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La emotividad envuelve la celebración del Día de los Difuntos, donde la tradicional visita a los cementerios conjuga la religión, la cultura indígena, el sentimiento, la solidaridad y las artes culinarias.

Miles de personas acuden a los campos santos para visitar a los muertos, limpiar y arreglar las tumbas, colocar flores, tarjetas, rememorar vivencias y elevar oraciones en las últimas moradas de sus seres queridos.

En la recordación a los muertos, la tradición indígena invita a llevar a los cementerios comida para "compartirla" con los muertos durante la jornada de asueto.

Aunque cada vez con menor apego, en Ecuador se usa ropa de colores oscuros en el Día de los Difuntos, principalmente el negro y el morado, como muestra de dolor.

Con diversas variantes en las tradiciones, en general se visita los cementerios y aprovechan el asueto para regresar a sus tierras y visitar también a los vivos. Así comentó Laura Quini de Ecuador, que a sus 73 años de edad, aún participa en la principal costumbre de la época en la parroquia costera de Atahualpa, en la nueva provincia de Santa Elena.

Atahualpa luce como una gran casa abierta el 1 y el 2 de noviembre, pues sus habitantes reciben a los visitantes con comidas especiales y, literalmente, con las puertas de par en par. Ello porque los visitantes pueden ingresar en cuanta casa deseen y degustar los potajes que se ofrecen en mesas rodeadas por una gran tela blanca.

Ángeles somos

Los niños van de casa en casa repitiendo el coro: "Ángeles somos, del cielo venimos y pan pedimos", con lo que esperan recibir ese producto, así como caramelos por parte de los moradores.

Quini aseguró que esta fecha, aunque representa tristeza, también significa una época de regocijo, al producirse el retorno para visitar las tumbas de sus seres queridos de quienes se han ido a las grandes ciudades en busca de mejores condiciones de vida.

Con diferentes matices, los ecuatorianos casi en todo el país consumen en esta época la tradicional colada morada, elaborada con harina de maíz negro, mortiño (una planta nativa de los páramos) que da el color y sabor al potaje, flor de la canela (ishpingo), clavo de olor y una cocción de cedrón, hierba luisa, hojas de naranja.

La elaboración puede ser variada, pero la mayoría incluye cuadrados pequeños de piña, frutilla y babaco vertidos al final de la cocción que, independientemente de la receta, es invariablemente de color rojo amoratado.

La colada morada se acompañan de las llamadas guaguas (niño en quichua) de pan y en conjunto son productos del sincretismo religioso y el mestizaje gastronómico, que se consumen en Ecuador cuando se recuerda a la muerte, que para unos es el final de la vida y para otros tan solo un cambio de dimensión.

La sangre y la guagua

Las guaguas de pan son figuras humanas de masa decorados de colores y en algunos casos rellenas de dulce. Hay quienes aseguran que la "colada morada" representa la sangre y la guagua de pan el cuerpo del difunto.

En el Día de los Difuntos se evidencia también la religiosidad de los ecuatorianos, la mayoría católicos, que asisten a misa y ofrecen en los cementerios responsos por el eterno descanso de los difuntos.

Por lo general, los sacerdotes oran en el cementerio y, a petición de los fieles, se acercan a las tumbas para rezar por algunos difuntos, cuya morada se rocía agua bendita.