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Todo el mundo ya se lo ha preguntado. A ella, mexicana de origen, Lucía Andrea Morett Álvarez, y a sus padres. Que si es guerrillera. Que por qué estaba ahí, en el lugar de los hechos. A ella, la sobreviviente mexicana de los bombardeos colombianos del 1 de marzo pasado sobre el campamento de las FARC ubicado en Sucumbíos, Ecuador, donde perecieron 26 personas, entre ellas el líder de facto de ese grupo armado, Raúl Reyes, y cuatro estudiantes mexicanos. Y la respuesta siempre ha sido la misma: “No”. Que no es guerrillera. Que es devota de la paz. Y, ya de paso, que le gusta acariciar a su afelpado gato.

Inscrita en UNAM

De lo que sí ha pruebas, muy contundentes, es que ella es una estudiante. Existe el certificado. Tenemos una copia del documento. Una chica de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, de la Facultad de Filosofía y Letras, de la carrera de Arte Dramático y Teatro, con muy buenas calificaciones. Un promedio superior a “90”. Eso sí, de ideas bolivarianas. Impartía la Cátedra “Simón Bolívar” en esa escuela. Una clase que no tiene reconocimiento oficial, pero que sirve de ágora para que todo el que quiera pueda expresar libremente sus ideas integristas latinoamericanas. Es una mujer de 26 años, emprendedora. Sus padres son universitarios. Jorge Morett es antropólogo, Chuy Álvarez también se ocupaba de la investigación. Toda esa familia tiene en las venas la lucha social, la preocupación por la gente. De los dos lados, del paterno y del materno. Ambos padres la acompañan aquí en Nicaragua, adonde llegó luego de un mes y medio de recuperación en el Hospital Militar de Quito, donde fue atendida de heridas en un tobillo y en un glúteo.

Lo que es esgrimido por el gobierno colombiano como supuesta prueba de que Lucía está asociada a las FARC, es un video proporcionado por las milicias ecuatorianas a la televisión de Quito, en el que aparece una chica de pelo largo vestida de camuflage. La verdad no se distingue bien nada, no es una prueba contundente.

Un lúdico concurso

En esa grabación, esa supuesta Lucía estaría en una fiesta de las FARC, en actitud de familiaridad con los ahí presentes. Una fiesta de cumpleaños de Raúl Reyes en la que hay pastelito, velitas y hasta un desfile de hombres vestidos de mujeres en un lúdico concurso de presuntas “Miss Putumayo”.

Bueno, pues eso ha sido suficiente para que durante el Foro Económico Mundial, celebrado en Cancún, México, hace unos días, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, haya considerado ante la televisión mexicana que Lucía es “terrorista, narcotraficante, guerrillera” y otras tantas cosas más. Uribe dijo eso argumentando que Lucía no estaba con las FARC desarrollando una “acción humanitaria autorizada”, ni tampoco era una rehén, como Ingrid Betancourt.

Lo cierto es que en el momento actual, en México parece haber grupos especialmente interesados en lincharla, pero no sólo en los medios de comunicación, sino en los juzgados penales. El Consejo de seguridad ciudadano es una organización que interpuso una demanda penal contra Lucía Morett. La señalan como terrorista. Que estaba entrenando con las FARC para luego poner bombas en México, país que sigue partido en derechas e izquierdas, ambas radicalizadas, luego de las elecciones del 2 de julio de 2006.

México, al menos por ahora, no luce como un lugar donde Lucía debería estar. Sobrevivió milagrosamente un bombardeo y ahora tendría que sobrevivir a acusaciones y más acusaciones. Incluso, tal vez sus temores y los de sus padres ante la posibilidad de acciones de sicarios no sean tan desacabellados. La canciller mexicana ha dicho que a Lucía se le respetarán sus garantías individuales, constitucionales, “como a cualquier ciudadano”. Lo cual, por supuesto, no significa que no vaya a ser investigada por las autoridades, en unión con las colombianas. El presidente mexicano Felipe Calderón ha pedido a su homólogo de Colombia que no adelante juicios, que en todo caso quienes podrán decir quién es realmente Lucía serían los jueces, luego de extenuantes investigaciones.

¿Por qué se oculta?

Es en este contexto que Lucía ha llegado a Nicaragua. Donde el presidente Daniel Ortega le ha ofrecido “abrigo”. Un cobijo que Lucía realmente necesita. Lo único curioso es que ese cobijo puede estar significando durante estos días una suerte de autismo. ¿Dónde está Lucía? ¿Por qué no ha salido ante los medios como lo hizo tantas veces en Ecuador? No puede estar enclaustrada por mucho tiempo. El “abrigo” no se traduce en hermetismo.

Finalmente, Lucía debería caminar libre en las calles, saludar a todos, y dar a conocer a los nicaragüenses algo de ella misma. Como que ha escrito obras dramáticas. Que ha sido asistente de dirección y dado clases de teatro para niños en un centro de cultura de la ciudad de México llamado Faro de Oriente. Que cuando hubo un “zapatour”, o sea una visita del EZLN a la UNAM, ella fue la principal oradora por parte de los estudiantes. Que lee de Rosario Castellanos a Kafka, y a Lovecraft y a Bertold Brecht.

Que --ha dicho Jorge Morett-- ella rechaza las vías armadas. Que sus padres son amigos del diputado mexicano del PRD Cuauhtémoc Sandoval y de la senadora de izquierda Rosario Ibarra. Esta señora de larga trayectoria de lucha social en México les ha abierto una cuenta bancaria de apoyo económico para solventar todo lo que se les ofrezca. Que trabajó en una estación de radio del gobierno en México, donde sus compañeros la recuerdan como “chica fresa”, amigable, tranquila y fiestera. Que fue detenida cuando tenía 17 años, junto con otra amiga, por el Estado Mayor mexicano, cuando profirió un reclamo ante el entonces presidente Ernesto Zedillo, porque no se respetaban los acuerdos para apoyar a los indígenas chiapanecos.