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Más de dos mil niños trabajan en los cinco mercados capitalinos, según el censo del Instituto de Promoción Humana. La mayoría de los pequeños no asiste a la escuela, son explotados laboralmente, pero sobre todo, están expuestos a los abusos físicos y sexuales, afirmó Adilia Amaya, directora del Inprhu.

Keyling López Escobar se levanta muy temprano en la mañana y sale con su mamá, Lilliam Escobar, en busca de la vida. “Ella lava ropa y yo la ayudo para que salga más rápido y lleve más dinero a la casa”, dice, mientras observa desde una esquina la celebración del Día del Niño, en el mercado de mayoreo.

Comenta que tiene once años, y al igual que sus hermanos menores no asiste a la escuela, pese a que ella vive a media cuadra del centro educativo para niños trabajadores, ubicado en el mismo mercado.

“Sólo estudié el primer grado porque mi mamá no tiene dinero para mandarme a la escuela. Somos siete hermanos y no puede comprar uniformes, zapatos, mochilas y cuadernos para todos”, explicó Keyling.

Su hermana, Dania López, cargaba en brazos a un bebé. Se convirtió en madre a los 17 años; tampoco estudia, aunque confiesa que le gustaría aprender Computación. Ella tuvo la suerte de llegar al tercer año de secundaria, pero la maternidad la obligó a abandonar la escuela.

Para las menores no existe la celebración del Día del Niño, ya que una es trabajadora y la otra una madre adolescente. Ambas, al igual que muchos niños, buscan la vida en el mercado de mayoreo, en la capital.

Puntos de riesgo
Amaya explicó que la vida en los mercados es muy dura, pues existen puntos de riesgo, como las terminales de buses y los callejones solos, donde circulan drogadictos y alcohólicos que ponen en peligro la seguridad de los pequeños.

Según el censo del Instituto de Promoción Humana, la mayoría de los pequeños admitió que les gustaría estudiar, e incluso algunos hacen el intento de ir a la escuela, aunque sea dos veces por semana.

La directora del Inprhu instó al Ministerio de Educación, identificar a los niños trabajadores y apoyarlos para seguir en la escuela. “Sabemos que la gratuidad en la educación es un logro, pero aún existen muchos obstáculos para que el niño permanezca en el sistema escolar”, indicó Amaya.

Además, dijo que el número de niños trabajadores de los mercados aumentará, producto de la difícil situación familiar. Amaya señaló que el alza de los precios, la carestía de la vida la sufre la familia nicaragüense y su forma de dar respuesta es mandando a trabajar a los pequeños.

Uno de los proyectos del Inprhu en el Distrito Seis de la capital es brindar estudios técnicos a 500 madres, para que éstas puedan formar una microempresa y no tengan la necesidad de mandar a trabajar a sus pequeños.