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En 1985, María Eugenia Urroz apareció en la primera plana de EL NUEVO DIARIO con declaraciones que brindó en Sevilla, España, al Diario 16, y 23 años después vuelve a ocupar el mismo espacio, pero esta vez con toda la suma de una intensa biografía que enriqueció el mundo artístico nicaragüense.

Con 28 años en el canto profesional, María Eugenia es una mujer que nació hecha para el escenario. Contrario a la mayoría de su género, no esconde el calendario: nació en Managua, el 20 de enero de 1959.

Su padre fue René Urroz Rojas y su mamá es Gloria Estela Álvarez. Tras bachillerarse fue a León al básico de la UNAN, porque su meta era estudiar Farmacia, pues desde muy niña le decía a su hermano, quien es médico: “Vos vas a ser médico y yo voy a poner mi farmacia al lado tuyo”.

Estudió el primer año de Farmacia en León, cuando empezaron de lleno los preparativos insurreccionales en las principales ciudades, que desembocaron en la ofensiva final y el derrocamiento de la dictadura somocista.

“Hubo algo que no me dejó que me afianzara, pero más el ambiente que había en León en los años 76 y 77, y como era muy apegada a mi mamá, no aguanté mucho”, relata.

En ese entonces, en la UNAN-León comunicaron que abrirían la carrera de Farmacia en Managua. María Eugenia regresó a la capital, y como no se concretó el proyecto, clasificó para Psicología, carrera que cursó en el Recinto Universitario “Rubén Darío”.

Y como no hay mal que por bien no venga, los conocimientos que adquirió en Psicología, le sirvieron mucho a María Eugenia en el aspecto personal, entre ellos tener un fuerte autocontrol, lo que en otras palabras significa mantener dominio escénico.


Talento del canto
Sobre cómo descubrió su talento artístico, María Eugenia recuerda que “desde que estaba chiquita me gustaba el canto; ponía el radio a todo volumen y me ponía a cantar. Me ponía frente un espejo, tomaba el cepillo de peinar como que era el micrófono y me imaginaba que estaba frente a un público.

“Eso fue como una fantasía, y me imaginaba que estaba frente a un gran público y todo mundo se moría por mí”, confiesa María Eugenia, quien en el colegio se involucró en actividades culturales relacionadas con el canto. Lo mismo hizo en la universidad y en otros ambientes antes de comenzar a cantar profesionalmente.


La Guardia le mató al novio
El pasado 18 de junio, cumplió 29 años de muerto un novio que tuvo en su época de universitaria en León. Con ese joven, Jorge Argüello, tenía planes grandes, pero la Guardia somocista lo asesinó en una de las calles de la Ciudad Universitaria.

Además, influyó en su formación para el canto su papá, que estaba organizado en la iglesia Pío X, en Bello Horizonte, donde se formó un coro en octubre de 1979, cuando se hacían misas por la memoria de los caídos en combate en la lucha contra el somocismo.

Aún María Eugenia recuerda a su papá, que la tomó del brazo y le dijo: “Vení, no estés triste, cantá en el coro”. Y así los muchachos se entusiasmaron y le dijeron: “Ensayemos tal canción, hagamos tal cosa. Así me vine quedando en algo que me gusta”.

A estas alturas, dice que si Jorge no se hubiera muerto y “yo hubiera seguido con mi vida en el sentido de terminar mi carrera, a lo mejor nunca hubiera tenido la oportunidad de comenzar a cantar, porque estando en el coro de la iglesia, en marzo o abril de 1980, fue que llegaron a mi casa Augusto Gallegos y Alfredo Rosales (de Llama Viva) a buscarme”.

A Gallegos y a Rosales alguien les había hablado de una muchacha que cantaba en el coro de la iglesia Pío X.


Primera prueba de fuego
Antes de dar su primer paso al canto profesional, María Eugenia le preguntó a papá sobre la propuesta. Él le dijo: Aventate, si sale bien, pues perfecto. “Pero mi mamá se puso en contra y planteó: ¿Cómo se va a ir a cantar con ese montón de hombres?”

Su mamá le puso como condición que si quería cantar con Llama Viva, “yo tenía que terminar mi carrera (Psicología)”. Y comenzó con “Llama Viva” en abril de 1980, aunque después incursionó con el grupo “Los Galos de doña Gala” y participa en el festival de la canción popular nicaragüense en 1982.

Estando con Los Galos de doña Gala, comenzó a trabajar en locución en Radio Sandino en 1982, gozando del apoyo de “Chuno” Blandón, además del maestro de generaciones de periodistas, Rodolfo Tapia Molina, ya que María Eugenia también trabajó en el programa radial “Los Cachorros”.


También en el teatro
“Chuno” Blandón le dijo en una ocasión: “Si tenés tanta expresividad al momento de cantar, también lo podés hacer en la locución”. “Chuno” también le dijo que podía incursionar en el teatro, lo que hizo varios años después.

