Danilo Aguirre
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Ejército y Policía en pruebas de fuego

La estabilidad, el profesionalismo y el respeto adquirido por el Ejército y la Policía Nacional han sido resultado de una legislación certera y oportuna, unida a la voluntad de transformación que prevaleció en sus cuadros superiores a partir de abril de 1990.

No se dejaba atrás ninguna formación de la cual avergonzarse, todo lo contrario, había sido la respuesta, exacerbada por la guerra civil, a un ejército y una policía constituidos en cuerpos pretorianos de la dictadura militar somocista.

No era, pues, un retroceso ni una claudicación de principios y valores, sino un salto de calidad para constituirse en instituciones democráticas al servicio de la nación y de los ciudadanos.

Ambos pilares de nuestra institucionalidad han pasado muchas pruebas a lo largo de los últimos 28 años.

Dos, sin embargo, son decisivas para su inserción definitiva en el diseño democrático que algún día tendrá Nicaragua.

Primero la posibilidad de la vuelta del somocismo con el ánimo de reconstruir su aparato represivo. Esto fue afrontado durante el gobierno de Arnoldo Alemán, quien ejerció la variante de dominarlos por corrupción.

Algo consiguió con tierras y vaquillas, pero no lo suficiente como para minar la fortaleza del organismo castrense y los guardianes del orden público.

Hoy están frente a la otra prueba de fuego. El regreso de una concepción totalitaria para gobernar con subestimación por el derecho y la supremacía de la ley.

De lo que predomine en ambas instituciones dependerá en gran medida el destino inmediato de nuestro país.