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Nació bajo un ambiente cargado de política, ya que en las familias de sus padres hubo dos presidentes de Nicaragua, pero el destino le tenía trazado un camino diferente: llegar a ser sacerdote jesuita.

Nos referimos al padre Álvaro Argüello Hurtado, quien cumplirá 75 años de edad, enfrentando el mal de Parkinson, lo que a su juicio es una bendición de Dios, “porque ahora siento más directa la presencia del Creador”.

Nació en Granada el 18 de agosto de 1933. Sus padres fueron Gustavo Adolfo Argüello Bolaños y Carmen Hurtado Cárdenas. Su familia era conservadora políticamente por tradición.

Por parte de su progenitora, su abuelo fue el doctor Adán Cárdenas, uno de los presidentes de los 30 años en que los conservadores tuvieron el poder en Nicaragua. Su madre fue nieta de don Fruto Chamorro, otro que fue presidente de Nicaragua.

Su padre llegó a ser presidente del Partido Conservador en Granada, por lo que su casa se convirtió en un centro de conspiraciones, lo que le marcó su vida.


El encuentro con su vocación
Las primeras letras las hizo en el Colegio Francés, pero al llegar a segundo grado le dijeron a su papá que ya no podía seguir, y así lo matriculan en el Colegio Centroamérica regido por los jesuitas.

El ingreso a ese colegio fue un segundo factor que influyó en su formación religiosa. Estuvo nueve años en él, y “el convivir con los sacerdotes me dejó una huella bien profunda en mi corazón”.

En 1949 se fundó el noviciado de la Compañía de Jesús en Santa Tecla, El Salvador.

“Varios de mis compañeros del Colegio Centroamérica, que estaban en tercer año de secundaria, iniciaron el noviciado. Yo quise ingresar, pero mi papá me dijo: ‘Mejor no, es mejor que te bachillerés y pensalo bien, y te vamos a apoyar en lo que decidás’”.

En los años de espera, Álvaro ingresó a la Escuela Apostólica en el Colegio Centroamérica, que era también para los jóvenes que querían ser jesuitas. Estudiaban lo mismo que todos los alumnos, recibían charlas, y cursos en vacaciones.

Cómo se amputó un dedo de su mano izquierda
Mientras Álvaro le quitaba las ramas malas a un árbol, sus amigos estaban jugando a los bandidos y los vaqueros. “Se acercaron, me lazaron y yo me puse enojado y traté de quitarme la soga, la apoyé sobre el tronco del chilamate y quise cortarla con el machete en el momento que me jalaron la soga entonces perdí el blanco y me corté el dedo índice de la mano izquierda de un solo tajo”.

Al preguntarle al padre Álvaro quién le había jalado la soga, su respuesta fue: “Nada menos que el actual Vicepresidente de la República, Jaime Morales Carazo, quien estudiaba en la Escuela Apostólica del Colegio Centroamérica.

“Esto fue un accidente en juego de muchachos”, dice el padre Argüello.

Este 13 de mayo el padre Argüello cumplió 57 años de haber ingresado a la Compañía de Jesús. Cuando se ordenó como sacerdote en 1965 en Estados Unidos, en la ciudad de Mobile, en Alabama, su padre muy enfermo y anciano fue a su ordenación sacerdotal, “lo que me impresionó mucho. Después de mi ordenación me dio un abrazo, se arrodilló de frente y me dijo: dame tu bendición”.


Felizmente realizado
El padre dice que desde que ingresó a la Compañía de Jesús se siente feliz, con un gran sentido, sobre todo con la parte de entrega y de disponibilidad de hacer lo que Dios disponga de uno o le dé a entender lo que quiere que uno haga.

Estudió la formación normal que pasan los jesuitas, dos años y unos meses de noviciado en El Salvador, después sus superiores lo enviaron al Ecuador donde estuvo seis años estudiando en la Universidad Católica en estudios especializados, como humanidades y filosofía, y donde tuvo un contacto más directo con los pobres.

“Cuando llegué al colegio Centroamérica a dar clases dediqué mi vida a ayudar a los empobrecidos dentro del marco de la Compañía de Jesús”.


Sus etapas en la educación
El padre tuvo tres etapas en la experiencia educativa.

Primero fue “maestrio” en el Centroamérica en Granada. La segunda la tuvo en la UCA, donde todavía sigue a la cabeza del Instituto de Historia de Nicaragua”.

