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A don Fermín de Jesús Urbina Rivas se le crispan las manos sobre las muletas cuando le dicen que vendió la finca que él, y ocho hermanos y hermanas, recibieron de herencia en 1960 de parte de su padre, Cleto Urbina González.

“Dicen que yo vendí entre 1974 y 1976 la finca a unos hombres de Somoza, que existen papeles con mi firma vendiendo a doña Lilliam Somoza --que yo ni conocía--, y que por eso me dieron 500 mil pesos ¿Cómo iba a firmar si yo no sabía leer ni escribir?”, se queja don Fermín, iracundo y rojo el rostro de la rabia.

“Yo medio aprendí a leer en la Cruzada de Alfabetización (1980), no sabía leer ni escribir, no podía firmar y nunca vendimos ni regalamos ni le prestamos a nadie la tierra”, dice colérico don Fermín, a quien sus nietos tienen que calmar para evitar un mal mayor a su precaria salud de 85 años.

(Con la colaboración de José Adán Silva y Mauricio Miranda)