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PUERTO CABEZAS, RAAN

Simón Leman y Óscar Castrillo Fúnez, ambos de 25 años, son los dos primeros buzos en padecer el síndrome de descompresión, debido a un accidente, a pocos días de iniciada la temporada de pesca de langosta.

Los dos jóvenes que se encuentran hospitalizados en la sala de varones del Hospital Nuevo Amanecer, relataron que sufrieron la parálisis después de haberse sumergido a unos 120 pies de profundidad en las aguas del Atlántico Sur, en bancos de pesca donde laboran buzos de pesca artesanal radicados en Corn Island.

El primer buzo que sufrió accidente fue el joven Simón Leman López, quien el pasado miércoles, después de siete días de laborar, se sumergió en busca del “oro del mar”, pero al salir se dio cuenta de que se le estaba adormeciendo desde la cintura para abajo, a tal grado que ya no podía caminar.

Según cuenta, él fue trasladado a Bilwi en una lancha particular a la cual su jefe, Harry Martínez, le pago dos mil córdobas. Luego fue abandonado por su empleador, quien según Leman, vende o pesca para la empresa Pasenic.

Mientras tanto, el buzo Óscar Castrillo Fúnez manifestó que es originario de la comunidad Sheran Sandy Bay, y que antes había laborado por alrededor de siete años para la empresa de pesca industrial Copescharle. Sin embargo, esta vez pensó independizarse, tomó una lancha y combustible, y junto a otros compañeros de su comunidad partió a trabajar, lo que no fue la mejor decisión, pues a los pocos días se accidento, y ahora está en el hospital, sin dinero, sin seguro, sin contrato y sin poder regresar a pescar el resto de su vida.


Accidentes a los 120 pies
Un dato interesante en ambos casos es que los buzos manifiestan haberse accidentado después de estar sacando langostas a más de 120 pies de profundidad, sin las medidas mínimas de seguridad, sin profundímetro, sin contratos, sin seguros, sin nada.

Otro detalle es que las víctimas de esta situación, siguen siendo los jóvenes y adultos indígenas miskitos, mientras los empresarios y dueños de acopios llegan a arreglos especiales y pasan por encima de las leyes, y acrecientan sus cuentas bancarias.

“A mí me tiene sin problema si mañana decide el gobierno cerrar el buceo o la captura de langosta, nosotros estamos en este negocio porque hemos hecho suficiente plata y podemos irnos con nuestro capital a invertirlo donde queramos”, dijo un empresario a este reportero en meses pasados, como quien dice, que no le importa la vida de los buzos miskitos.