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La tez blanca-rojiza del mayor general se torna lívida cuando el primer periodista obvia el tema de la conferencia de prensa sobre las operaciones de paz, y a rajatabla, suelta la pregunta feroz que se oye como un balazo a quemarropa: ¿Cómo pueden hablar de operaciones de paz cuando hay una matanza en la finca “El Encanto”, que no ha sido aclarada?
El mayor general Julio César Avilés Castillo, jefe del Estado Mayor del Ejército de Nicaragua, luce el rostro atónito por lo inesperado de la pregunta, y tras unos breves segundos de desconcierto, esboza una leve sonrisa amable que se diluye a un rostro duro cuando responde: “El Ejército de Nicaragua está porque estos hechos se aclaren”.

“Son hechos aislados, no es una política institucional, nosotros estamos a favor del respeto a la vida, por los derechos de las personas, y tratamos en todo momento de contribuir al bien común y al desarrollo de la nación, y estamos esperando a que concluyan las investigaciones del Ministerio Público, y estamos dispuestos a asumir responsabilidades, si así las hubiera, o tomar las medidas correspondientes”, dijo.


Preguntas como bombas
La pregunta no pudo venir en peor momento: se iniciaba ayer el Ejercicio de Operaciones de “Mantenimiento de Paz Norte 2008”, donde el Ejército de Nicaragua es anfitrión de más de 500 oficiales de Fuerzas Armadas de 22 naciones del Caribe, Centroamérica y Estados Unidos.

Aparte de ello, más de 300 personalidades, funcionarios de defensa, agregados militares y diplomáticos, participan en el ejercicio coordinado con el comando Sur de Estados Unidos, cuyo Subcomandante, general de brigada Manuel Ortiz, acompañaba en el podium al mayor general Avilés.

Por eso, hablar de los sucesos violentos de hace dos semanas, donde murieron tres campesinos baleados por efectivos combinados de la Policía y el Ejército, más otro muerto a balazos por militares en Río San Juan, cayó como bomba ante un alto mando como Avilés, poco avezado a enfrentar las baterías periodísticas.


Preguntas explosivas
No terminaban de esclarecerse las columnas de humo del bombazo inicial, cuando un atrevido apuntó al podium y disparó su pregunta cargada de pólvora: ¿Cómo ve el Ejército de Nicaragua que Venezuela, ahora aliada del gobierno, lance sus misiles de práctica?
Más alerta, Avilés esquiva el fogonazo y responde de inmediato: “Cada país tiene derecho a hacer lo propio en el marco de las leyes y de sus habilidades propias. No quisiera yo meterme en situaciones de otros países, son ellos los que necesitan determinar qué necesitan para los fines de su defensa nacional. Nosotros valoramos la paz regional, la paz hemisférica, la paz mundial”. La oficial de protocolo anuncia otro periodista dispuesto a preguntar y el general Avilés se incomoda por instinto. Presintió por dónde venía el misil.

Luis Arróliga, del periódico La República, lanzó un bombazo contra la defensa del general, que ya se veía incómodo detrás del podium que le servía de trinchera: “El presidente Ortega dijo que nunca más echaría la Guardia al pueblo ¿Por qué ahora el Ejército mata a varios hermanos campesinos? ¿Cuántos militares que dispararon contra el pueblo están presos por asesinar a varios campesinos?
No hubo ensayo de leve sonrisa, y el tono níveo de las primeras preguntas dio paso a una tez roja encendida de molestia inocultable del mayor general.

“Quiero desvincular lo dicho por el Presidente de la República, por los hechos a los que usted ha hecho referencia, porque bajo ningún punto de vista ha habido una orden del Presidente de ir asesinar a nadie, los hechos que usted señala están bajo investigación… no es política institucional asesinar a nadie, estamos por el derecho de las personas y somos capaces de dar la vida por este pueblo”.


Sobrevivió al vendaval
Así pasó la conferencia: disparos de un lado y respuestas del otro. Cuando se anunció al último periodista, ya el general de brigada Manuel Ortiz estaba tan angustiado como el jefe del Estado Mayor, y se veía incómodo a su lado, como si temiese que el fuego lo alcanzara con alguna pregunta explosiva que, felizmente, no le llegó.

Y así, con una declaración final del mayor general Avilés anunciando que cinco soldados estaban detenidos bajo custodia militar mientras terminaban las investigaciones, concluyó la conferencia de prensa de la que seguramente el Jefe del Estado Mayor salió pensando haber sobrevivido a un paredón de cámaras, flashes y micrófonos.