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  • EFE

El transbordador Discovery aterrizó el miércoles sin problemas a las 18.01 GMT en el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral (Florida, EE.UU.), tras 16 días de misión en el espacio.

El aterrizaje se llevó a cabo en medio de unas condiciones climatológica idóneas. Al llegar a tierra, el control de la misión en el centro de la misión de la NASA dio la bienvenida por radio a los tripulantes, a los que felicitó por una "formidable misión".

Antes de su aterrizaje, el Discovery, comandado por Pamela Melroy, inició sin problemas alrededor del mediodía el proceso de entrada en la atmósfera terrestre y comenzó entonces un recorrido de más o menos una hora sobre Estados Unidos.

Esta es la primera vez que una nave realiza dicha trayectoria desde que en 2003 el Columbia se desintegró al re-entrar a la atmósfera debido a una serie de problemas en su protección térmica.

El Discovery ingresó a la atmósfera por la Columbia británica, en Canadá, e hizo un descenso con una trayectoria diagonal sobre Montana (Wyoming), los Great Plains y el sur, y luego entró en Florida. La NASA decidió realizar esta llegada al Centro Espacial Kennedy del transbordador para evitar un aterrizaje nocturno, que entraña más peligro.

Las inspecciones realizadas este lunes y martes de la nave mostraron que la protección térmica del transbordador era capaz de soportar los tres mil grados de calor que debió aguantar a la hora de entrar en la atmósfera terrestre.

Al comienzo de la misión, el 23 de octubre, los astronautas del transbordador y de la Estación Espacial Internacional (EEI) no tuvieron problema alguno en instalar el módulo de fabricación italiana Harmony al complejo y en mover una viga, de unas 17 toneladas de peso, de un lado a otro del mismo.

El citado módulo permitirá que en misiones futuras se ajusten al mismo un laboratorio de fabricación europea y otro japonés. Sin embargo, los sobresaltos de la misión comenzaron el 30 de octubre, cuando los astronautas se vieron obligados a desplegar los paneles solares que soportaba la viga recolocada, en el lado izquierdo de la EEI.

Fue en ese momento cuando el segundo de los paneles sufrió dos rasgaduras, según algunos expertos por un exceso de tensión en uno de los cables que los mantiene a todos unidos.
Ello forzó a la NASA a improvisar la forma de arreglar el problema e incluso a diseñar nuevas herramientas.

Cuatro días después de que se dañaron los paneles solares el astronauta Scott Parazynski trabajó suspendido desde una extensión del brazo robótico del transbordador y a sólo unos centímetros de distancia de los paneles, por los que pasa una corriente de más de cien voltios.

Todo salió bien. Sin embargo, al final de la larga caminata, de siete horas y 19 minutos -duró 39 minutos más de lo previsto-, Parazynski y Douglas Wheelock tenían niveles muy bajos de oxígeno.

Eso les impidió buscar unos alicates que se quedaron flotando en el vacío. Fue la primera vez que un astronauta trabajaba tan lejos de los alrededores de la EEI, tan pegado a unos paneles solares con una corriente eléctrica relativamente alta y moviéndose constantemente hacia delante y atrás. La NASA lo consideró como uno de los hitos en la historia espacial.

El hecho de que los astronautas pudieran arreglar los paneles permitirá que la agencia espacial estadounidense siga adelante con sus planes para el Atlantis este próximo mes de diciembre, que entregará a la EEI el laboratorio europeo.

Sin embargo, pese a que ello permitió que no haya una merma en el suministro energético a la EEI, aún queda pendiente de solucionar el problema con las virutas metálicas halladas en una de las juntas rotatorias de una de las vigas que sustentan los paneles, y que podrían afectar la estructura en el futuro.