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Un veterano periodista sueco, antiguo enamorado de la Revolución Sandinista, regresa al país 18 años después del fin de la guerra civil que despedazó a Nicaragua en los años 80, a reventar una bomba de confesión que remueve heridas de aquel doloroso episodio conocido como el atentado de La Penca.

Entrevista a testigo. Expediente 90-000585-202-PE. Por: Homicidio. Contra: Ignorado. Ministerio Público, Unidad de Trámite Rápido, San José, Costa Rica. A las 16 horas del 11 de marzo de 2008.

Se presenta un testigo quien dice ser Peter Torbiornsson, único apellido en razón de su nacionalidad sueca, pasaporte XXX3150. Dice que desea ampliar su declaración como ofendido y testigo en el caso del expediente número 90-000585-202-PE contra ignorado.

“Es mi deseo indicar que he hecho una denuncia formal ante la Procuraduría de los Derechos Humanos en Managua, el ocho de febrero de 2008, con el número de expediente 357-08, acusando al ex ministro de Interior de ese país, Tomás Borge; al ex jefe de la Inteligencia, Renán Montero, y al ex jefe de la Contrainteligencia, Lenín Cerna, por crímenes de lesa humanidad”, afirmó.

“Estas personas antes señaladas son los autores intelectuales del atentado en La Penca, ocurrido 30 de mayo de 1984”, agregó.

Era un trotamundo

Quien denuncia es el periodista de Suecia, Peter Torbiornsson, un veterano trotamundo del periodismo internacionalista que apoyó y simpatizó la mayor parte de su vida con los gobiernos y movimientos guerrilleros de izquierda.

Nicaragua no fue la excepción, y el tipo, experto en la cobertura de guerras en África y Asia, aterrizó en América Latina buscando los países donde se decía, allá en el Viejo Mundo, que se estaban gestando revoluciones por grupos de descamisados y descalzos dispuestos a dar la vida por la libertad.

Torbiornsson vino durante la Guerra de Insurrección en 1979, se quedó tras el triunfo guerrillero del entonces izquierdista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y se fue hasta 1990, cuando los votos decidieron acabar la guerra y la Revolución Sandinista.

Los tiempos pasaron, las revoluciones se fueron y los recuerdos quedaron. Torbiornsson es alto y enjuto, con un rostro maltratado por el tiempo y por los excesos de la vida bohemia, pelo lacio y rubio, ralo; la barba de candado blanca enmarca una cara poblada de arrugas rojizas en una piel de fondo blanco-pálido.

Dentro de todo, unos ojillos azules que miran persistentes y escudriñan cual rayos X al prójimo de enfrente, al de al lado, al de arriba, al de abajo, al que se acerca y al que se va. Así de inquieta es la mirada del periodista sueco.

Explota su bomba interna

A su regreso a Nicaragua encontró todo cambiado, menos el sol recio y calcinador de siempre. A primera vista le pareció mentira que aquí hubiera estado él por muchos años, y en este mismo lugar, donde ahora convergen residencias de lujo con paupérrimas barriadas y negocios esplendorosos donde antes era sólo monte.

“Todo ha cambiado mucho”, dice él con su español masticado, y explica, ya de una buena vez, a qué ha venido al país: a reventar una bomba que lleva dentro, que guardó durante muchos años en sus noches de desvelos, en sus silencios cuando oía la palabra Nicaragua y en sus tardes perezosas de Europa.

Toma su vaso con cerveza entre las dos manos, como si tratara de contagiarse del frío que transpira el vidrio en esta tarde calurosa de Semana Santa.

Empieza a hablar y su mente se traslada allá, al otro lado del río San Juan. Es mayo de 1984 y Edén Pastora, el antiguo y mítico guerrillero sandinista que asaltó el Palacio Nacional en 1978, se ha convertido en un rebelde al sur del país, con las fuerzas militares de la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE).

La cita con Montero

“Un mes antes del atentado en La Penca, estando en San José, Costa Rica, haciendo trabajos periodísticos para la televisión de mi país, Suecia, me contactaron de la Cancillería nicaragüense para que viajara a Managua. Yo era muy conocido en el gobierno sandinista, había pasado muchos años cubriendo la guerra en Centroamérica y simpatizaba con la Revolución, les tenía confianza”, narra despacio.

“En Managua me encontré una noche con Renán Montero (coronel cubano Andrés Barahona López, jefe de la Dirección Quinta del Ministerio del Interior), quien trabajaba bajo las órdenes de Tomás Borge; él me pregunta si yo puedo ayudar a un fotógrafo danés para hacer contactos en Costa Rica; él me presenta al supuesto danés en Managua, en una casa de habitación en la zona de Altamira. Me dijeron que su nombre era Per Anker Hansen.

“Regresé a San José y unos días después llegó el supuesto periodista danés con su equipo fotográfico. Por momentos vivimos en el mismo hotel en San José, que se llamaba Hotel Gran Vía”, agrega.

Torbiornsson no da respiro a sus recuerdos y la cerveza pierde poco a poco el burbujeo atractivo de líquido frío.

Sigue relatando el periodista sueco que tanto él, como su ayudante de nacionalidad boliviana, Fernando Prado González, en aquella época de 22 años, sospechaban que Hansen fue mandado por los sandinistas en misión de espionaje.

