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Pasaron tres horas antes de encontrarla para conocer la historia de su propia boca, porque cuando apareció ya los “concheños” habían contado todo sobre la única “mototaxista” de La Concepción.

Esta ciudad, también conocida como "La Concha", es un municipio de Masaya donde circulan 66 caponeras o mototaxis. “La Concha” se encuentra a 32 kilómetros de la capital. Su clima tan agradable y fresco la hacen tener las características de un bosque húmedo subtropical. En su tierra se cultivan piñas, pitahayas, cocos, limones, naranjas y otros cítricos.

Camino al centro de la ciudad, un amplio panorama con rojos atardeceres se pueden divisar desde los barrancos que bordean la carretera. Desde ahí también se ven explayadas sábanas rojas de pitahaya y alfombras tapizadas de puntiagudas hojas de piña.

En pueblo “chico” no hay secretos, y “La Concha” no es la excepción. Los habitantes saben todo de todos o al menos casi todo. Con la joven taxista los rumores resultaron acertados. Su nombre es Angélica Nadieska Rosales Sandino, pero le dicen la “FIFA” porque así bautizó a su “caponera”. Es hija de don Freddy Rosales y de doña Violeta Sandino, concheños de pura cepa.

Angélica estudia Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana de Ciencias y Tecnología, Unicyt. Es una muchacha agradable y hermosa, pero más interesante que todo eso, es que sólo tiene 17 años y ya conduce los destinos de las personas que pagan por sus servicios como mototaxista.

Una rusa muy nica

Maneja su caponera con seguridad, la columna paralela al respaldar del asiento, con el perfil siempre en alto y la vista al frente para verificar que el camino está libre. Sus largas y torneadas piernas sobresalen cuando baja de la moto de tres ruedas, y al acercarse a ella es imposible ignorar un par de robustos pechos que destacan de su torso, pero al verla de cerca, en sus ojos aún hay un brillo infantil que delata su corta edad.

Los concheños tenían razón, es muy agradable y de modales sencillos. Se ve incómoda frente al cíclope de una cámara fotográfica, pero aun así platica con soltura, y cada vez que ríe, un par de hoyuelos endulzan sus morenas mejillas.

Es la mayor de cuatro hermanos. Sus padres la concibieron en Rusia hace 17 años, cuando fueron a estudiar becados a ese país, allí nació, pero para nada hace alarde de ello, más bien los concheños son los que lo cuentan.

Su papá nunca tuvo tiempo para enseñarle a conducir la “caponera”, así que se aventuró a aprender sola. Fue a finales de diciembre del año pasado (2007) cuando sus padres le permitieron “mototaxear”. “Al comienzo yo creo que no me tomaban en serio, pero ya después todos se acostumbraron”, cuenta Angélica.

Sin embargo, su mamá dice que “aún hay personas que no se le montan en la caponera”. “Una vecina la discrimina y prefiere esperar otra mototaxi antes que subirse a la FIFA”, dice doña Violeta.

“Mototaxista” temeraria

Angélica taxea ilegal porque aún no tiene permiso para conducir, pero su mamá explica que ya están tramitando una licencia especial para menores en la oficina de tránsito de Masaya. “Hemos tenido muchas complicaciones con eso por lo que ella es de nacionalidad rusa, y ha sido difícil sacarle la cédula”, dice doña Violeta. “Una vez fue detenida por la Policía y le quitaron la moto, pero ella es bien valiente y continúa trabajando”, relata la orgullosa madre.

Angélica dice que quien la detuvo esa vez, fue un policía voluntario que le tiene “tema” desde que comenzó a taxear. “Ni siquiera era un policía de tránsito, se llevó la moto y ni podía conducirla”. Su papá tuvo que pagar una multa de 600 córdobas para que se la dieran de nuevo.

Amantes de las caponeras

Generalmente, las mototaxis tienen el nombre de los hijos de sus dueños. En el caso de la “FIFA” es la combinación de las letras iniciales de los nombres Fredka, Igor, Freddy y Angélica, los cuatro hijos de don Freddy.

“Andri” es el nombre de la caponera de Pedro Pablo Urrutia, porque ese es el nombre de su hijita, pero también “Andri” le llaman a él los clientes. Pedro es un concheño “bajito” de estatura, piel besada por el sol y ojos grandes amarillos. Es muy consentidor con su “mototaxi”, le dedica mucho tiempo a su mantenimiento y se entretiene agregándole accesorios extras. Hasta tiene una filosofía sobre su “caponera”: “Yo la cuido más que a mi mujer, porque a esa ya sé por donde le van a dar, pero a la mototaxi no”.

Estos vehículos tienen una estructura simple. Poseen tres ruedas, una delantera y dos traseras. Tienen un asiento delantero para el conductor y un trasero muy amplio para tres pasajeros.

Pedro ha modificado estas funciones en “Andri”. Al asiento del conductor le colocó una tabla para que alcanzaran dos personas más, una en cada extremo. Le instaló una batería de 12 voltios para conectar un par de amplificadores situados en la parte trasera del vehículo, una radio con CD, luces de parqueo y luces intermitentes. Le instaló parachoques, polarizados, calcomanías, platillos en las llantas; modificó los tubos de escape para que se escuchen como los carros de carrera. Durante algún tiempo anduvo una canastera arriba de la carpa, y en el invierno le pone puertas para que no se filtre el agua.

Angélica dice que a su mamá “no le gustan ese montón de chunches, lo más que tiene la FIFA es una radio”. Doña Violeta considera que esas cosas son costosas y no son muy importantes.

