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  • AFP

Un brote de locura colectiva -atribuido a la brujería por los afectados y a la extrema pobreza por los científicos- aqueja a comunidades indígenas del Caribe norte.

La enfermedad ha atacado a indios miskitos y mayangnas que viven en las riberas del río Coco, al noroeste de la frontera entre Nicaragua y Honduras, donde se reportaron una docena de personas con alucinaciones en estados de pánico, confirmó el concejal del gobierno regional, Norman Hendy.

"Esto es una enfermedad que afecta a nuestra población desde nuestros antepasados.. dicen que es un hechizo provocado por los espíritus de los muertos que ataca sobre todo a los jóvenes", dijo Hendy, líder miskito.

El mal, que los nativos llaman "grisi siknis" (locura o histeria colectiva), es atribuido a maleficios a cargo de brujos, muy temidos en la zona, para obligar a la gente a pagar cuantiosas sumas por la cura, con tal de salvar a sus seres queridos.

Los científicos consideran, sin embargo, que la enfermedad es consecuencia de estados graves de desesperación e inanición causados por la extrema pobreza en que han vivido los indígenas del Caribe, situación que se agravó con el paso del huracán Félix, en septiembre pasado.

Maleficios

Según los nativos se trata de un conjuro que se extiende generalmente por varios poblados, en los que la gente comienza a alucinar y correr desesperadamente por las aldeas con palos o machetes en manos, hasta que se desmayan y recuperan la conciencia sin recordar nada.

Para evitar que los enfermos maten o se maten entre sí, los familiares los amarran a árboles en los patios o bien dentro de la casa, pero algunos escapan y huyen internándose en el bosque.

"La gente lo que hace es buscar a los Sukias (curanderos) para que le den el remedio", elaborado con hierbas naturales, explicó el concejal, mientras que otros tratan de localizar al brujo para que les dé el antídoto o para castigarlos.

Hace cuatro años, las autoridades de Salud pagaron más de 10 mil dólares a un curandero para que pusiese fin a un brote de locura en la remota localidad de Raití, cerca del río Coco, porque los miskitos no creen en la medicina convencional.

Cansados de los maleficios, el líder de la comunidad de Yakalpanani, Pedro Urbina, acusó a los brujos de esparcir casi siempre el mal a finales de año para recaudar dinero para Navidad.

Por la cura cobran entre mil y 3 mil dólares y obligan a los comunitarios que viven en la pobreza a vender sus bienes para adquirirla, según denunció. Añadió que es difícil procesar a los supuestos brujos porque cuando los atrapan el juez les dice que el Código Penal no contempla el delito de hechicería, por lo que recurren a sus propias leyes.

Urbina contó que el año pasado la comunidad capturó y procesó a dos jóvenes hechiceros condenándolos a morir en una hoguera, pero como éstos pidieron clemencia decidieron darles otra oportunidad a cambio de que curaran a todos los enfermos, lo que cumplieron.

Las comunidades indígenas del Caribe conservan primitivas formas de organización y mitos que son respetadas por el marco constitucional vigente en Nicaragua.