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EL PAÍS / Viena

Un hombre de 39 años asesinó con un hacha a cinco miembros de su familia, en Austria. Después de cometer el crimen, a las 3:20 de la madrugada del miércoles, el hombre se entregó a la Policía en Viena y confesó los hechos.

“En mi piso yacen mi mujer y mi hija muertas”, dijo. También murieron sus padres y su suegro. El reguero de sangre comenzó en su vivienda en Hietzing, un barrio residencial caro en la capital austriaca. Allí el individuo mató con hachazos en la cabeza a su esposa, de 42 años, y a su única hija, de 7 años.

A continuación recorrió casi 200 kilómetros hasta Linz, capital del estado federado de Alta Austria, donde arremetió contra su suegro apenas éste le abrió la puerta de la casa. Luego, en la cercana localidad de Ansfelden, asesinó a su propia madre al entrar en la vivienda y luego a su padre, que estaba en un sillón, probablemente mirando la televisión. Finalmente se dirigió a una comisaría en Viena para declarar que había acabado con la vida de sus familiares para “ahorrarles la deshonra”, porque él había perdido mucho dinero con especulaciones en la bolsa.

Se trata de una suma de alrededor de 300,000 euros, según comunicó a EL PAIS, Michael Braunsberger, oficial de la Oficina Policial contra el Crimen. Braunsberger indicó que el presunto asesino “no parece estar completamente loco, ni ha mostrado arrepentimiento ni ninguna emoción. No se tiene constancia de síntomas de psicosis. Según el criminólogo, el autor de este siniestro hecho tenía la intención de suicidarse, pero luego no se atrevió.

Junto a los cadáveres de sus padres se encontraron cartas en las que el homicida explicaba las razones de su acción. La Policía ha encontrado el hacha en el asiento trasero del coche de este ciudadano austriaco que hasta el momento no había nunca llamado la atención de la justicia.

El presunto asesino estudió Ciencias de la Comunicación y trabajaba de forma independiente como asesor en relaciones públicas. Su esposa, como él, con formación universitaria, era funcionaria del Ministerio de Finanzas. Su padre, de oficio cartero, estaba jubilado, y en invierno se dedicaba a vender árboles de Navidad.

Los vecinos en Linz comentan que era una familia muy “simpática”, gente normal. Esta tragedia ha causado enorme conmoción entre los austriacos, todavía traumatizados por el descubrimiento, hace apenas dos semanas, del crimen del “Monstruo de Amstetten”, Josef Fritzl, quien mantuvo secuestrada a su hija durante 24 años, maltratándola, violándola y engendrando 7 hijos, sin que el resto de la familia ni los vecinos ni las instituciones sospecharan nada.