La moto de Pedro Pablo es una de las pocas que circula en el invierno, porque “las caponeras se dañan en las calles anegadas con las corrientes de agua debido a los caminos malos”, comenta Pedro.

Pasatiempo lucrativo

Angélica anda con la FIFA casi sin problemas por esos caminos maltrechos, porque admite que en parte es un pasatiempo que le entretiene, pero también tiene presente que así alivia a su papá para que pueda descansar por las tardes y los fines de semana.

Su mamá se alegra de que a ella le guste trabajar, porque aporta para la economía de la casa y el pago de sus estudios universitarios.

El precio estándar del viaje en caponera es cinco córdobas dentro de San Juan. En los “días buenos” Angélica gana hasta 400 córdobas (21 dólares). Por su parte, Pedro Pablo dice ganar hasta 600 córdobas (31 dólares) al día y cuando está malo el negocio logra entre 300 ó 350 córdobas (16 ó 18 dólares). Cuando el destino son las comunidades el precio es negociable.

Aunque Angélica asegura que taxear es sólo un pasatiempo para ella, parece que su interés va más allá del entretenimiento. Actualmente está aprendiendo a reparar motos en un taller ubicado en Diriamba, lo que significa que está tomando muy en serio su trabajo y que ese pasatiempo va para largo.

Así que si alguna vez pasa por “La Concha”, no se olvide de dar un paseo en “mototaxi” y no se extrañe si se encuentra con la “FIFA”, la única “caponera” con el interior femenino.

Los concesionarios de caponeras

La mototaxi “FIFA” es una de las 14 caponeras que taxea con permiso en el barrio San Juan de “La Concha”. Sin embargo, doña Violeta Sandino, la mamá de Angélica, dice que existen al menos cuatro caponeras “piratas” que le quitan los clientes a los concesionarios, es decir, a los que tienen licencia para taxear. Doña Violeta es una ferviente defensora de los derechos de los que tienen esas concesiones, porque recuerda con amargura la inversión que tuvieron que hacer su esposo y ella para obtener la licencia.

La primera inversión fue comprar una “mototaxi” que en ese entonces (hace tres años) tenía un costó aproximado a los 5 mil 500 dólares. Luego participar en la licitación pública que realizó la alcaldía de la localidad para conseguir la concesión. Esto implicó comprar un pliego base, que es cualquier hoja de papel, tamaño carta para solicitar la concesión, su costo: 200 córdobas.

Acumular puntos para obtener la concesión

Uno de los requisitos anotados en el pliego base era hacer una oferta mínima de 5 mil córdobas, que equivalía a 15 puntos, entre más dinero ofrecía el solicitante, más puntos obtenía. ¿Puntos? Expliquemos lo de los puntos. Por cada uno de los requisitos llenados satisfactoriamente, el solicitante iba obteniendo puntos. Al final, los que sumaran más puntos serían los beneficiados con la concesión.

En el caso de la oferta monetaria establecida en el pliego base, había cuatro categorías: la primera es la ya mencionada de 5 mil córdobas, equivalente de 15 puntos; la segunda era de 5 mil un córdobas a 6 mil, equivalente de 20 puntos; la tercera de 6 mil un córdobas a 7 mil, equivalente de 25 puntos; y la última de 7 mil un córdobas a más, equivalente de 30 puntos.

También pidieron a los solicitantes que realizaran un estudio de factibilidad, para demostrar que era necesario un sistema de transporte en la zona que querían trabajar.

Los que tenían seis meses de esperar la concesión ganaban 15 puntos; los que tenían un año ganaban 20 puntos y los que tenían más de un año obtenían 25 puntos. Otro requisito era la solvencia de impuestos que valía 8 puntos; el número de cédula equivalía a 5 puntos. Las rutas que decidieran cubrir también tenían asignados puntos. En total, se tenían que acumular 100 para obtener la concesión.

La “rifa” de concesiones

El responsable de transporte en ese entonces, Antonio Hernández, “Toñito” para sus amigos, dice que la idea inicial era apoyar a los que no tenían trabajo. Sin embargo, “Toñito” asegura que después hubo “grandes fallas” en el proceso de licitación. Explica que de al menos 180 interesados sólo 80 pudieron comprar el pliego base y de esos (80) sólo a 30 se les otorgó la concesión.

“Fue una rifa” dice doña Carmen, una concheña que apoyó a su marido José Donald Rodríguez en todos los trámites para conseguir la concesión. “Ese fue un negocio redondito de la alcaldía”, repite y repite doña Carmen, a pesar de que fue una de las 30 afortunadas.

El actual encargado de transporte en “La Concha”, Jorge Blas, dice que las concesiones no se pueden dar “así por así” a todos los que la soliciten, porque eso afectaría la competencia y las ganancias de los “mototaxeros”. “Entonces tendríamos el mismo problema que existe en Diriamba, donde hay más mototaxis que habitantes”, se ríe al decir esto.

Otra demanda de doña Violeta y de todos los mototaxeros es la reparación de los caminos. “Las mototaxis no son vehículos para caminos malos, son para carreteras” explica “Toñito”.

Según doña Violeta, la reparación de la “FIFA” le cuesta a su esposo hasta mil 500 córdobas por los daños que le producen los malos terrenos. Al igual, doña Carmen considera que con los impuestos anuales que los mototaxistas le pagan a la Alcaldía bien podrían reparar las calles.