas, una argentina, fui a un curso, el primero de sanación pránica en 1998. Para entonces yo estaba en un masaje sicoterapéutico, conocí de reflexiología, etc. Quien llegó a impartirlo era un médico internista con especialidad en medicina oriental.

La conversión
Lola cuenta que en el curso básico, cuando hizo la meditación para canalizar la energía divina, pensando en la paz de la humanidad y recitando la oración de San Francisco de Asís, “yo me desprendí y me vi --desde fuera del cuerpo--, y sentí la energía. Desde ahí nomás yo dije: aquí me quedo”.

Al fin ella contaba con una explicación científica. “Como matemática que era, licenciada en computación, me costó un mundo creer en dogmas. Yo necesitaba de explicaciones científicas, y la sanación pránica tenía una base científica, tanto en sanación como en espiritualidad. Y me quedé”.

En octubre ajustará los nueve años de haberse integrado a este tipo de experiencias y sin duda es de las pocas nicaragüenses con muchas horas de vuelo recorrido en ese mundo que para otros es misterio, moda, creencia...

“He hecho cursos en Nueva York, Brasil, Costa Rica, Guatemala; soy instructora en sanación pránica y soy consultora, pero mi mundo espiritual se alimenta de sanación pránica. Para mí la acupuntura y el reiki son similares, la diferencia es que nosotros limpiamos primero el cuerpo energético antes de hacer la canalización”.

Por canalización se entiende que cada ser humano es un canal de energía que procede de la divinidad.

“Lo otro que me gustó es que después aprendí la espiritualidad. Hay un camino espiritual que no es religión. Hay budistas, católicos... Los maestros espirituales son católicos, y dentro de la sanación pránica en Nicaragua hay evangélicos”.

El árbol
Nosotros, dice Lola, somos un árbol invertido. Somos el alma. Tenemos una trascendencia de tener una vida física que es una sucesión de respiraciones. Desde que nacemos inhalamos y al morir exhalamos. Dado que nuestra esencia es el espíritu, la raíz como ser humano está en la divinidad, arriba. Somos hechos a imagen y semejanza de Dios. Tenemos un alma superior y un alma encarnada. Nuestra raiz espiritual está hacia arriba, no es de la tierra, por eso decimos: no somos de la tierra.

Por eso, agrega, necesitamos mayor conexión con la energía divina para poder manifestar el poder de Dios en la Tierra.

Todos somos canales de energía divina, unos más limpios, otros más poderosos, otros menos.

¿Para llegar a tener un canal más amplio y servir a otros, qué se requiere?
Necesita tener un cuerpo energético grande, para eso se requiere hacer ejercicios, respiraciones, hacer meditacióm, sanarte de tu dolencia, servir a otros. El servicio engrandece tu cuerpo energético.

¿Alguien que comete alguna fechoría no sería un buen canal?
Siempre es canal de energía divina, porque nosotros tenemos la manfestación de Dios en nosotros. Tenemos chispa divina, somos hijos de Dios. Esa persona es canal, pero con una contaminación energética.

Tratamos de llevar una vida espiritual no religiosa, que es la misma que llevan todas las otras religiones, aunque no somos una religión: bondad, amor y no herir de pensamiento, de palabra, ni físicamente, que es lo más difícil en esta época.

Tener generosidad y no robar. Hay quienes roban méritos, consiguen información de otros libros y ni siquiera ponen el pie de página.