Diversas investigaciones posteriores revelaron que el supuesto periodista danés no era otro que un argentino, combatiente internacionalista y amigo de la Revolución Sandinista, al que antes de averiguarle el nombre verdadero se le atribuyeron infinidad de identidades.

Combatiente argentino

Se llamaba Roberto Vital Gaguine, había nacido en 1953 en Argentina, estudiaba medicina y había aprendido el idioma inglés bajo el exilio en Inglaterra, razón por la cual al inicio de sus operaciones se le conocía con el seudónimo de Martín, “El Inglés”.

En Nicaragua Gaguine trabajó con Montero y Enrique Gorriarán Merlo, “El Pelado”, ex jefe militar de la guerrilla argentina marxista Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y jefe del grupo comando que mató a Anastasio Somoza Debayle en Paraguay, en 1980.

Aquí vivió a inicios de la Revolución en Los Robles junto a su mujer, Mora Sánchez, con quien tuvo una hija. En 1984 la mujer regresó a Argentina, y un año después, se arrojó con la niña desde su departamento, en el octavo piso de un edificio del barrio Norte de Buenos Aires.

Carnicería atroz

“Trabajamos juntos en los territorios periodísticos, pero andábamos separadamente, también estuvimos en los mismos lugares, creo que hicimos dos viajes a Río San Juan, averiguando cómo avanzaba la guerra por allá, y así nos llegó un día la invitación de Edén Pastora a una conferencia en La Penca (comarca rural a orillas del río San Juan)”, recuerda.

La noche del 30 de mayo de 1984 una bomba destrozó la conferencia de prensa, con todo y periodistas dentro, en la que Pastora daba un parte de guerra.

Tres periodistas murieron, cinco guerrilleros también, y más de 22 personas, la mayoría periodistas y sus equipos, resultaron heridos por la explosión. El mismo Pastora, objetivo principal del atentado, resultó herido con varios charneles, y fue trasladado raudo del sitio rumbo a un hospital privado, y luego a Caracas.

“La bomba salió de la caja fotográfica de Per Ander. Nos habían utilizado como conejillos de indias para hacer un crimen con indescriptible brutalidad y torpeza. Salimos con heridas graves del lugar y mi amigo Fernando Prado regresó a Bolivia porque Borge ordenó no recibirlo en Managua”, relata el periodista sueco, dando por fin, un largo sorbo a su vaso con cerveza caliente.

Denuncia “por honor a la verdad”

¿Por qué denuncia este caso 24 años después?

Por honor a la verdad. Un crimen no tiene tiempo para denunciarse, y tarde o temprano la verdad debe saberse. No me sentía bien conmigo mismo, y muchas veces dudé en realidad si valía la pena vivir con esto adentro o no, y creo que es el momento de decir la verdad sobre todo esto.

Tengo entendido que usted ya había denunciado esto anteriormente a otros periodistas del mundo. ¿Qué caso tiene venir a Nicaragua a denunciarlo otra vez?

En algunas ocasiones (1987 y 1991) dije algunas cosas a amigos periodistas, pero nunca revelé que yo había ayudado a entrar a Gaguine. Dije que lo había conocido en Managua y que me lo habían recomendado los sandinistas para ayudarle a trabajar en Costa Rica, pero nunca dije lo que ahora estoy sosteniendo.

Justo ahora, que Daniel Ortega regresa al poder usted viene con la denuncia, ¿por qué?

Porque él sabe lo que ocurrió ahí. Él siempre lo supo, lo supo Lenín Cerna, lo supo Tomás Borge y lo supo Omar Cabezas. Ahora mienten al decir que no saben nada, pero yo soy testigo de que ellos lo sabían, me lo dijeron personalmente a mí, en 1989, pero por circunstancias políticas yo no pude seguir investigando, y además temía que me mataran.

¿Y tiene usted pruebas de ello en este momento?

Las investigaciones mías y de otra gente han revelado que el FSLN estuvo detrás de esa masacre de periodistas, y yo sostengo mi palabra, no me da miedo morir diciendo la verdad, ya suficiente tiempo viví ocultando eso, y es hora de decir la verdad, el mismo Edén Pastora lo sabe, todo el mundo lo sabe.

Caso de La Penca sigue vivo

En diciembre de 2006, el Ministerio Público de Costa Rica informó que seguía vigente la acción penal por el atentado de La Penca, donde murieron tres periodistas y 22 personas resultaron heridas y mutiladas.

Edén Pastora, ahora colaborando en un discreto cargo con el gobierno de Daniel Ortega, sostuvo toda su vida que la misión de eliminarlo llegó desde la CIA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos) y desde la Nicaragua sandinista de la época.

En 2001, Jorge Masseti, un ex agente de los servicios cubanos de inteligencia, le confirmó al periodista nicaragüense Eduardo Marenco (END) que la bomba la hizo estallar Gaguine, bajo la dirección del Ministerio del Interior, dirigido entonces por Tomás Borge, quien siempre ha negado la participación del FSLN en dicha misión terrorista.

“Fue una operación de la Dirección Quinta, a través de los argentinos, pero recordemos que ellos eran oficiales de la Dirección Quinta. El que pone la bomba es Roberto Vital Gaguine, había sido compañero nuestro, su seudónimo era Martín”, le dijo Masseti a Marenco.

Murió en la violencia

El argentino Gaguine tuvo un final violento, según las investigaciones periodísticas sobre el caso: murió carbonizado en enero de 1989, en el asalto a la guarnición militar La Tablada, en Buenos Aires, Argentina.