Jorge Eduardo Arellano
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EL PAÍS / Amstetten
ENVIADO ESPECIAL

Los Fritzl se reencontraron el domingo por la mañana en el hospital psiquiátrico donde están siendo atendidos tras descubrir que el cabeza de familia los había mantenido separados durante años. Los que vivían abajo, encerrados en el sótano de la casa por Josef Fritzl (su hija Elisabeth y tres de los hijos que había tenido con ella) vieron así, por primera vez en muchos años, las caras de los que vivían arriba (los otros tres hermanos y Rose Mary, la madre de Elisabeth). Hacía 24 años que ambas no se veían.

Berthold Kepplinger, el director del Hospital Psiquiátrico de Amstetten, donde todos están siendo atendidos, relató el martes el sorprendente reencuentro: “Es asombroso lo fácilmente que ocurrió todo. Ver reunidas a la madre y a la abuela”. Kepplinger contó que todos los miembros de la familia actuaron de forma natural, pero añadió que dos de los niños encerrados en el sótano tenían una forma de comunicarse extraña que describió como “cualquier cosa menos normal”. El director aseguró que todos se encontraban bastante bien y que lo más importante ahora es no excederse con el tratamiento sicológico.


¿Alguien más tenía acceso a mazmorra?
Por la tarde, dos reporteros de la revista alemana Brigitte revelaron el testimonio de unos antiguos inquilinos en el 40 de la calle Ybbsstrasse. Cuentan que uno de los siete hijos que Fritzl tuvo con su esposa también accedía a la mazmorra del sótano. Pero según insistieron ayer fiscales y policías en una masiva rueda de prensa en Amstetten, nadie sabía nada. Ni las autoridades ni su mujer, ni los vecinos que asisten estos días al carnaval mediático que ha tomado su localidad de 23,000 habitantes.

En la sala a rebosar del pequeño hotel de Amstetten, donde convocaron a los periodistas, las autoridades locales dedicaron buena parte de la conferencia a explicar cómo fue posible que pasaran por alto un secuestro de esta índole en el corazón de una tranquila localidad de la provincia austriaca.

La publicación de unas fotos de Fritzl en bañador, testimonio de un viaje reciente a Tailandia, en varios medios de comunicación, despertó la sospecha de que podría haber contado con la ayuda de un cómplice. Pero Fritzl también podría haber abandonado su casa durante varias semanas sin ayuda de terceros. Le habría bastado con aprovisionar a sus prisioneros en un sótano casi inexpugnable que contaba con cocina, nevera y agua corriente.