Jorge Eduardo Arellano
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Doy públicamente mis disculpas a la poeta Esthela Calderón por recurrir a palabras inadecuadas que lesionaron su dignidad.

Al mismo tiempo, reconozco que la polémica desarrollada en este diario en nada contribuyó a la armonía y solidaridad que debe prevalecer entre intelectuales consagrados a producir belleza y cultura.

Como Editor del Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación No. 137, tomé la decisión –-aprobada por su Consejo Editorial-- de prescindir de las ponencias leídas en el Simposio Internacional RD/2007 que no se concentraron en El Canto Errante, poemario de Rubén Darío y tema central del simposio. En el prólogo de dicho número, aseguré que la poeta Calderón compartía esa decisión, pero no era cierto.

Lamentando mi actitud, que no debió ocurrir, envío a Esthela un fraterno saludo, renovándole mi admiración a su poesía y narrativa.