Jorge Eduardo Arellano
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Teherán / El País
El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, reiteró el martes en Kuala Lumpur su convicción de que Estados Unidos no está en condiciones de atacar su país. Sin embargo, la milicia de los Pasdarán tiene preparada la réplica en caso de agresión.

“Tel Aviv y la flota norteamericana en el Golfo Pérsico serán los objetivos que arderán en llamas”, advirtió un representante del líder supremo ante ese ejército ideológico. Las declaraciones contradictorias de los dirigentes iraníes transmiten la sensación de un debate interno sobre cómo responder a Occidente en la cuestión nuclear. Esa indefinición queda expuesta en la carta con la que Irán respondió a la oferta que le hicieron los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania (G-6) para que deje de enriquecer uranio. La ambigüedad de la misiva que firma el ministro de Exteriores, Manuchehr Mottaki, indica tanto un deseo explícito de negociar como implícito de no hacer concesiones.

El viernes, en vísperas de la respuesta iraní al G-6, la advertencia de Alí Akbar Velayatí sobre que los “altos funcionarios deberían evitar los eslóganes ilógicos y provocativos”, se interpretó como una crítica al ultra Ahmadineyad. La proximidad del ex ministro al líder supremo, Alí Jamenei, de quien es consejero de política exterior, hizo pensar que parte de las elites gobernantes apoyan una política menos agresiva.

Incluso, destacados líderes religiosos han pedido que se actúe con tacto en el asunto nuclear, tal vez temerosos de que el país pueda verse envuelto en una nueva guerra. “Los responsables deben evitar provocar a los enemigos”, pedía el lunes el ayatolá Naser Makarem Shirazí en una reunión con consejeros presidenciales, a pesar de defender que “no se ceda ante a Occidente”.

El riesgo de que una provocación desencadene un enfrentamiento se incrementa cuando, como ha sucedido en los dos días pasados, coinciden en el Golfo Pérsico las maniobras militares de la V Flota estadounidense y las de las unidades aéreas y navales de los Pasdarán. Aunque ninguna de las partes vincula los ejercicios con la actual tensión, y cada una asegura que se trata de prácticas de rutina, no cabe duda de que se trata de señales de advertencia.