Jorge Eduardo Arellano
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EL PAÍS / Madrid

Un hombre y una mujer entran en una cafetería. Se miran, se dan dos besos. Se presentan. Son dos desconocidos, pero apenas la camarera les pone el café en la mesa, comienzan a hablar de sexo.

Él, Pablo, tiene 24 años y ha colocado un anuncio en Internet: “Alquilo habitación a cambio de prestaciones sexuales”. Ella tiene 25 y no se llama Sara, pero se hace pasar por ella, para conocer la letra pequeña de esta oferta. Una práctica que ya ha sido detectada en Francia, Italia y EU.

También en España los portales están repletos de anuncios como éste, aunque la Policía Nacional no tiene ningún expediente abierto sobre casos similares. “La prostitución en España no está penada y siempre que ambas partes estén de acuerdo, esta práctica no constituye delito”, afirma un portavoz de la Policía. Sara ha encontrado la propuesta de Pablo en el portal www.campusanuncios.com, pero invitaciones a este tipo de intercambios se encuentran en la mayoría de portales inmobiliarios de la red: loquo.com, habitamos.com, Portal Trovit, etc.

“Hola”, escribió Sara a los remitentes de estos anuncios, “estoy buscando piso y me gustaría enterarme de cómo funciona tu oferta. ¿Vives solo o acompañado? ¿Cuántos años tienes? ¿Estás tú solo en casa? ¿Sería totalmente gratis?” Tkd24, madrileño, contesta: “Estoy yo solo y sí, es totalmente gratis, incluso los gastos están incluidos. A cambio tendrías que mantener sexo conmigo (no todos los días, no te preocupes), sabremos encontrar el punto justo”.

El sevillano Luis, otro de los oferentes, es más exigente. Pide algunas referencias antes de entrar en detalles: “Está por La Macarena, zona centro. No tendrías que pagar nada, solamente lo que pido a cambio es sexo. Tengo 30 años y estoy trabajando, pero antes me gustaría que me enviaras unas fotografías tuyas, ya que he recibido algunos e-mails más y tengo que elegir a una de vosotras”.

Y Antonio, de Barcelona, contestaba: “El intercambio suele ser por sexo, exhibicionismo, tocamientos, caricias, lo que se pacte. Yo soy una persona respetuosa y me atendré a lo que hayamos pactado”


Cama y comida
El correo de Sara se llena en pocos días de las explicaciones que requiere. Pablo es una de las tres personas que le envían su teléfono al primer contacto. Ofrece una habitación en el barrio madrileño de Ventas, y por un módico precio sexual promete cama y comida. Fruto de una llamada, y en menos de 24 horas se encuentran frente a frente, en una cafetería, hablando de sexo... y convivencia.

Él es grande, sonriente y, por valorar su aspecto físico, tiene unos kilos de más. Pero no es la gordura lo que sorprende a Sara sino su apariencia normal. En el imaginario colectivo de los prejuicios, su aspecto exterior no desvela nada. Podría ser un chico de barrio cualquiera.

Su actitud es educada y parece comprensivo con las dudas que muestra su posible inquilina que, dice, es su primera vez en este tipo de trueques. “Reconozco que no es una cosa muy normal”, afirma Pedro “yo empecé con esto como una broma, pero me escribieron bastantes chicas”.

Por eso, este encuentro, de ir bien, supondría su segunda experiencia. Con la anterior inquilina, una francesa que vino dos semanas, “todo fue bastante natural”. De hecho, “sigo en contacto con ella”, comenta. “Esto no es una violación”, la tranquiliza, “Cuando a ti te apetezca y a mí me apetezca”. “¿Y qué piensan tus compañeros de piso?” Pablo vive con dos chicos y una chica, y dice que ellos no lo saben. “Tú vendrías como una amiga, yo no voy diciendo por ahí que hago esto”.


Cosificación
de la sexualidad
El trueque sexual por el alquiler de una habitación es probablemente el más sorprendente de los que se encuentran en la red, pero hay gente que alquila su piso a cambio de que se lo reforme el inquilino o, en lugar de pagarle una mensualidad haga las veces de asistenta. ¿Pero, cuál es el motivo de que esto suceda? ¿Se puede achacar a la crisis hipotecaria o es el fruto de una cultura sexual cada día más liberada?
El psico-sociólogo especializado en sexo, Eric Pescador, afirma que no es un problema de desinhibición ni de lo contrario. “Tiene que ver con la soledad y con la cosificación de la sexualidad”. Según Pescador, cada día la gente tiene menos capacidad para relacionarse cara a cara, y muchos recurren a estos métodos: “Unos a ligar por Internet, otros a las agencias matrimoniales... esto quizá sea sólo la última vuelta de tuerca”.

Pero también advierte que, “seguramente” nada de esto ocurriría sin un trasfondo social de pobreza y sin “una sociedad como ésta, donde todo se capitaliza”. No olvidemos que España es el país europeo donde más cuesta adquirir una vivienda. Según el Observatorio Joven de Vivienda en España, las familias españolas tardan una media de 15 años en pagar su vivienda, mientras que en Europa la media está en 3.9 años.

Echando un vistazo a las páginas inmobiliarias de Alemania, un país donde los precios de la vivienda se han estabilizado, no se encuentra ningún anuncio que proponga el intercambio de casa por sexo. Mientras en Madrid un piso asequible de 80 metros cuadrados ronda los 300.000 euros, en Alemania comprar ese mismo espacio puede costar 100.000.

En Italia se ha detectado que este fenómeno se da dentro de la universidad. Y en Francia, donde el gobierno ha admitido que se está pasando por una de las mayores crisis inmobiliarias desde el final de la II Guerra Mundial, también se ha detectado este tipo de alquiler que, según una investigación de la BBC, está encontrando su demanda en la población más vulnerable: los jóvenes y los pobres.