Jorge Eduardo Arellano
  • |
  • |
  • END

Desde hace unos años, las estanterías comerciales rebosan de alimentos 'light', bajos en calorías o ligeros. Son productos que contienen menos grasas y azúcares que su versión original, aunque siguen teniendo calorías. Algunas personas los consumen con la idea de que no engordan o incluso de que ayudan a adelgazar, y cometen el error de consumir más cantidad de la que habrían consumido del producto completo. El abuso de lo 'light' puede contribuir a engordar, el efecto contrario al deseado.


JOAN CARLES AMBROJO / El País
Algunas personas que desean adelgazar o mantener una figura esbelta se acaban obsesionando con las calorías que ingieren. No es extraño que muchas de ellas llenen la cesta de la compra con productos light (ligeros o aligerados, en inglés). Son alimentos que contienen menos grasas y azúcares que las versiones convencionales. Para considerarlos como tales deben tener, por ley, como mínimo el 30% menos de calorías que el alimento de referencia.

Una creencia popular es que los alimentos light no engordan o que incluso ayudan a adelgazar. Craso error. Depende de cómo se tomen. 'Los alimentos light son útiles porque tienen menos calorías que los originales; el problema es que muchas personas no saben hacer un uso correcto de ellos y los identifica como alimentos con cero calorías', dice Rosa María Ortega, profesora titular del departamento de Nutrición y Bromatología de la Universidad Complutense de Madrid.

'Muchas personas buscan dietas milagro para controlar el peso', añade Ortega, 'y piensan que lo conseguirán eliminando un producto como el pan, que no sólo no es el mayor culpable de engordar, sino que además sacia bastante'. Muchas personas se engañan, añade, cuando no saben interpretar el papel de los alimentos aligerados, siguen unas dietas desequilibradas y, además, no realizan ningún tipo de actividad física.

Este tipo de productos se comenzaron a introducir en España a partir de la década de 1980. Pero no fue hasta 1990 cuando el grupo de expertos de la Comisión Interministerial para la Ordenación Alimentaria publicó las primeras recomendaciones sobre las características que debía tener un alimento etiquetado como light.

Desde entonces, ha crecido considerablemente el número de productos que se comercializan con denominaciones light, aligerado, bajo en grasas o sin azúcar. Son alimentos que van desde la bollería a los lácteos y los refrescos. Para conseguir un alimento light se elimina total o parcialmente o se sustituye alguno de los componentes que aportan energía, sobre todo azúcares y grasas, aunque a veces también se reducen los carbohidratos o incluso algún tipo de proteína.


No todo lo que es light…
Sin embargo, según un estudio sobre 52 alimentos de tipo light que realizó la revista Consumer, más de la tercera parte de este tipo de productos que se venden en España no pueden ser considerados light, porque la reducción del aporte calórico respecto del alimento convencional equivalente no alcanza el 30% que establece la única recomendación en vigor al respecto para los alimentos light, y cuyo seguimiento no es obligatorio para los fabricantes.

Hay que tener en cuenta que esta modalidad de reducir la ingesta calórica también puede encarecer la cesta de la compra, ya que muchos productos light tienen precios superiores a los alimentos convencionales. Según Consumer, el 75% de los productos light pueden ser entre el 20% y el 50% más caros que los alimentos homólogos de referencia.

El mayor problema con este tipo de alimentos es la desinformación. El consumidor puede llegar a comer alimentos light sin ningún tipo de control. 'Piensa que adelgazan o que, por lo menos, no engordan y llega a tomar tres veces más cantidad de alimento light que del homólogo de referencia. En definitiva, ingiere muchas más calorías', dice Francisca Pérez Llamas, investigadora del departamento de Fisiología de la Universidad de Murcia.

Peligro de la pérdida del sabor
Reducir las grasas supone también una pérdida de sabor del alimento respecto al original, cosa que puede llevar 'a untar más cantidad de queso cremoso para notar el gusto', afirma.

'Cualquier alimento que contenga macronutrientes (proteínas, grasas o hidratos de carbono) o alcohol en su composición, es decir, que aporta energía, contribuirá a la ingesta calórica total de la dieta y si ésta supera las necesidades energéticas del individuo, le llevará a aumentar su peso corporal y fundamentalmente la grasa', dice Pérez Llamas.

El error del consumidor puede aumentar cuando se ingiere la versión aligerada de alimentos muy energéticos de por sí como mayonesas, margarinas, quesos cremosos, patés o papas fritas, 'porque a pesar de aportar el 30% menos de energía que su equivalente convencional, siguen siendo todavía muy energéticos', añade Pérez Llamas.

Los especialistas en nutrición recomiendan mejorar la educación dietética de la población para evitar errores de juicio. Y también leer a conciencia la composición de las etiquetas, 'para comprobar si se ajusta o no a nuestras necesidades', concluye Pérez Llamas.