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Aprender a leer y escribir de manera correcta ayudará al estudiante a comprender y analizar todas las ciencias, afirmó Vanesa Castro, del Proyecto de Lecto-Escritura del Centro de Investigación y Acción Educativa Social (Ciases).

Para muchos académicos, el que el alumno aprenda la lección de manera mecánica y no analice, deja como resultado la gran cantidad de aplazados, por lo cual el Ciases realizó el proyecto lecto-escritura, aplicado a los tres primeros grados de primaria.

Este estudio pretende hacer una valoración de las dificultades que tienen los niños para aprender a leer y escribir, mediante un pilotaje en 48 escuelas de Managua, Carazo y Boaco, tanto urbanas como rurales.

La investigación concluyó en que dos mil niños tienen deficiencia de lectura y escritura, debido a los niveles de pobreza, principalmente, porque las madres no saben leer o en sus casas hay ausencia de libros de texto, además de la poca preparación académica del maestro.

Maestro preparado, más motivado
Sin embargo, indicó Castro, la pobreza no es una variable determinante, ya que en Boaco el 70% de los niños estudiados salieron más altos que en Carazo, e incluso con un resultado similar al de Managua.

“Descubrimos que la pobreza no es todo, porque el nivel educativo del docente se asoció de manera positiva con el diagnóstico del niño. La calidad del maestro es muy importante, pues aquellos que tienen un nivel de licenciatura o manejan la pedagogía, motivan más a alumnos a aprender”, dijo Castro.

Otro elemento que analizaron es que los niños del área rural estaban diez puntos más bajos que los estudiantes de las zonas urbanas. La investigadora del Ciases expresó que se le debe prestar más atención a las áreas más alejadas del país, y en el caso de las niñas, salieron mejor que los niños.

¿Qué se midió?
La muestra consistió en una prueba de lectura en la que se midió la fluidez y comprensión de la misma. El estudio reflejó que los niños que proceden de hogares más pobres tienen menor nivel de comprensión y claridad al leer.

“Analizamos si los niños estaban familiarizados con la letra impresa, si han desarrollado la conciencia fonológica, es decir, si pueden identificar los sonidos de las palabras, y descubrimos que los pequeños tienen problemas con la H y la Y”, explicó Castro.

Agregó que un niño de segundo grado debe leer 60 palabras por minuto, además de comprender el texto que ha leído. A los estudiantes que participaron en este diagnóstico se les realizó dictados de cinco palabras para saber si tienen sentido de la mayúscula, la minúscula, espacio entre las letras, manejo de ortografía, puntuación y acentuación.