Después aparece la situación de que Los Galos de doña Gala se van del país, aparece el proyecto de Praxis, y en agosto de 1983, ese grupo es invitado por Cuba y la Unión Soviética, por lo que invitan a María Eugenia a acompañarlos.

Al llegar 1985 se produce el Festival de Música “Gastón Pérez”, que lo gana María Eugenia y se le da a la oportunidad de representar a Nicaragua en el festival de la OTI (Organización de la Televisión Iberoamericana) en Sevilla, España.

En esa oportunidad, María Eugenia interpretó un tema de Mario Montenegro que se llama Carta de Amor para Este Tiempo.

En ese festival María Eugenia conoció a figuras del canto internacional como Gilberto Santa Rosa, cuando todavía no era la gran figura de la canción que es hoy.

También compartió con Paloma San Basilio cuando estaba haciendo un ensayo preliminar en Madrid, ya que ella fue la presentadora y conductora del festival de la OTI, y conoció a Rocío Jurado.


Otras divas del canto
Cuando María Eugenia comienza a cantar, ya había otras jóvenes destacadas en la farándula nacional: Violeta Rostrán, Martha Vaughan, Flor de María Medina y María Luisa Mendoza, ahora dedicada al canto cristiano.

En ese momento también aparece Marbelí Blandón, y en esa misma época empiezan a cantar Ligia Barrios y Martha Baltodano, pero de todas estas muchachas, las que se mantienen activas casi todas las semanas, son María Eugenia y Marbelí Blandón.


Nunca estudió en una
escuela de canto
En su historia también está la forma en que aprendió a dominar las técnicas para el canto, pero María Eugenia nunca fue a una escuela de ese tipo, sino que aprendió en el camino “porque uno físicamente va entendiendo cómo puede acomodar la voz”.

“Tuve un par de veces lecciones del profesor de técnica vocal don Ramón González, quien acaba de fallecer”, recuerda.

La primera vez que llegó donde don Ramón fue mascando chicles, por lo que el maestro le espetó: “¿Y usted a qué viene, a aprender a boxear o a aprender a cantar?” Eso le sirvió como lección a María Eugenia, nunca más volvió a mascar chicles.

En 1985, trabajó en la entonces televisión del Estado en un programa llamado “Los especiales del mes”, junto a Oscar Miranda. Era un espacio mensual donde también figuraban doña Adilia Méndez, Tránsito Gutiérrez, César Andrade y Marina Cárdenas, entre otros.

Ese mismo año se le presentó la oportunidad de ir a participar en el festival de Dresden, en la desaparecida Alemania Democrática, donde le tocó aprenderse una canción en alemán. La canción que interpretó ocupó el lugar número 12.

En 1987 se formó en Nicaragua una orquesta que se llamó Tierra Rara, la cual lideraba Pancho Cedeño. El proyecto tenía visión de que podía pegar, pero en el camino se quedó. María Eugenia estuvo con ellos y viajó a Perú, pero después tuvo que abandonar el grupo porque salió embarazada de su primera hija, Raquel, ahora una veinteañera estudiante de arquitectura.

En 1989 participó en el festival de la canción romántica, en Cuba, donde conoció a la última esposa que tuvo Agustín Lara, y a Carlos Cuevas, un gran baladista mexicano. Ese mismo año participó en el último Festival de la Canción “Gastón Pérez”, con un tema de Francisco Cedeño dedicada a Walter Ferreti. En ese festival quedó en segundo lugar, detrás de Katia Cardenal.

En marzo o abril de 1990 surge el proyecto del grupo Macolla, con el cual María Eugenia comenzó otra etapa en el canto. En 1995 se le metió en la cabeza que se podía hacer algo diferente con Llama Viva, en lo que fue el proyecto Revival.


Otras aristas de su vida
María Eugenia también ha tenido otras aristas en su vida. Primero incursionó en el área de la publicidad con Humberto Sánchez Martinica. “Le doy gracias a Dios que me fue poniendo ángeles en mi camino y que me enseñaron a trabajar”, precisa.

“No solamente me enseñaron a trabajar, sino a tenerle amor a mi trabajo, y uno de esos ángeles es también ‘Chuno’ Blandón”. En esta galería “angelical” vuelve a mencionar a Rodolfo Tapia Molina.

Después laboró por seis años en la disquera Sony Music, en el campo de la promoción. Como se produce la reducción a la mínima expresión de las oficinas de la disquera, se quedó sin trabajo por espacio de dos meses.

Como su hermano, el médico, tiene su clínica y farmacia, le dijo a María Eugenia: “No te preocupés, me vas a ayudar”. Ella se metió a un mundo desconocido, a empezar a conocer los fármacos y el manejo del dispensario.

Y para plasmar el sueño que tuvo desde niña, decidió hacer un préstamo a un banco y así logró instalar su farmacia, que ya cumplió cinco años. Ahora, el negocio es una nueva motivación en su vida. Al tocar el tema, las lágrimas hablaron más que sus palabras. Los sueños, la verdad, cuestan.