Jorge Eduardo Arellano
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Madrid / El País
Sabe que trata sobre una enfermedad poco mediática. Pero eso no le quita gravedad. La malaria mata a un millón de personas al año en el mundo, de las que 900,000 son niños, pero como --todavía-- no afecta a los países ricos del norte, se encuentra englobada dentro de la clasificación de las enfermedades olvidadas. Alan Court, londinense de 60 años, es desde el 1 de abril asesor principal del enviado especial para la malaria del secretario general de la ONU. Un cargo con nombre largo y responsabilidades aún mayores.

Court, pedagogo y sociólogo rural, ha trabajado durante 32 años en Unicef. Y su preocupación por los niños no ha menguado con su nuevo cometido, sino todo lo contrario. “La malaria es la segunda causa de muerte entre los niños africanos después de la neumonía”, afirma.

La infección mata a 800,000 menores de cinco años del continente cada año, más que el Sida, “aunque se hable mucho menos de ello”, dijo el lunes tras participar en un acto sobre la infancia en África organizado por Unicef. La lucha contra la enfermedad está en una encrucijada. Por un lado, hay un esfuerzo decidido a acabar con ella. Pero ha aparecido una nueva amenaza. “De los cuatro tipos de parásitos que la causan, hay uno, el Plasmodium falciparum, que es el más mortal. Es el que se da en África. Pero estamos viendo que este tipo se está extendiendo por América Latina y Asia”, dice Court. Un peligro ante el que hay que reaccionar “si no queremos que la situación se agrave”, señala el experto.

Prevenible y tiene cura
Lo peor, desde el punto de vista de un especialista, es que la malaria es prevenible y tiene cura. Pero ninguna de las dos opciones para derrotar a la enfermedad es factible en muchas partes del mundo. “Un total de 600 millones de personas viven en zonas de riesgo”, indica Court. “A dos personas por mosquitera, ello quiere decir que hacen falta 300 millones” de redes impregnadas en insecticida que evitarían la picadura del mosquito. “No es un remedio caro: cada una cuesta unos 10 dólares (6.5 euros), de los que la mitad son el precio de la red, y el resto el del transporte y la distribución”, añade Court. Pese a ello, “sólo hay 50 millones de mosquiteras en circulación. Faltan 250 millones. De ellas, 120 millones ya están comprometidas por alguna organización. Por lo tanto, hace falta buscar financiación para 130 millones”, calcula.

Esa carencia implica que unos 260 millones de personas --dos por mosquitera-- corren un peligro cada noche. El experto no aporta los datos porque sí. A 10 dólares la mosquitera, prevenir la enfermedad costaría 3,000 millones de dólares (1,950 millones de euros). Una cifra “que es la décima parte del coste que tiene la enfermedad, que sólo en África se ha calculado en 30,000 millones de dólares (19,500 millones de euros), si se tiene en cuenta la pérdida de horas de trabajo, el cuidado de los enfermos y la carga de los sistemas sanitarios”.

“La malaria tiene cura y ya existen sistemas de detección rápidos”, insiste Court. “Un tratamiento combinado basado en la artemisinina (una planta china) cuesta unos 3.6 dólares por persona (2.3 euros), una cantidad importante para un africano, pero asumible”, insiste Court. Así que lo que falta es voluntad.

“Hay demasiadas personas que han sido picadas por el mosquito. Tendrán que pasar generaciones hasta que el mosquito plasmodium sea extinguido”, concluye.