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Quince años hubiera cumplido Amparo el 20 de febrero pasado, y de seguro que nunca aspiró a tener una pomposa fiesta con fastuoso traje rosado y queque de tres pisos con fuente luminosa en medio.

Pero tampoco imaginó que tendría un final tan espantoso, que aún hoy mantiene en estado de shock hasta a los mismos investigadores policiales, acostumbrados a ver actos donde la violencia llega a grados extremos.

Deylin Valdez Treminio, sicóloga de la Cooperativa de Mujeres “María Luisa Ortiz”, en Mulukukú, tiene una larga experiencia en el manejo de casos de violencia. A ciencia cierta, no recuerda que en su vida profesional haya tratado un hecho tan apocalíptico como el ocurrido contra Amparito.

La misma jefa de la Comisaría de la Mujer en el municipio de Siuna se estremeció al recordar la forma en que la infortunada adolescente fue masacrada por su cuñado, sólo porque se negó a aceptar sus propuestas, luego los chantajes y al final las amenazas para sostener relaciones sexuales.

Escena de terror
Juan Rafael Obando Mallorquín, de 28 años, no sale del asombro que le causó aquella escena espeluznante. Preocupado por unas reses perdidas, llegó hasta la ribera del río Wilike, en dirección de Mulukukú a Río Blanco. A medida que se acercaba al río aumentaba aquel olor fétido que lo hizo pensar en alguna de sus reses destazada por abigeos, o quizás ahogada en el río.

Pero lo que flotaba en el agua era el cadáver en descomposición de una mujer. La primera impresión de los investigadores fue de que se trataba de una mujer adulta, pero la duda se disipó cuando el forense del municipio confirmó que era una adolescente.

Días antes del hallazgo, Modesto López Solano, de 35 años, se había presentado ante la Policía de Mulukukú para denunciar la desaparición de su cuñadita, y luciendo muy preocupado, relató que la adolescente dejó de llegar a la casa. A la Policía le relató un cuento a medias, pues aunque la desaparición de Amparito era verdad, lo que quedó en dudas fue el papel que Modesto jugó en la desaparición.

Atada con alambre de púas
El cuerpo de la infortunada flotaba boca abajo, estaba hinchado, y completamente desnudo. Los pies y manos estaban atados con un alambre de púas que también enrollaron alrededor de su cintura y cuello. No había duda de que se trataba de un hecho criminal y no de un ahogamiento.

Además del alambre que le laceró las muñecas, tobillos, cintura y cuello, el cuerpo de la infortunada presentaba señales de haber sido sometida a una tortura espeluznante. La cara de Amparito ya no tenía los labios, y tampoco sus pezones. Para las autoridades policiales no hay precisión sobre si el asesino la sometió a torturas, o su cadáver flotando en el río durante varios días fue devorado por los peces o animales de carroña. De lo que sí se quedó muy claro, es que la joven, antes de ser asesinada y lanzada al río, fue sometida a violaciones constantes.

El crimen
La noche del pasado cinco de febrero, la compañera de vida de Modesto, y hermana de la víctima, vio llegar a su pareja con las ropas empapadas y sucias, como si se hubiera revolcado. Eso llamó la atención de la muchacha, puesto que no era época de lluvia, y en el trayecto que Modesto recorrió no tenía que pasar ningún río. “No me ocurrió nada, no pasó nada”, expresó iracundo el hombre ante las preguntas insistentes de su compañera de vida.

El crimen de Amparito hubiese quedado en la impunidad si no es por Auralila Peralta, activista comunal y miembro de la Red de Mediadores Rurales del municipio de Mulukukú. El cuatro de febrero pasado, Amparito visitó a Peralta para pedirle apoyo por las amenazas que recibía de su cuñado.

Contó que durante los ocho meses que vivió con su hermana, Modesto la acosó y maltrató para obligarla a tener relaciones sexuales. La última vez que intentó violarla se defendió y logró correr 45 minutos, hasta llegar a la casa de una amiga, donde se refugió y se trasladó a vivir. La mediadora invitó a López Solano para que el seis de febrero hablaran sobre la denuncia de la adolescente.

El cinco de febrero, la hermana de Amparito bajó al pueblo para realizarse un examen médico, y pidió que Amparito la acompañara. Cuando regresaron, la infortunada tomó el camino de regreso a la vivienda de su amiga, pero en su curso solitario se llevó fatídica sorpresa.

No hubo muchas palabras. En cuestión de minutos, Modesto la redujo y a la fuerza la llevó hasta la ribera del río Wilike, donde la golpeó, y con su machete la intimidó mientras la violaba reiteradas veces. Luego la ató con un alambre de púas y finalmente la estranguló para luego lanzarla al río. Para borrar evidencias, cavó un hoyo en la tierra y enterró las ropas de su víctima.

Con ese antecedente, la Policía buscó a Modesto, quien confiado en su estrategia creyó haber confundido a los investigadores. Pero fue sorprendido por la Policía, capturado y trasladado a la delegación de Siuna, donde lo procesaron por el asesinato atroz de su cuñada.


El inceso violento es un flagelo en Siuna
Estadísticas de la muerte
El caso de Amparito se sumó a una larga lista estadística que maneja la Comisaría de la Mujer en el municipio de Siuna. 48 delitos sexuales, entre ellos 19 violaciones en los primeros tres meses del año 2008, encabezan los códigos de información en manos de la Policía.

“Son datos realmente preocupantes”, afirma la teniente Reyna Isabel Flores Rodríguez, jefa de la Comisaría de la Mujer en Siuna, quien reconoce que Mulukukú está señalado como uno de los municipios con mayor violencia contra las mujeres, niñas y adolescentes.

