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El hombre que raptó a dos hermanitas nicaragüenses que habitaban en Santa Cecilia, Costa Rica, confesó fríamente y de manera detallada ante la Policía de Rivas, todo el calvario que hizo vivir a las niñas de seis y diez años, que raptó el pasado 12 de abril, cuando las niñas se encontraban sin la protección de sus padres, en su casa de habitación.

José Francisco Dávila Martínez detalló hasta el sitió en donde abusó sexualmente de la niña de diez años. Según la versión que brindó a la Policía la mañana del 12 de abril sacó a las niñas de su casa de habitación con engaños, y en ese momento estaba con su cónyuge Ingrid Patricia Aguilar, con quien trasladó a las menores por puntos ciegos de la frontera sur, hasta el barrio San Francisco de la ciudad de Rivas.

Ese mismo día, Dávila Martínez “se le hizo humo” a su cónyuge y se marchó hacia Managua con las niñas, y de ahí se trasladó hasta el departamento de Río San Juan, donde durmió con las niñas. Al día siguiente se dirigió con sus víctimas a la comarca Las Palomas, del municipio de San Miguelito.

Ayer la Policía Nacional trasladó hasta el municipio de San Miguelito a Dávila Martínez, para reconstruir los hechos y a la vez para entregar a la jefatura de la Policía de este municipio el expediente del caso, ya que en este municipio se llevará el proceso judicial, por ser donde se dio la violación.


Se ensañó con niñas
En dicho lugar, Dávila Martínez confesó haberse albergado en la finca Palo Seco, que pertenece a un ciudadano identificado sólo como Julián, y de ahí trasladó a las hermanitas a una zona montañosa donde procedió a violar a la niña de diez años, después de atarla de las manos y pies y taparle la boca con una pañuelo, y fue en ese instante cuando su pequeña víctima le pidió que no violara a su hermanita de seis años, a las cual sólo manoseó.

Después de haber ejecutado el bochornoso acto, Dávila Martínez amenazó a las niñas con dejarlas perdidas en la montaña si decían lo sucedido, y tras llegar a la finca se marchó con ellas hacia la casa de una supuesta hermana postiza de él de nombre Eva.

Esta ciudadana se convirtió en una especie de “ángel”, ya que cuando ellas le comentaron todo lo que les había ocurrido, Eva no dudó en apoyarlas, y el 16 de abril les ayudó a huir, subiéndolas en un camión lechero que llega desde Tipitapa hasta Río San Juan.

De esa manera las niñas lograron llegar a las 4:30 de la tarde a Tipitapa, donde rentaron un teléfono público, para tratar de comunicarse con su abuelo Isidro Dávila Martínez, pero la conversión apenas duro segundos, ya que se cortó, pero a partir de ese momento los familiares de las niñas respiraron profundo al conocer que estaban con vida, y se trasladaron a la Policía de Rivas.


Rumbo a Rivas
Posteriormente las niñas llegaron al sector de El Coyotepe, gracias a 50 córdobas que les había regalado Eva, y en ese lugar abordaron ya casi a las seis de la tarde el bus de transporte colectivo El Chocolate, que se dirigía de Managua a Rivas.

Al llegar a Rivas, ya después de las ocho de la noche, el conductor del bus, Héctor Luis García, y la administradora de dicha unidad de transporte, Isabel Salgado Romero, se mostraron preocupados por las niñas, ya que éstas les habían manifestado que no llevaban mucho dinero y que iban a Cárdenas, por lo que tras una conversación con las pequeñas, decidieron llamar al abuelo de éstas.

La llamada fue la antesala del reencuentro de las niñas con sus progenitores, ya que don Isidro Dávila Martínez recibió la llamada en la Policía de Rivas, donde también estaban los padres de las niñas a la espera de una buena noticia, la cual se dio minutos después, ya que el conductor del bus y Salgado Romero, al enterarse de lo que estaba ocurriendo, trasladaron a las niñas a la Policía de Rivas.

Después del angustioso reencuentro, la Policía dio al día siguiente con el violador, ya que a las dos de la tarde del 17 de abril fue capturado en la parada de buses de Granada, cuando intentaba enrumbarse hacia Nueva Guinea, en compañía de su cónyuge, a la cual llamó vía telefónica y le pido que se vieran en la Gran Sultana, y que le llevara una mochila con ropa que había dejado en Rivas y 400 córdobas.