Jorge Eduardo Arellano
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Nicaragua debería prestar suma atención y reflexionar en torno al fenómeno de la “sopa de plástico”, pues lo mismo ya está sucediendo en sus lagos y lagunas como consecuencia de la falta de voluntad política por proteger y conservar los mantos acuíferos, y promover un tratamiento adecuado a los desechos líquidos y sólidos.

De eso está convencido Salvador Montenegro, representante para Nicaragua de la Asociación Mundial para el Agua (GWP, por sus siglas en inglés) y Director del Centro de Investigaciones de los Recursos Acuáticos de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (CIRA-UNAN), quien enfocó su preocupación en las lagunas Tiscapa, Apoyo, Masaya y los lagos Xolotlán y Cocibolca.

Alertó que esos lagos y lagunas ya están convertidos en verdaderos basureros subacuáticos por las constantes y crecientes amenazas de acumulaciones de polietileno, capaces de provocar grandes catástrofes ambientales como la “sopa de plástico”.

“Son grandes depósitos de basura que amenazan a los seres vivos en ese hábitat”, indicó, al lamentar que Nicaragua no cuenta con una verdadera política que obligue a las empresas embotelladoras, dueñas de gran parte de los desechos plásticos o a las empresas vendedoras de agua, a reciclar este material.

Montenegro expondrá en detalles este fenómeno durante la Capacitación en Gestión Integrada de Recursos Hídricos que disertará especialmente a periodistas, como parte de la agenda de trabajo de la Asociación Mundial para el Agua en Centroamérica (GWP Centroamérica).

Marianela Argüello, Oficial de Comunicaciones de GWP Centroamérica, dijo que esta actividad se realizará en el Hotel Hilton Princess Managua el próximo sábado en horas de la mañana, donde los representantes de Nicaragua esperan desglosar el alcance de este fenómeno en nuestro país.

De igual manera y con una sentida preocupación sobre la contaminación de los recursos hídricos, el ambientalista Kamilo Lara recuerda la frase de un poeta brasileño, quien decía que “el ser humano es la única especie que escupe el agua que después se ha de beber”.

Para Lara este problema de la “sopa de plástico”, que es inminente en Nicaragua, se pudo comenzar a evitar desde los años 80, cuando la contaminación no había alcanzado niveles alarmantes. Sin embargo, la escasez de recipientes plásticos en esa época llevó a la población a recurrir a las bolsas plásticas para el uso cotidiano, rememora Lara.

Cloacas mundiales
También recuerda que en los años 90, cuando el Ejército y la Cruz Roja realizaban ejercicios de entrenamientos en la laguna de Xiloá, los buzos se dieron cuenta de que tenían dificultad para navegar porque había un “colchón de desechos sólidos” sumergido en las aguas. En ese momento se encendió una alarma para poner atención a ese problema, pero Lara lamenta que “en Nicaragua no se ve la contaminación que ocurre más allá de nuestras narices; los lagos y los mares los estamos convirtiendo en grandes cloacas mundiales”.

Para Lara, la contaminación en los lagos y mares es una amenaza a la salud pública. “Desgraciadamente tenemos una cultura de hacer de nuestras lagunas y mares una chureca de basura, que genera contaminación, que perjudica la fauna acuática y el ecosistema”.

Lara dice que actualmente tenemos una cloaca que está en el corazón de la capital. Con decepción manifiesta que “en otros países la gente anda inventando lagunas artificiales y en Nicaragua nosotros destruimos una que es natural”.