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Otilio Martínez Montenegro comenzó a dibujar en el primer grado, a los cinco años, en una clase de dibujo en la que una maestra de apellido Gallo les dijo a los niños que durante esa hora, pintaran lo que quisieran.

Con mucho esmero, el niño flacucho dibujó a su mamá lavando ropa, con el chorro de agua cayendo a la pila y de fondo su casa. Pero su obra no fue premiada, pues la maestra, muy molesta, pensó que él le había arrebatado el dibujo a otro niño y como castigo, lo envió al pizarrón a repetirlo.

“Jamás olvido mi primer dibujo, porque la maestra se admiró mucho cuando vio que lo repetí en el pizarrón igual que en el block de papel de envolver zurcido que era mi cuaderno. Mi hermano, uno de los nueve que tengo, le contó a mi papá, Genaro Martínez, lo ocurrido, y desde ese día él y mi mamá, que en paz descanse, Otilia Montenegro, fueron mis fans número uno”, afirma Otilio.

Pintando y creciendo
“Yo crecí pintando --reconoce Otilio--, aunque al inicio sólo dibujaba a mi papá, que trabajaba en la aduana y a la vez tenía una barbería. Siempre me tenía en el negocio y yo dibujaba a sus clientes, los que se maravillaban conmigo”.

“En quinto y sexto grados descubrí el óleo y las temperas porque me hice amigo de Gustavo Noguera Calderón, que, siendo niño, también usaba esa técnica. Primero, porque tenía el talento, y, obviamente, más recursos que yo. Entonces sólo pintábamos a nuestros héroes Bruce Lee y los shaolines de las películas que veíamos en el cine”, recuerda Otilio.

Al llegar a la secundaria, en 1975, el Instituto “Azarías Henry Pallais” era uno de los más reconocidos de Occidente, pues los maestros fomentaban la cultura entre los estudiantes y pulían a aquéllos que mostraban talentos para el arte.

“Pintores y dibujantes éramos un grupo algo grande. Estaban Danilo Murillo, Enrique Peralta, Cairo Díaz, el hoy arquitecto Marvin Rocha, Gustavo Noguera Calderón, Fabricio Martínez, Alberto Ramírez y Santi Luna, ambos ya fallecidos, siempre estábamos compitiendo por ser los mejores”, recuerda.

A los 16 años consiguió su primer trabajo como pintor, y si bien no fue pintando al óleo, su paso por los cines Nora y Mercedes, dos de los tres que existían en Corinto le sirvieron para enseñarle a hacer letras que hoy se destacan en las camisetas que vende de su natal isla.

“Ovidio Sáenz me enseñó a hacer letras en los carteles del cine. Yo me sentía orgulloso de trabajar, pero no sólo era el trabajo, era hacer lo que me gustaba. Así andaba armado todas las mañanitas con una escalera, los rótulos y un tarro con almidón poniendo carteles por todos lados”, comenta.

Fue gracias a este empleo que se hizo independiente económicamente, y pudo --con su propio dinero-- entrar por primera vez a la discotheque Samantha, una referencia de los años 70 en el país. “Me volví loco. Para mí era como de otro mundo la música, soy fanático de la música también”, afirma.

Haciendo sellos postales
En la década de los ochenta, al concluir su bachillerato se trasladó a Managua a estudiar dibujo publicitario y medios de comunicación en la Universidad Politécnica (Upoli). “Ahí caí en manos del profesor Camilo Pineiro”, recuerda. Estando allá obtuvo empleo en Correos de Nicaragua haciendo sellos postales.

“Recuerdo con alegría cuando llamé a mi papá y le dije que yo iba a pagarme la universidad”, cuenta Otilio. Después con las compactaciones salió de ese trabajo y regresó a Corinto.

En los colegios
No es la primera vez que Otilio visita las escuelas con un mensaje positivo, como lo hace ahora con sus clases y concursos de dibujo. Hace más de una década, por iniciativa propia también y sin pago alguno, las visitó para dar un mensaje contra las drogas, una sombra que con la ayuda de Dios dejó en el camino.

“Esa fue una etapa de mi vida en la que me sentí muy solo. Me drogaba, pero Dios tocó mi corazón y me dio la fortaleza de limpiarme y ahora me siento feliz. Doy clases gratis a los niños en mi casa, y mi sueño es poder tener una escuela de dibujo, porque yo creo que el dibujo o el arte en general, es la oportunidad para los niños de salir adelante”, afirmó.

Con ayuda de amigos en Estados Unidos, el pasado tres de mayo Otilio realizó el primer certamen municipal de dibujo. “Mis amigos mandaron los premios a los primeros lugares, pero fueron cuarenta los niños que participaron, entonces los premié a todos con ayuda de la Alcaldía dándoles un tour artístico al Palacio de la Cultura, a Galerías, a ver murales a la Catedral vieja. Eso ha inspirado a más niños a dibujar”, relata Otilio.

Muchos padres han reconocido que el trabajo dedicado de Otilio y el premio de viajar aunque sea a 154 kilómetros de Corinto, ha motivado a sus hijos a dejar el nintendo y la bicicleta para usar más sus crayolas en espera del próximo concurso.

Otilio tiene la intención de convocar a nuevo concurso de dibujo infantil, pero confiesa que ahora no cuenta con patrocinio. “No quisiera que políticos y candidatos contaminen este esfuerzo. Ya los niños me preguntan cuándo será el otro concurso, pero no tengo ahorita. Espero que hayan lectores interesados en apoyar esta causa”, concluyó el pintor.

Primera exposición
Pese a que algunas personas le critican que únicamente pinta paisajes y recuerdos de Corinto, Otilio afirma que es un pintor regionalista y está en la campaña de reunir sus mejores cuadros para realizar su primera exposición.

“Yo manejo las técnicas, pero reconozco que el mejor pintor del puerto es don Baltasar Rodríguez. Quiero hacer una exposición, incluso haré una para el 150 aniversario de Corinto. Después quiero llevarla itinerante a la ciudad natal de mi papá que es Nagarote, y si se me diera la oportunidad, me encantaría llevar mis cuadros a Managua, pero la falta de recursos es la que ahoga el talento local porque no podemos ser visibilizados”, afirmó.

Si quiere conocer más sobre la obra de Otilio Martínez Montenegro puede visitar la página http://www.ottooetz.de/corinto/eventos o enviar correos a otiliomm@hotmail.com