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El histórico Repliegue Táctico a Masaya, encierra la historia de miles de nicaragüenses que vivieron ese acto heroico desde distintas posiciones. Francisco Emilio Miranda Mongalo no vivió el peligro que sintieron las más de seis mil personas, que bajo el fuego de la guardia somocista caminaron hasta llegar a Masaya.

Miranda Mongalo no ayudó a trasladar a los heridos del bombardeo que durante 17 días lanzó la guardia somocista sobre los barrios orientales, con la desesperación de un dictador que miraba irse de sus manos el poder.

Él participó en otra misión, tan peligrosa o más que El Repliegue. Recuerda que junto a Modesto Rojas y un joven que murió, y cuyo nombre no recuerda, trajeron de Costa Rica un cargamento de armas que sirvió para el multitudinario retiro hacia Masaya.

Aún se emociona al recordar que participó de dos misiones históricas en la lucha insurreccional contra Somoza. La primera fue el 30 de mayo de 1979. “Estaba acantonado en Liberia, Costa Rica, cuando recibí una llamada de Víctor Tirado López para que me trasladara esa noche a San José”.

Esa noche, antes de las doce, salieron de San José con rumbo a Nicaragua, en medio de un tiempo adverso para volar, porque había tormenta, y el peso de las armas sobrepasaba lo establecido en las normas.

“Fue un infierno, pensé que ahí terminaría todo, pero gracias a Dios que nos protegió porque era una lucha justa”, recuerda Miranda, ahora, un hombre de 67 años, enfermo, pero con entusiasmo para trabajar a favor de la Región Autónoma Atlántico Norte, de donde es originario.


Le pegan a hélice de nave
La misión no llegó a su fin y debió regresar a San José con el cargamento de armas, pues además del mal tiempo, la Guardia los detectó y los siguió, y les pegó en la hélice trasera después de una persecución.

La segunda misión --y por la que aún Miranda siente orgullo-- fue el traslado de armas de San José a Nicaragua, las cuales fueron utilizadas para El Repliegue. Volamos en un avión civil con capacidad para seis pasajeros, pero que venía cargado con tres mil libras de armas.

“Junto a Modesto Rojas y otro joven, entramos a Bello Horizonte, en lo que fue la primera misión área del Frente Sandinista, y que sicológicamente tuvo impacto a nivel nacional e internacional, cuando se dice que la Fuerza Aérea Sandinista está incursionando”.

Refiere que por la comunicación por radio, se enteró de que la Guardia creía que se traba de mercenarios, porque volaban en un push and pull que utilizaban en los bombardeos contra los guerrilleros y la población que los apoyaba, pero era un avión civil de dos motores.


Altercado con Paul Atha
Después de aterrizar con las armas tuvo una discusión con Paul Atha (Toño), pues quiso poner a descargar a su gente, y él le dijo que esa no era su misión y no le hizo caso, porque además lo conocía bien, y sabía que había sido administrador de las haciendas de Silvio Argüello Cardenal, que trabajaba con Somoza.

“Siempre viví preguntándome si había cometido un pecado contra Dios, por meter armas para que se mataran entre hermanos”, expresa Miranda, quien tras indicar que trata de vivir día a día, según las palabras de Dios, diario reza la oración de Gandhi.

Miranda se involucró en la lucha revolucionara, al regresar de Brasil, donde trabajó como piloto durante cinco años, y de donde fue deportado por no pagar una multa que, según él, le correspondía al embajador.

Su primer contacto con el FSLN fue en León, a través de Azucena López, entonces su esposa, y quien trabajaba con una sobrina. Fue así como comenzó a contactarse con otros pilotos, que también estaban en la lucha contra Somoza.

En la insurrección anduvo con Oscar Perezcassar y Edgard Lang. Participó en la lucha armada en León, y de ahí recibió orden de asilarse en Colombia, hacia donde salió vía San Andrés. Luego regresó a Nicaragua para participar en entrenamiento en la “Patricio Argüello”, en Rivas, donde alfabetizó a numerosos campesinos, junto al cura guerrillero Gaspar García Laviana.


Guerrillero del Aire
Posteriormente fue enviado a Liberia, desde donde trabajó en misiones relacionadas con el traslado de armas a Nicaragua. Miranda reclama un lugar en la historia y pide que se haga justicia, porque si bien reconoce que cometió errores, ya es tiempo de olvidarlos, y por encima de todo debe estar su participación en la lucha, por lo cual fue llamado “el Primer Guerrillero del Aire”.

Ese error, cuenta haberlo cometido en octubre de 1982, cuando se llevó un avión de la Fuerza Área porque sentía que su vida peligraba y no pudo manejar la situación.

“Peligraba mi vida porque estuve cuestionando que los cubanos tuvieran tanta incidencia, criticaba, y entonces otros cuadros se aprovecharon, entre ellos Adolfo Chamorro César, que me carboneó con el presidente (Ortega) a quien nunca he tenido la oportunidad de explicarle lo sucedido”.

Miranda sólo pide cinco minutos de su tiempo al presidente Daniel Ortega para darle su versión de los hechos, y espera que lea su historia para que le hagan justicia, porque sus propiedades, dos aviones y un aserrío están en manos de personas que lo disfrutan, mientras él atraviesa por calamidades por encontrarse enfermo y sin recursos económicos. “Es un reclamo justo y legal, y es tiempo de que me perdone por lo que hice”.

“Soy diabético y espero pasar mis últimos días en Puerto Cabezas, y si me indemnizan por lo perdido, utilizaré el dinero para varios proyectos en la Región Atlántica Norte, donde hace falta de todo y sé que tengo la capacidad de reforestar la zona. No quiero que mi caso se politice, sólo espero que se haga justicia”, dijo el veterano luchador.