Jorge Eduardo Arellano
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Redacción Central

América Latina y el Caribe se han ganado la reputación desagradable de ser la región con la mayor tasa de violencia en el mundo, según un reciente reporte de Unicef. Los niveles de violencia armada en la región han llegado a proporciones epidémicas --el 42% del número total de homicidios a nivel mundial tienen lugar aquí--, alimentada por la fácil disponibilidad de armas pequeñas y por una brecha creciente entre los segmentos más ricos y los más pobres de la sociedad.

Según Unicef, la violencia social y el delito armado también están creciendo en general en la mayoría de los países de la región. Desafortunadamente, los niños y adolescentes son objeto de la violencia: el Caribe está en primer lugar, a nivel mundial, en cuanto a tasas de asesinato, y tiene las mayores tasas de homicidio entre adolescentes de entre 15 y 17 años.

El informe precisa que los varones tienen una probabilidad seis veces mayor de ser víctimas que las niñas. En Jamaica, durante los últimos cinco años, más de 300 menores, principalmente varones, han sido asesinados; y en los últimos tres años las armas de fuego han sido responsables de casi la mitad de los asesinatos de niños. En 2005, 418 niños fueron asesinados en Guatemala, y 322 de esas muertes fueron causadas por armas de fuego.

Los secuestros en Haití
En Haití, el secuestro de niños ha aumentado exponencialmente en el transcurso de los últimos días y meses. Hasta la fecha, en el presente año por lo menos cincuenta niños y niñas han sido secuestrados (más de la mitad de ellos niñas). Durante los primeros cinco meses del año pasado, 31 niños habían sido secuestrados.

De acuerdo con Unicef, si bien erradicar el comercio ilegal de armas pequeñas es un componente crucial de la lucha contra la violencia armada, es importante no mirar la violencia relacionada con armas de fuego en forma aislada. Existen vínculos estrechos entre la violencia armada contra los niños y otras formas de violencia.

Por ejemplo, presenciar violencia en el hogar o ser víctimas del abuso físico o sexual puede condicionar a los niños o adolescentes a ser víctimas o perpetradores de violencia armada, y es esencial comprender estos factores para formular políticas y programas efectivos para prevenir la violencia.


El peso de la violencia
La violencia pesa sobre las vidas de los niños, de las niñas y de los adolescentes, aun cuando no son asesinados o heridos con armas de fuego. En 2006, el estudio pionero del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la violencia contra los niños, reveló que los niños y niñas son expuestos de manera rutinaria a violencia física, sexual y psicológica en sus hogares y escuelas, en los sistemas de atención y justicia, en los lugares de trabajo y en sus comunidades. Todo esto tiene consecuencias devastadoras en su salud y bienestar, ahora y en el futuro.

La violencia contra los niños y niñas daña profundamente no solamente a sus víctimas sino también a sus familias, amigos y comunidades. Sus efectos se ven no sólo en la muerte, lesión y discapacidad, sino también en términos de la calidad de vida.