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(Tomado de ENcontrARTE) Extractos

La poeta y novelista Gioconda Belli nació en Managua, Nicaragua. Participó, desde el año 1970, en la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza como miembro del Frente Sandinista. Vivió exiliada en México y Costa Rica. Ocupó varios cargos partidarios y gubernamentales en la Revolución Sandinista en los 80.

Sus novelas y poemas se han traducido a más de 14 idiomas. Es miembro del Pen Club Internacional y miembro correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Escribe para diversos periódicos nacionales e internacionales y tiene un blog en el periódico nicaragüense EL NUEVO DIARIO y en el diario The Guardian de Londres.

A continuación partes de la entrevista que le hiciera EncontraArte.

Arte vs. entretenimiento

Desde el campo de los grandes poderes que fijan la marcha del mundo –-económica, política y culturalmente-– sin ningún tapujo se habla de "guerra de cuarta generación", guerra mediático-sicológica. En otros términos: guerra cultural. A veces, en el campo de la izquierda, tratando de hacer una cultura nueva, pretendidamente revolucionaria, se cae en el panfleto mientras que la cultura masiva que se impone desde la más descarnada ideología de derecha (pensemos en Hollywood por ejemplo, o en la CNN), va ganando cada vez más terreno con un mensaje que penetra con mucha facilidad, agradable, seductor. ¿Cómo dar el combate en esta nueva modalidad de guerra? ¿Qué pueden hacer los artistas en esto?
No es un combate nuevo, me parece. El arte siempre ha competido con eso que llamamos "entretenimiento". El entretenimiento, porque es un producto que tiene valor de mercado, se masifica más fácilmente, mientras el arte es más selectivo porque no sólo da, sino que también demanda de quien lo recibe una cuota de reflexión. Pienso que la lucha cultural empieza en las escuelas y tiene que ver con los valores que se inculcan en la gente joven. El entretenimiento no es malo en sí, a mi juicio. El problema es que no se dé un balance y que por ganar la batalla de las masas, el arte también se convierta en entretenimiento. No creo que haya que tenerle miedo a pensar que serán menos las personas que gocen y comprendan el arte, porque el número siempre será suficiente para que éste se reproduzca. Me parecería más peligroso caer en la tentación, por competir con el entretenimiento, de quitarle al arte su contenido retador y complejo. Yo creo que el arte y el artista deben seguir comprometidos con la calidad, con la innovación, y mantener la sintonía con las vivencias de la gente y su compromiso con la vida de la sociedad y sus luchas.

Mi poesía es una especie de "hoja de vida" y ha recogido, tanto aquellas esperanzas, como la desesperanza que ha asomado su rostro pálido y triste en los últimos años, tanto en mi país, como en el mundo. Pero una cosa es registrar la desesperanza y otra cosa es perder la esperanza. Yo creo en la capacidad inagotable del ser humano para renovarse y encontrar nuevas propuestas, creo en la dialéctica de la historia y espero que sepamos ser creativos para reconocer los cambios del mundo, salirles al paso y no quedarnos estancados en viejas fórmulas.

Hoy vivimos tiempos de integración en América Latina. Descartando los TLC -–que obviamente no son integración-–, junto al Mercosur -–un intento de unión desde las oligarquías vernáculas–- surge también una propuesta de unión desde posiciones alternativas, desde los pueblos o desde gobiernos en mayor sintonía con sus pueblos: surge el ALBA, la Alternativa Bolivariana para las Américas. Nicaragua y Venezuela, de hecho, hacen parte de esa iniciativa. Hay también un ALBA cultural. ¿Qué piensas de ese intento?
Pienso que no se pueden organizar Albas culturales. La cultura es algo vivo que abarca un sinnúmero de experiencias diversas que no pueden y no deben, me parece, regularse como si fuesen relaciones políticas o comerciales. Lo que hay que propiciar es la libertad para que existan y se desarrollen. Hay que apoyar la creación de espacios de encuentro, pero hay que evitar instrumentalizar las expresiones culturales a favor de programas políticos. Los políticos deberían observar la cultura y aprender a leer en el arte y en las tendencias culturales los símbolos que reflejan el espíritu de los pueblos.

El vendedor de electrodomésticos

Alguna vez te preguntaron (EL NUEVO DIARIO, lunes 13 de marzo de 2000) “¿qué sería Tomás Borge -–uno de los fundadores y representante de la línea dura, que siguió toda la vida en la dirección-– sin el Frente Sandinista de Liberación Nacional?” y tú respondiste: “Un vendedor de electrodomésticos tal vez”. ¿Se perdieron los sueños de décadas pasadas? ¿No es posible seguir sembrando utopías? ¿Estás decepcionada de la política?

Eso de Tomás lo dije de modo irónico porque una vez un periodista en París que lo entrevistó, dijo que sin uniforme él parecía un vendedor japonés de electrodomésticos. Yo no creo que se hayan perdido los sueños. Yo creo que los soñadores dejaron de soñar y se convirtieron en manipuladores o mercaderes de los sueños que provocaron en otros. Eso pasó con muchos dirigentes revolucionarios que sacrificaron los fines porque se enamoraron del poder que les brindaron los medios con que, supuestamente, alcanzarían esos fines. Yo creo en las utopías, pero ahora las veo de manera más inclusiva y las veo como el resultado de un proceso mucho más complejo que la vieja idea aquella de que se conseguirían con sólo decretar la revolución. Ya no creo que sea posible, ni saludable, decretar nada, porque lo que se hace por decreto sólo resulta en un espejismo que se hace mil pedazos con gran facilidad. La utopía más factible y el mayor desafío, me parece a mí, es construir un sistema social que logre un balance entre la libertad individual y el bien colectivo, y que se sostenga sobre valores sólidos y consensuales que no dependan, ni del carisma de individuos, ni del poder de un solo partido político. Una utopía ciudadana necesariamente tendría que ser diversa, democrática y flexiblemente sólida; nada que ver con las utopías "controladas" que se acuñaron en el pasado.

¿Cómo es vista la Revolución Bolivariana desde fuera de Venezuela, o desde tu Nicaragua específicamente?

Yo le veo ciertos rasgos, en cuanto a la energía y a los postulados, de la Revolución Sandinista. Por lo mismo también le veo los problemas que, a fin de cuentas, terminaron con la Revolución Sandinista. Más que el proceso social, lo que se ve afuera es la imagen de Hugo Chávez. Eso, a mi juicio, hace que se pierda la visión de conjunto y se perciba más bien un estilo que está afianzado en la voluntad de un solo hombre más que en la acción concertada de toda una sociedad. Yo creo que el presidente Chávez quizás sería menos vistoso, pero lograría mucho más para los venezolanos y para Latinoamérica entera, si generara más consenso.

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