Danilo Aguirre
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El somocismo en Nicaragua no sólo fueron los garand y los cascos, junto a un gigantesco estado de corrupción paralelo al Estado formal, emblemático este último, para los que viven ponderando las supuestas bondades del régimen dinástico.

Los Somoza fueron más allá al eliminar escrúpulos en la tradicional forma de hacer política y de ejercer el poder, agregándole a la tendencia autoritaria, discrecional, autocrática y caudillesca con que nacimos a la vida independiente, las componendas prebendarias con el adversario, que desde entonces dieron lugar a los ya tristemente célebres pactos y una nueva fauna: el zancudismo.

Traemos a colación todo esto para señalar que, ni el carácter revolucionario del triunfo popular de julio de 1979 impidió que a partir de 1994 el FSLN asumiera ese mismo estilo de hacer política en Nicaragua, ni que el somocismo volviera por sus fueros, mudando la piel del PLN de los años de dictadura militar, a la de un PLC que los adversó en sus orígenes y donde con escasas excepciones, nunca militaron.

Sólo con estas reflexiones históricas se puede explicar el recurrente discurso de Arnoldo Alemán, de que sus repartos partidarios en las instituciones con el FSLN se deben a la reforma de 1995, que obliga a la Asamblea Nacional a buscar 56 votos para elegir magistrados.

La reforma en mención parte del único intento serio en los últimos años para modernizar al Estado nicaragüense, estableció esa votación calificada precisamente para que ningún partido por sí solo pudiera imponer a sus candidatos, y que obligara a los diputados a buscar un consenso que permitiera elegir a lo más idóneo y capaz de la sociedad nicaragüense.

Antes de esa reforma los magistrados salían de las ternas del Presidente de la República, y por ningún lado se hacía partícipe a la sociedad civil para proponer candidatos.

En dos partidos ya curtidos en esta distribución inescrupulosa de las instituciones, es muy comprensible, y sobre todo en Arnoldo Alemán, que esa forma de obtener consensos y esa intervención de las organizaciones civiles, suene a política de extraterrestres, nunca enseñada en la escuela donde nació y creció a la vida pública.

En esas bancas nada se movía ni se mueve sin prebendas, sin clientelismo, sin halagos, amenazas o chantajes.

El sistema ideado por la reforma de 1995, deja la posibilidad que si no hay consenso no hay elección.

Para los que puedan tener alguna duda les preguntamos: ¿Es mayor el daño a la sanidad de la nación, el que por breve plazo se mantenga la hegemonía de un Partido en una Corte; que el que pueda causarse al pueblo nicaragüense manteniendo un odioso reparto, y dejando escapar la posibilidad de comenzar a estructurar una verdadera institución democrática?