La tercera etapa es cuando su superior provincial vio que era necesaria su participación --sin dejar la UCA-- en el reforzamiento del Colegio Centroamérica en Managua, donde estuvo desde 1996 a 2004.

Son ex alumnos: el hombre fuerte de la administración de Violeta Chamorro, Antonio Lacayo; varios de los ministros de ese gobierno, el ex vicepresidente de la República, José Rizo Castellón, entre otros.


Otra cara de la moneda
Durante la lucha contra Somoza, el padre Argüello vivía en una comunidad jesuita en un barrio que estaba junto a Bosques de Altamira, “pero los jesuitas andábamos inquietos ante la etapa pre revolucionaria, buscando un lugar donde tener un contacto más directo con la población más empobrecida”.

Así llegan a Ciudad Sandino --que era el Open Tres--, donde “participamos en ciertas luchas populares”.

Ahí vivió con los padres Pedro Miguel, Marciano, José Reyes y Valetín Martínez. Los dos primeros ya están muertos, y los otros están muy enfermos en España. “Ahí le dimos a la población cursos de formación cristiana y le explicamos un poco la historia de Nicaragua, analizada para hacerles ver cómo Dios actúa con los pueblos a través de los acontecimientos históricos.

Sufrieron ataques de la Guardia Nacional. Durante la entrevista, el padre Argüello contó una anécdota vivida poco antes de la insurrección de septiembre de 1978.

La GN estaba recluida junto al plantel que tenía la Policía en la carretera, pero en la montañita de Ciudad Sandino había un destacamento del FSLN donde había entrenamiento, y la juventud desaparecía de “nuestras clases, pero todo el mundo, sin decirlo, sabía donde estaba”.

A muchos de esos jóvenes los asesinó la GN al encontrarle raspones en los codos y rodillas. “Nos tocó junto con el padre Valentín recoger y enterrar los cadáveres de 28 jóvenes que fueron asesinados en la Cuesta del Plomo.

“Una noche estábamos escuchando Radio Reloj de Costa Rica y escuchamos golpes en la puerta, y de pronto vimos que pusieron los cañones de los fusiles por las ventanas. Era una patrulla de la Guardia Nacional que nos había escuchado risas, porque en Radio Reloj estaba hablando Edén Pastora contando sus hazañas en la toma de Palacio Nacional”, expresó.

Se metieron los guardias, y el que habló dijo: “Soy el Gato Colindres y el que se aletee muere”, y nos encañonó con una metralleta. Estaban varios jóvenes jesuitas y simpatizantes del FSLN que andaban haciendo trabajo político. El guardia preguntó: “¿Estos jóvenes qué hacen aquí?, ¿son los que le hacen daño al pueblo?” El superior, que era el padre Martínez, les dijo: “Son seminaristas”, abarcando a todos en un solo paquete”.


Legisló en el Consejo de Estado
Después del derrocamiento de Somoza, en el nuevo gobierno, el clero de Nicaragua lo delegó como representante ante el Consejo de Estado, el Parlamento provisional que existió entre el 4 de mayo de 1980 a 1985.

Argüello consultó con sus superiores jesuitas, quienes le dieron el permiso de representar al clero en el Consejo de Estado, así como el entonces cardenal Miguel Obando, quien al concluir la reunión le dijo tocándole el hombro: “Álvaro, muy bien, pero no perdás tu vocación”, y así representó a Aclen (Asociación del Clero de Nicaragua).

En el Consejo de Estado llegó a ser presidente de la comisión que elaboró la Ley de Partidos Políticos, y donde se definió que el Consejo iba a desaparecer para dar paso a la actual Asamblea Nacional, producto de las elecciones de 1984.

Enfrentó la decisión del Vaticano que ordenó a los sacerdotes a abandonar cualquier actividad dentro del Estado de los 80, pero un golpe de suerte le ayudó, cuando el entonces presidente del Consejo de Estado, el fallecido comandante Carlos Núñez, le pidió que lo apoyara en una asesoría de relaciones exteriores.

Lo consultó con sus superiores, quienes le dieron el permiso, y esto lo llevó junto al doctor Mariano Fiallos Oyanguren a lograr que Nicaragua volviera a ser incorporada en la Unión Interparlamentaria Mundial (UIP). Se materializó en Manila, donde estaba sesionando la UIP. Nicaragua había sido expulsada de la UIP en tiempos del régimen de Somoza.