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El embajador de Nicaragua en España, Augusto Zamora, envió a El País una carta de comentario crítico sobre lo que el diario publicara alrededor de lo que consideran la trilogía del poder en nuestra nación: Ortega, Obando, Alemán, y el papel de Rosario Murillo en las aristas de este triángulo.

El País publicó un extracto de la carta. Su texto completo es el siguiente:
Madrid, 19 de septiembre de 2007
Señor Director:
Debo referirme al artículo publicado por su diario, el pasado 18 de septiembre, titulado “Tripartito tropical en Nicaragua”. Le confieso que, antes de sentarme a escribir, debí superar la duda sobre si ocuparme o no de un artículo, cuyo titular podría valer para designar a una banda de música de reguetón o servir de tema a un corrido norteño. Pero oficio obliga, y quisiera aludir a los tópicos principales del artículo de referencia.

El primero se refiere al matrimonio religioso del presidente Daniel Ortega y la señora Rosario Murillo. La crónica reseña el hecho como pecado. ¡Vaya crimen, casarse por la Iglesia Católica (no por la de la Cienciología), religión mayoritaria en Nicaragua! Hasta leer el artículo no había caído en la cuenta de que casarse religiosamente pudiera ser un ilícito político. Si así fuera, habría que alertar al Vaticano del peligro que amenazaría a la Iglesia Católica si, a partir de ahora, a líderes y presidentes del mundo les diera por casarse según el rito romano. En Europa puede ocurrir algo similar, pues un señor británico llamado Anthony Blair piensa hacerse católico y pasar por los aros pontificios.

Pecado mortal de la señora Murillo es tener protagonismo político. Un crimen aún mayor, según el artículo, porque, ya se sabe, la mujer en la casa con la pata quebrada. Que la política es cosa de hombres y oficio milenario de la mujer es ocuparse del hogar, organizar la agenda social del marido --sea Presidente o no--, servirle el café, atender a los hijos, plancharle la ropa… Lo que mandan los cánones clásicos del machismo más puro y duro. El problema es que, en Nicaragua, hubo una revolución que liberó a las mujeres de esas cadenas, y hoy una vasta mayoría de ellas, sean de izquierdas o de derechas, no piensa en volver a la vieja servidumbre. Ahora son diputadas, ministras, empresarias, diplomáticas, presidentas y, aunque esposas de sus maridos, quieren tener participación, pensar, actuar y trabajar por aquello en lo que creen. Y eso está muy bien.

Monseñor Miguel Obando y Bravo, ex Arzobispo de Managua, fue uno de los más férreos enemigos de la revolución sandinista. Eso lo sabe todo el mundo en Nicaragua. También fue director de la contra el actual vicepresidente. Restablecer la paz en el país, después de trece años de guerra, que dejaron 100,000 muertos y 18,000 millones de dólares en pérdidas, ha sido laborioso. Cerrar las heridas ha requerido un esfuerzo notable y general de reconciliación. En vez de aplaudirlo, el artículo en cuestión parece lamentarlo. ¿Debíamos seguir matándonos ad infinitum para continuar siendo noticia? Curioso enfoque, proviniendo de un país como España, que cerró el capítulo de la dictadura con los Pactos de la Moncloa, y donde pactos y compromisos forman parte del cotidiano transcurrir de la política. ¿Será que, en el inconsciente, se sigue creyendo por estas latitudes que lo propio de los trópicos es la sangre y que lo de estar en paz y pactar con ex adversarios rompe tópicos y esquemas? Dejo la respuesta a los psicólogos.

Don Arnoldo Alemán, reo convicto, sigue siendo el poder real en el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), pero, créanlo, eso no es responsabilidad ni de mi gobierno ni del Frente Sandinista. Es otro partido, un partido rival, que funciona --guste o no-- y elige a sus propios dirigentes. En esa fiesta, el sandinismo no entra ni sale. En las últimas elecciones, el PLC fue el segundo partido más votado. Alemán estaba ahí por decisión interna. Ya quisiera el sandinismo mandar al PLC, pero no lo dejan. Nos quieren poco.

El Frente Sandinista, como bien se señala en el artículo, tiene 38 diputados, 25 el PLC, 22 la Alianza Liberal y 5 el Movimiento Renovador Sandinista. Como puede deducirse sin necesidad de ser matemático, es imprescindible negociar y pactar, para sacar adelante las leyes y los presupuestos (¿suena familiar?). La estabilidad del país lo exige y los partidos aceptan el juego. Seguiremos pactando con unos y otros, porque es lo democrático y lo responsable, aunque con ello no llenemos páginas de sucesos. Sugiero a quienes tengan deseos de liberar adrenalina a costa de países cuyas riberas dan forma al mítico mar, vean mejor Piratas del Caribe 1, 2 y 3, que tiene sangre, pero de ficción.

Para terminar, señor director, quiero recordar que hay infinidad de temas, más ciertos y luminosos, para escribir de Nicaragua. Sobre sus problemas y esperanzas, inversiones y planes de desarrollo, carreteras que se construyen y gente que trabaja. Dificultades miles y ganas de resolverlas también. Dar una imagen veraz del país no se logra recurriendo a los mentideros de Managua, para sacar artículos y montarlos como si fueran un cuadro negro de Goya, con un Saturno tropical de mirada febril devorando al país. Nicaragua tiene un sistema democrático defectuoso, imperfecto y con rendijas, pero es mil veces preferible esa democracia imperfecta e incierta a la más perfecta de las guerras.

Hoy, afortunadamente, tenemos relaciones respetuosas con EU, con quien firmamos un tratado de libre comercio, y, creyentes firmes en la unidad latinoamericana, estamos entusiasmados con el ALBA y aspiramos a ser socios de Mercosur, así como a asociarnos constructiva y equitativamente con la UE. Y Nicaragua, pese a su pobreza, tiene los mayores índices de seguridad ciudadana, comparables a Uruguay. Lástima que no haya habido tiempo para hablar de esas minucias y de otras en el artículo comentado.

Cordialmente.