Un estudio que realizó el Movimiento de Mujeres del Triángulo Minero revela que el problema cultural es la causa principal de la violencia en la zona. “El hombre se considera el dueño, el que decide, el que impone en la familia y en otros sectores”, comenta la jefa policial.

Y esa concepción es tal, que el hombre cree que además de imponer su fuerza sobre los demás, también debe decidir cuándo y a quién de sus hijas viola o somete sexualmente bajo alguna forma de presión. De ahí que es común en la zona que los jefes de familia convivan sexualmente no sólo con su mujer, sino también con sus hijas, no importa si son adolescentes o incluso niñas.

Patrones de conducta violenta
En tal sentido, para la jefa policial no debe sorprender que las violaciones y el incesto sean los delitos que más prevalecen en la población de Mulukukú y sus alrededores. Pero aún más, no sorprende, aunque sea motivo de preocupación y estudio, el hecho de los embarazos a corta edad. Adolescentes, casi niñas, sufren embarazos.

“Son patrones de conducta de los hombres y las mujeres que desde pequeñas preparan a las niñas para ser madres”, reflexiona Deylin Valdez Treminio, sicóloga de la Cooperativa de Mujeres “María Luisa Ortiz”, en Mulukukú.

Las estadísticas en manos de la Cooperativa indican que en un año se registraron 12 embarazos en niñas y adolescentes. “Niñas entre las edades de 13 a 16 años embarazadas por sus padres, por cualquier otro familiar o su padrastro”.

Y no fue una casualidad que, mientras el equipo periodístico de EL NUEVO DIARIO conversaba con Valdez Treminio, un rumor a voces recorrió el local de la Cooperativa de Mujeres “María Luisa Ortiz”. Un padrastro fue capturado en la comarca Santa Rita, jurisdicción de Mulukukú, tras descubrirse que, además de convivir con su mujer, también lo hacía con una niña de ésta, de tan sólo 16 años, a quien ya había embarazado en dos ocasiones.

La violación es el delito de mayor prevalencia en Siuna y sus comarcas. 96 mujeres, niñas y adolescente fueron violadas en el año 2007. 47 de esas violaciones ocurrieron en Siuna, 11 en Rosita, nueve en Bonanza y 19 en Mulukukú.

12 mujeres, incluidas niñas, sufrieron tentativas de violación, y 51 casos de estupro componen la larga lista de delitos sexuales y violencia intrafamiliar en las estadísticas de la Policía Nacional de Siuna.

La violencia, tema cultural
Deylin Valdez Treminio, sicóloga de la Cooperativa de Mujeres “María Luisa Ortiz” en Mulukukú, comparte el criterio de la teniente Reyna Isabel Flores Rodríguez, jefa de la Comisaría de la Mujer en Siuna. “La violencia es un tema que tiene que ver con una concepción cultural de la región”, asegura, tras agregar al comentario la secuela de violencia que vivió la zona durante los años del conflicto militar.

“Estamos en una zona bien violenta, Mulukukú fue una zona de guerra, toda la gente fue entrenada para matar, esa misma gente ahora es abusadora sexual y abusadora de su propia familia”, reflexiona la especialista, al referir que la mayoría de abusadores, de una u otra forma, estuvo involucrada en la ex Resistencia Nicaragüense o fue miembro del Ejército.

Una enfermedad
“La gente está enferma, todo se resuelve con la violencia, la niñez vive violencia en los hogares, el hogar generalmente está destrozado, las mujeres viven abandonadas y en violencia”, indica Valdez Treminio.

Según la sicóloga, “la violencia se aprende”, de ahí la preocupación de las organizaciones defensoras de los derechos de la mujer, niñez y adolescencia. En tanto, los niños, al ver la violencia producida por sus mayores, pronto se convertirán o en víctimas o en abusadores.

En Mulukukú, los conflictos generalmente se resuelven a balazos o con machetes. Aunque para algunos el uso de las armas de fuego es un medio de autodefensa frente a los niveles de delincuencia que vive la zona, también da paso a que de esta manera se resuelvan los problemas entre familias o individuales. Esas mismas armas legalizadas para la autodefensa terminan siendo usadas en la comisión de algún delito.

Violencia ya es visible
Las mujeres organizadas en la Cooperativa “María Luisa Ortiz” celebraron el hecho de que al menos la violencia ha dejado de ser un tema oculto, y a través de la denuncia “la violencia ha comenzado a ser visible. Vemos valioso que la violencia salga del cuarto donde está escondida”, manifiesta Valdez Treminio.

Impulsan sanación de hombres

La sicóloga afirma que los hombres violentos están enfermos, y por tanto deben ser objeto de una sanación. “La idea es desarrollar con los niños y los hombres un programa para alcanzar la sanación”, señala, tras recordar que la secuela de la guerra enfermó a los hombres de violencia.

El programa comprende la atención sicológica a los abusadores mediante terapias que permitan tomar conciencia sobre el tema, y a los niños, ayudarles a prevenir que se conviertan en potenciales abusadores. Pero además, mediante un programa en la radio local, desarrollan una campaña para prevenir la maternidad en adolescentes. “El objetivo es prevenir los embarazos en las adolescentes, y que éstas tengan la libertad de elegir su maternidad”, señala Valdez, quien recordó que la Clínica de la Mujer ha atendido casos donde menores de 11 años han resultado embarazadas por sus padres, padrastros, patrones y hasta hermanos.

Violencia generalizada
Durante el año 2007 se registraron en los municipios de Siuna, Rosita, Bonanza y Mulukukú 301 delitos contra mujeres, niñas, niños y adolescente, de ellos 96 fueron violaciones.

Tipología:
Violación 96
Tentativa de violación 12
Estupro 51
Rapto 39
Abusos deshonestos 21
Acoso sexual 04