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San Francisco, California
Las quejas de los nicaragüenses en la unión americana llegados al buró de END en California, de que en los únicos seis Consulados existentes no responden cuando quieren hacer una consulta telefónica sobre una necesidad sobre negocios, visados o en temas generales, fueron tan constantes que decidimos constatarlo y el resultado es correcto, no hay nadie que responda una llamada, aun cuando ésta se hace en el horario de trabajo, según lo indica una voz femenina pregrabada.

Lo tedioso del asunto es que se tiene que escuchar un mensaje bilingüe de casi dos minutos que con solemnidad dice horarios, habla de los días festivos -que parecen todos-, para después indicar que si se conoce el número de la extensión que se marque o caso contrario que se marque el cero con la operadora para tener la comunicación con un empleado consular.

Al hacer esto, dado que las extensiones posiblemente las tienen los familiares, no el público, la historia se repite: otros 2 minutos de lo mismo…y para remate, cuando dice que se deje un mensaje, la bendita máquina responde en inglés que el buzón de mensajes está lleno.

En todos igual
En todos a los Consulados a los que llamamos: San Francisco, Los Ángeles, Miami, Houston, Washington, la historia fue exactamente la misma, a excepción de Nueva York, donde al menos la grabadora tenía espacio para dejar mensaje, pero nadie respondió.

Sabemos por décadas que la maleta consular se va cada semana cargada de dólares para la Cancillería de la República; sabemos que en la media docena de consulados nicas sólo hay entre dos a tres empleados, incluyendo al representante consular, y sabemos también que los nicas que están aquí son olvidados por los gobiernos de antes, y por el actual parece peor, y le vale que los nicas que aportan a la economía nacional cientos millones de dólares en divisas con sus remesas cada año, tengan el pésimo servicio del cual se quejan los paisanos por montón.

La representación consular nicaragüense en Estados Unidos, es simplemente una legión de “Pilatos”, todos se lavan las manos, y aquí incluimos a la Embajada en Washington, que dice no tiene nada que ver con los consulados, sino la Cancillería.

“Apoyo” disparatado
En los consulados dicen que no tienen presupuesto para más empleados y atender debidamente a su jurisdicción, que a veces está conformada por tres o cuatro Estados y con una planificación geográfica que parece la hizo un equipo de especialistas que jamás ha visto un mapa en su vida, y recetan las gestiones a los residentes de un Estado lejano al Consulado más distante, aunque en la mitad del camino esté uno más próximo. Es el caso de California con San Francisco y Los Ángeles con los nicas en Alaska y Oregón, cuyos trámites son en la ciudad Angelina, no en San Francisco, la pequeña diferencia sólo son 500 millas.

Como para todo hay una respuesta, nos dirán que no tienen que viajar, sino hacer el trámite por correo, teléfono o internet, pero volvemos a lo mismo, nadie responde al teléfono y los correos electrónicos son vistos a la muerte de un obispo.

O tal vez nos van a contestar que ese delineamiento es por “razones de seguridad o estrategia”, lo cierto es que como la comunidad nicaragüenses es gente común y corriente como todos nosotros que alzamos la voz por ellos, no sabemos cuál es la solución a esto, por lo que nos lavamos las manos en este asunto y le pasamos la pelota a la Cancillería para que dé una sabia solución en esto tan sencillo, pues para ayudar a familias de fallecidos o indocumentados en prisión nunca pueden hacer nada o no saben qué hacer.

No queremos omitir que estamos sabidos de que Nicaragua es una nación pobre y por eso no tiene para tener personal apropiado en los Consulados, pero entonces por qué alquilan una oficina en el centenario edificio James Flood, en el 870 de la calle Market, el propio centro de San Francisco, que cuesta por lo menos US$4.000 mensuales, algo así como la pensión de un ex presidente después de la revolución.